"Háblame, oh Musa, y cuéntame del hábil varón que en su largo extravío, tras haber arrasado la
sagrada ciudadela de Ilión, conoció las ciudades y el ingenio de innumerables gentes".
Homero, Odisea, Canto I
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jueves, 1 de agosto de 2013
La Amistad en la Hora Azul
Existe un periodo de tiempo, posterior a la puesta del Sol, en el que todo queda envuelto en una mágica luz azul que lentamente se va volviendo más y más profunda hasta fundirse en el negro de la noche cerrada. Los fotógrafos la denominan "la Hora Azul".
No creo equivocarme si afirmo que todos tenemos alguna experiencia vital memorable ligada a esa "hora". Tal vez por ello resulte tan evocadora y fascinante.
A mi hijo David le encanta ese lugar concreto. Él lo llama "el restaurante de las hadas" y pocas cosas le gustan más que dejar volar la imaginación sobre la arena mientras el crepúsculo discurre dulcemente. Claro que, ¿a qué niño no?. Y esta vez se encontró allí con una niña de carita linda y lánguida con esas mismas inclinaciones.
No sé gran cosa del encuentro; me limité a observarlo de lejos, sin intervenir. Y a fotografiarlo, claro. Sé que era de otro país, de uno lejano. Oí una conversación de sus padres y era una lengua germánica. No soy un entendido pero me pareció escandinava tal vez. Y no creo que ella supiese castellano. Pero se entendían; los niños saben hacer éso. No necesitan hablar para comprender cuando sus mentes caminan en sintonía.
Deambularon por la playa, contemplaron el mar y el lejano faro. Fueron piratas arribando a una isla lejana. Fueron asombrados exploradores ante Venus resplandeciente. Incluso me pareció que bailaban por un momento.
Ella, tranquila, tal vez tímida, observaba a David moverse acelerado y teatral, contando en voz alta cada cosa que alcanza su imaginación como quien radiase una lluvia de estrellas en riguroso directo. Como la noche y el día, y sin embargo tan iguales.
Llegó con la puesta de Sol y marchó cuando la noche cerraba. Se despidieron junto a los focos de vivos colores que jalonaban la pasarela de madera. Sin tristeza. Supongo que porque ellos comprenden sin dificultad lo obvio: no hubo pérdida alguna por la que sentirla, sólo gozo y experiencia.
Qué sería de nosotros si la vida no nos regalase momentos como ése. Qué sería de mí si no lo tuviese a mi lado.
jueves, 24 de enero de 2013
El Golfo
Costa occidental de la isla de El Hierro, vista desde las alturas del Mirador de La Peña.
Yo viví ahí abajo, de prestado del volcán ...
El Golfo es un gran semicirculo de acantilados escarpados y altísimos (en algunos puntos se superan los 1000 metros de caída libre ... ) que rodea una estrecha franja de llanura junto al mar. En su centro se sitúa el municipio de Frontera, el segundo más importante de los tres de la isla, así como la mayor parte de las plantaciones de plataneras y frutas tropicales. Es una zona rica y fértil, de clima maravilloso en el que nunca es invierno.
Pero también es el producto de un colosal corrimiento de tierras que arrojó al mar un inmenso bocado de la isla (probablemente alrededor de un 20 a 25% de la misma). Toda su llanura costera es un gran amasijo de enormes rocas volcánicas negras y ceniza, todo fragmentado y triturado. En los balcones de su anfiteatro de acantilados todavía son habituales los pequeños (o, en ocasiones, no tanto) desprendimientos y corrimientos. Sin ir más lejos, yo vivía en una calle que se llamaba "Los cantos" y no lo era precisamente por ningún género lírico canario ...
Pasear por esos impresionantes senderos era como hacerlo por los restos de una ciudad destrozada por un atroz bombardeo. Es el recordatorio de la inmensidad de las fuerzas de la Tierra y lo poco que podemos hacer contra ellas. Y pese a todo, de la inconsciencia con la que edificamos nuestras vidas sobre las temibles fauces de la bestia; algún día, una nueva ola de erupciones, quizás algún terremoto de cierta magnitud, y otro gran cacho de isla se precipitará al mar produciendo un debastador tsunami que arrasará las costas de América o África. Solo es cuestión de tiempo, como para la isla de La Palma, no lejos, al norte.
Al fin y al cabo, no somos más que una mota de polvo pasajera sobre la faz de nuestro planeta.
sábado, 29 de diciembre de 2012
Varadero
Un pequeño retazo de Ithaké: varadero de Es Caló de San Agustí. Toda la luz, todo el color, de julio, del Mediterraneo.
Adoro esas sombras ...
miércoles, 29 de agosto de 2012
De la pequeñez intrínseca del hombre
Torre iluminada, Es Pilar de la Mola, Isla de Formentera.
No somos nada, ni en el espacio ni en el tiempo; nuestra dimensión, la de la humanidad, tiende a cero. Lo que convierte a nuestro pequeño rincón de Cosmos en un cálido regazo en el que todos viajamos juntos hacia lo desconocido.
Sólo por un instante, imagínense una mota de polvo subida a lomos de un pequeño guijarro flotando en un inmenso, casi infinito, espacio lleno de cientos de miles de millones de guijarros como ese. Traten de sentir la inercia del movimiento. Si lo consiguen, aunque sólo sea por un brevísimo instante, lo comprenderán. En él todas nuestras tribulaciones se disuelven en su propia insignificancia y sólo queda una cosa: el inmenso asombro por la magnificencia de lo que nos envuelve. Pensamiento Oceánico, Conciencia Cósmica; llámenlo como quieran. Tiene muchos nombres.
Crepúsculo sobre el mar de nubes, El Pinar, Isla de El Hierro.
Navegando hacia lo desconocido, Valverde, Isla de El Hierro. ¿Les suena la foto?
Lo que hagamos con nuestro tiempo le es completamente indiferente al Cosmos. Pero no lo debería ser para nosotros.
martes, 31 de julio de 2012
Segundas oportunidades
A veces uno no sabe del todo por qué hace las cosas.
Ésta foto es una de las versiones descartadas de un proyecto de hace un par de años que ya les mostré. Ni siquiera traté de hacerle el revelado digital. Y el caso es que no sé por qué la descarté completamente porque me gusta incluso más (al menos hoy) que la que finalmente elegí. En fin; que no sé en qué estaba yo pensando cuando hice la selección.
No obstante aquí está, viviendo su segunda oportunidad.
viernes, 13 de julio de 2012
Puesta de Sol en Ithaké
Ya volví de la Isla.
Ha sido una de las incursiones en lo mágico mas potentes de toda mi vida y ahora tengo una sensación extraña en el alma. No sabría describirla, de modo que no lo intentaré.
Me limiteré a dejarles aquí la foto; es bastante mas elocuente que yo.
Me ha dado por pensar que sería como una metáfora de mi despedida de la Isla. Pero resulta que no, que no es eso lo que me surge al corazón cuando la contemplo. No hay melancolía. Hay ... ¿qué se yo?. Lean esta entrada de Jordi Busqué; van por ahí los tiros.
martes, 13 de diciembre de 2011
La belleza del Mundo
Que el mundo es hermoso es algo que está fuera de duda. Y sin embargo, a menudo resulta muy difícil no quedarse sin palabras ante lo que pone frente a nuestros ojos (o lo que trata de ocultarles, a veces). Es increíble que nunca deje de sorprendernos.
Crédito de la imagen: NASA / MODIS Team.
Esta imagen de satélite corresponde a la erupción submarina de El Hierro. No es nueva, pues fue tomada el pasado 23 de Octubre, pero la he descubierto hoy repasando el servicio de monitorización de la erupción que se ofrece con la colaboración de la NASA. Lo sigo a menudo porque me unen fuertes lazos sentimentales y vivenciales con esta maravillosa isla del archipiélago de las Canarias. Y hay en mí una mezcla de preocupación y maravilla ante lo que allí está sucediendo. A menudo siento que me gustaría volver a estar allí para asistir, para ser parte integrante (por qué no decirlo) de algo tan increíble y excitante.
Trataría de describir lo que se ve en ella (que aporta una rica y variada cantidad de datos científicos) pero paso: la comparto por una simple cuestión de gozo estético. Y como una pequeña forma de homenaje a la que fue mi casa durante una pequeña parte de mi vida y que llevaré siempre en el corazón.
P.D.: A todo esto, hoy mismo Canadá anuncia que abandona el Protocolo de Kyoto. No nos merecemos tanta belleza ...
viernes, 2 de diciembre de 2011
Oceanika II
He descubierto una cosa curiosa sobre mis propias fotografías de tema "subacuático"; me resultan tremendamente oníricas. Y les prometo que no es un efecto buscado. Me salen así por decisión de ellas mismas y/o de la cámara (lo que constituiría conspiración, ya que las he realizado hasta la fecha con hasta tres cámaras diferentes).
Claro que, siendo yo Oddiseis, varón cuyo destino ató al mar, éste medio había de tener un significado arcano y crucial. Algo así como el de dónde vengo y a dónde voy. Por lo que de alguna manera son fotografías muy introspectivas.
No es que me haya esmerado mucho para tomarlas (me salieron mejor las de la primera serie). De hecho las muestro no por su calidad (de la que carecen) sino por su carga expresiva. La de arriba está hecha con una de esas desechables sumergibles de película que venden en cualquier puesto de souvenirs de la costa. La de abajo con una digital compacta de las baratitas mas una funda estanca flexible (cutre, muy cutre) comprada en Mediamark por 20 eurejos. Vamos, que Cousteau lloraba por las noches soñando con un equipo así ...
En fin, lo que mas me gusta de estas fotos es que floto. Quiero decir que están tomadas desde el punto de vista de un objeto inanimado que flotase cerca de la superficie y que se moviese con las olas. Tienen una gran gradación de planos y un enfoque un tanto "casual" (ejem, mejor dicho, a voleo ... ). Y también está el efecto "atmósfera" de esa luz desvaída y la dominante azul/verdosa. A mí me resultan relajantes.
Pues eso; un mundo por descubrir.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Un lugar en el Mundo
Éste es exactamente mi lugar en el mundo, el punto concreto y preciso en el que Odysseis edificaría su palacio para, junto a Penélope y Telémakos, gobernar su Ithaké el día que finalmente arriben. Un lugar descubierto con paciencia y amor, al que ninguna carretera lisa y cómoda da acceso. Un lugar poco conocido y transitado de la Isla, al que no llegan los italianos en motocicleta, ni se ven turistas con plano y cámara. Un lugar en silencio regido por el Sol, el Viento y las gaviotas. Y sin embargo ¡qué lugar!.
Hasta Penélope, a la que no le gusta nada saltar entre pedruscos secos y traicioneros, ni entre cardos ni arbustos punzantes (lo que se entiende bien cuando se sabe que gusta de vestir sandalias y hermosos vestidos de colores), tuvo que admitir caminar hasta allí ante nuestra insistencia, de Telémakos y mía, entusiasmados de nuestro hallazgo. Y también ella lo hizo suyo, a su modo, como nosotros lo habíamos hecho antes al nuestro.
Llegué allí con mi niño en hombros y se lo dí como quien regala el mundo, y aun hoy, casi cada día pregunta por él y me pide con esa inocencia infantil que le lleve paseando hasta allí. No comprende que seguimos navegando hacia Ithaké, que es apenas un sueño lo que nos deja el destino entreverla una vez al año.
Cada hombre ha de tener un lugar hacia el que navegar, un espacio del que sentirse parte, una geografía exterior en la que saber reconocer su geografía interior. Un lugar en el Mundo.
sábado, 13 de agosto de 2011
La noche en Es Caló des Morts
Este verano me decidí a iniciar una serie de pruebas en torno a nuevas técnicas. Quería experimentar con los "time-lapse", trazas de estrellas y mosaicos, temas que, por un motivo u otro, nunca había tomado. Pero no siempre querer es poder. A veces hay que pedir permiso y no siempre se te concede.
Admito que no soy de esas personas con el pundonor a prueba de bomba. No seré yo quien pierda algún dedo del pie congelado por apurar esa última toma extraordinaria sobre una peña imposible a 2000 metros de altitud; me gusta la aventura pero soy de los que cuando se le enciende la reserva recoge los trastos y lo deja para otro día ... no sin antes ofender al silencio de la noche desahogándome verbalmente.
Pero lo cierto es que, heroicidades al margen, cuando los duendes no quieren los astrónomos/fotógrafos no pueden. Cuesta creerlo hasta que lo vives pero hoy por hoy puedo certificarlo; todo equipo tecnológico de observación y/o captura celeste es por definición un "Gran Atractor de Nubes". Puntualizo; adquiere esa cualidad justo en el momento en el que está totalmente instalado y nunca antes, así como que la amplitud y espesor de la capa nubosa es directamente proporcional a la complejidad y tiempo requerido de instalación del mismo.
La cuestión es que, al final, la apretada agenda "astrofotográfica" de 8/9 días empezó a menguar y condensarse hasta alcanzar la densidad crítica a partir de la cual se impone la dolorosa decisión de prescindir de parte de ella. Allí quedarón los time-lapse primero y las trazas de estrellas después. Lo que debían ser pruebas de localizaciones para mosaicos terminaron siendo EL mosaico. Un excitante y precioso proyecto, que no desvelaré, deberá esperar un año (al menos) mas ...
Poco pude salvar. No hubo suerte. Tal vez sea un guiño del destino para que me esfuerce mas, para que persevere mas ceñudamente.
Les dejo ese mosaico v1.0, con toda la imperfección y precariedad de lo que no tenía mas pretensión que ser un mero preparatorio. No obstante les diré que trata de retratar uno de los lugares mágicos de mi isla y que me he prometido a mí mismo no cejar hasta lograr mostrar toda la extraordinaria belleza y embrujo que irradia.
Algún día ...
miércoles, 10 de agosto de 2011
Añoranza del Mar ...
Cuatro semanas desde que dejé de nuevo Ithaké ... y ya añoro el Mar y el Viento.
Me pregunto que pensarán las sargantanas mientras contemplan el gran azul sobre la roca blanca del acantilado bajo el sol del atardecer, mientras dejan pasar las horas; si se acordarán de cuando mi pequeño y yo las incordiábamos recogiendo pequeñas piedrecitas del terreno para arrojarlas al vacío.
El turista no suele comprender el lugar que visita porque la tierra hay que escucharla, un arte que perdemos a marchas forzadas en este mundo de hoy; ya apenas sabemos escucharnos unos a otros. Hay que sentarse a sentirla, dejar que el tiempo pase, pero no para que se cumplan las etapas de ese tiempo que llamamos vacaciones, si no para esperar que se nos filtre a su ritmo, que nos empape, que nos cale. El premio (y el precio) es que tu alma nunca mas pueda alejarse.
Y la añoranza surge de ahí, de la distancia entre nuestro cuerpo y nuestra alma.
Esa isla pequeña y frágil pero brava, cada día mas tomada por bárbaros con bufandas de Armani. Esa roca mágica llena de leyendas y huellas de tan antiguo. Ese lugar del mar, de la luz y el viento ... ¡Qué largo se hace el tiempo esperando el retorno!
lunes, 6 de junio de 2011
Oceanika
Retorno breve, casi fugazmente, de mi retiro espiritual para compartir con ustedes esta especie de experimento. En gran medida son fotos muy introspectivas ... de acuario, eso sí; no piensen que me he lanzado a la fotografía submarina (ya quisiera yo).
Traten de sintonizar mentalmente. ¿Sienten como ondula el universo?
Otro día, mas.

P.D.: Verán que también he creado una nueva "firma". No estoy seguro de si quedarme con ese diseño o seguir buscando. ¿Ustedes qué opinan?
miércoles, 30 de marzo de 2011
Estoy muy ocupado ...

Hace casi un mes de mi última entrada. Pero es que no he podido dedicarle mas tiempo. Estoy embarcado en profundos proyectos; uno que ya contaré si consigo sacarlo adelante (y que me consume grandes cantidades de tiempo entre libros y ordenadores); otro que es recuperar el mundo y encontrar sus rincones sagrados; y el tercero, el mayor, ser padre de David.
De un tiempo a esta parte estoy empezando, en cierto modo, a dejar languidecer este blog. No es una decisión consciente, deliberada, sino un cúmulo de situaciones y convergencias que se están dando en torno a mí.

Diversas conmociones y vivencias, un mundo entre la crisis y la catarsis, la cercanía de una de esas bisagras de la vida, ... Es uno de esos momentos en los que surgen los grandes cambios y que sean grandes revoluciones o grandes desastres es apenas cuestión de pequeños detalles. Yo he decidido afrontarlo como la gestación de algo importante. Y por eso trato de concentrarme en lo realmente importante; sentir la magia eterna del mundo y mostrársela a David, el mayor regalo que nunca he recibido.
De un tiempo a esta parte cada vez ocupa una parcela mas grande de mis días y aun mas desearía que fuese, porque a veces me entran ganas de lanzarme a la aventura, montarnos en el coche he irnos a recorrer y disfrutar el mundo. Y eso, que muchos calificarían de ocio, es una ocupación: la ocupación mas importante del mundo.
P.D.: Ya sé que no estoy muy inspirado en el texto pero es que, ustedes me perdonarán, tengo la cabeza en otras partes ...
domingo, 31 de octubre de 2010
Las manos del artista

A veces, por una rara conjunción de factores, ciertas personas nacen con un don especial. Y a veces ese don se alberga en las manos. Y en la mente, claro, porque si no las manos por sí solas serían impotentes. Esas personas son artistas.
Es increíble, casi mágico, contemplar como lo que es solo una construcción de la mente toma cuerpo, volumen, y salta del mundo de las ideas al de la realidad palpable con los simples y suaves movimientos de unas manos que casi parece que, mas que construir, acariciasen el espacio y fuese la propia forma la que tomase cuerpo bajo sus palmas.

Yo tengo la inmensa suerte de que uno de ellos es mi propio padre. Y de que, aunque sea con cuentagotas, sus manos diesen forma entre otras muchas cosas a uno de mis iconos. Porque él es un constructor de barcos.
Fabrica en maderar cada pieza, perfectamente a escala, y las ensambla siguiendo planos que solo están en su mente; una vez talló sobre un tronco el famoso "Mayflower", con el que colonos puritanos cruzaron el atlántico hasta las entonces novedosas tierras de América en 1620. Y era tal la riqueza, exquisitez y realismo de los detalles que parecía imposible.


Y en otra ocasión construyó ante mis ojos fascinados de adolescente esta fragata española de la década de 1710, que permanece inacabada porque, como todos los artistas, su impulso creador es intenso pero breve y caprichoso y no pocas veces le lleva a abandonar durante años, incluso para siempre, obras casi finalizadas.
A mí, francamente, me parece increíble que alguien pueda hacer estas pequeñas maravillas, yo que soy casi un completo negado para las artes manuales. Solo espero que algún día finalmente lo pueda ver en todo su esplendor, con toda su arboladura y su potente presencia. Y que así pueda enseñárselo a mi hijo y contarle como son y como hacen magia las manos de un artista.

viernes, 27 de agosto de 2010
Recuerdos del Cantábrico

Hace ya muchos años o un suspiro, cada cual que escoja su propia medida del tiempo, llegué hasta las costas del Gran Mar. Llegué con la mochila escasa de ropa (como siempre) y los ojos hambrientos de luz y de imágenes, compartiendo los pasos con mis amigos.
Compartimos un cocido montañés que aun hoy recuerdo asombrado, una carrera cuesta abajo y sin frenos en los lagos de Enol, un largo paseo en canoa por el Sella, la vieja y raída habitación de un albergue de Ribadesella que nos pareció un palacio, las cúpulas de una gran tormenta alzándose en la mañana sobre un mar en absoluta calma, una playa mutante bajo el abrazo de la inmensa marea, los negros cangrejos junto a la batiente, el color verde, los bosques brumosos, una carretera abandonada en la noche del páramo camino de Miranda de Ebro ... Pero sobre todo el azul infinito extendiéndose frente a nosotros en una brumosa mañana sobre los acantilados de la Costa de la Muerte.

Como Roy Batty, el Nexus-6 de Blade Runner (tú, Deckard, también estabas allí y recuerdas como yo cada brizna de hierba), " ... he visto cosas que vosotros nunca creeríais ..." Mis ojos se llenaron de todas esas imágenes que aun hoy permanecen frescas en el recuerdo y conforman una parte esencial del mosaico de mi vida. Aquel mar me impactó al enseñarme el sentido de lo inconcebible. Cambió mi alma con su bramido profundo y quedo.

Son apenas un par de royos de película, uno en color y otro en blanco y negro, todo lo que yo podía comprar con mi exiguos ingresos. Cada foto de ellos lleva mi alma cargada porque no había posibilidad de un segundo intento y tenía que capturar todo aquel asombro en apenas 48 instantáneas. Son pura intuición, puro dejarse llevar, sin técnica, sin conocimientos, sin experiencia, sin medios. Todo lo demás lo hizo mi vieja querida Pentax K1000 con su objetivo estándar de 50 mm a f:2, una cámara que compré de saldo y que me ha enseñado casi todo lo que sé (que no es mucho) de fotografía.
jueves, 8 de julio de 2010
El "Thalassa"
Hace once años, en el puerto de Vinaroz nació un amor imposible. Amarrado en el muelle, pintado de blanco, se alzaba majestuoso el pailebote/goleta Thöpaga.
Soy un amante entregado de los veleros (lo que no deja de ser un mal vicio, ya que no puedo permitirme ni el más humilde de ellos), tal vez en parte por influjo de mi padre al que le apasiona el maquetismo naval. Creo que son algunas de las mas elegantes creaciones del ingenio humano y uno de los mas universales iconos de la libertad.
Pero no se equivoquen; soy consciente de que el romanticismo y la estética están (o estaban) muy alejados de la cotidiana realidad de los marineros. Y aun así sigo pensando lo mismo, tal vez porque creo que la libertad o la belleza no son estados si no caminos o esfuerzos, actitudes en las que el sufrimiento también está presente y juega un papel importante. Una vez leí en una pintada sobre un muro: "la libertad no se concede, se conquista". Suscribo las palabras del sabio anónimo (aunque creo que es la cita de un revolucionario).

El velero es una forma de respeto hacia el mar. No se impone a él, no lo doblega por la fuerza bruta de un motor. Se deja arrastrar por el viento, lo cabalga con ingenio extremo (¿cómo calificar si no el milagro de avanzar navegando contra el viento, ciñendo?). Aprovecha el delicado equilibrio de las fuerzas y la sabiduría vieja de la naturaleza. Es un maravilloso ejemplo de hasta dónde puede alcanzar el ser humano cuando acepta a la naturaleza en lugar de tratar de doblegarla.
Desde aquel día nos hemos encontrado en muchas otras ocasiones, en Denia, en Ibiza, frente a las costas de Ithaké ... De algún modo el Thöpaga y yo tenemos una especie de conexión mística porque si no me es imposible entender que el único barco que me ha calado el alma sea precisamente el único al que he visto en cada uno de los rincones de mi geografía vital.
Pero es curioso, porque sé que su verdadero nombre no es ese con el que yo le conocí. Y no me refiero a que tuviese muchos otros nombres antes de ese, que los tuvo. Me refiero a que el nombre que tiene en mi alma, el nombre que le habría dado cuando (Dios sabe cómo) hubiera sido mio, ese nombre es "Thalassa"; el mar.
El mismo mar que hace dos años, el 8 de julio de 2008, lo reclamó para sí frente a las costas de Bretaña. El mismo que un día me llevará a mí también y nos reunirá al fin, bajo las estrellas en las cálidas aguas frente a Ithaké ...
Soy un amante entregado de los veleros (lo que no deja de ser un mal vicio, ya que no puedo permitirme ni el más humilde de ellos), tal vez en parte por influjo de mi padre al que le apasiona el maquetismo naval. Creo que son algunas de las mas elegantes creaciones del ingenio humano y uno de los mas universales iconos de la libertad.
Pero no se equivoquen; soy consciente de que el romanticismo y la estética están (o estaban) muy alejados de la cotidiana realidad de los marineros. Y aun así sigo pensando lo mismo, tal vez porque creo que la libertad o la belleza no son estados si no caminos o esfuerzos, actitudes en las que el sufrimiento también está presente y juega un papel importante. Una vez leí en una pintada sobre un muro: "la libertad no se concede, se conquista". Suscribo las palabras del sabio anónimo (aunque creo que es la cita de un revolucionario).

El velero es una forma de respeto hacia el mar. No se impone a él, no lo doblega por la fuerza bruta de un motor. Se deja arrastrar por el viento, lo cabalga con ingenio extremo (¿cómo calificar si no el milagro de avanzar navegando contra el viento, ciñendo?). Aprovecha el delicado equilibrio de las fuerzas y la sabiduría vieja de la naturaleza. Es un maravilloso ejemplo de hasta dónde puede alcanzar el ser humano cuando acepta a la naturaleza en lugar de tratar de doblegarla.
Desde aquel día nos hemos encontrado en muchas otras ocasiones, en Denia, en Ibiza, frente a las costas de Ithaké ... De algún modo el Thöpaga y yo tenemos una especie de conexión mística porque si no me es imposible entender que el único barco que me ha calado el alma sea precisamente el único al que he visto en cada uno de los rincones de mi geografía vital.
Pero es curioso, porque sé que su verdadero nombre no es ese con el que yo le conocí. Y no me refiero a que tuviese muchos otros nombres antes de ese, que los tuvo. Me refiero a que el nombre que tiene en mi alma, el nombre que le habría dado cuando (Dios sabe cómo) hubiera sido mio, ese nombre es "Thalassa"; el mar.
El mismo mar que hace dos años, el 8 de julio de 2008, lo reclamó para sí frente a las costas de Bretaña. El mismo que un día me llevará a mí también y nos reunirá al fin, bajo las estrellas en las cálidas aguas frente a Ithaké ...
viernes, 18 de junio de 2010
El Cabanyal y la playa de La Malvarrosa
Es uno de los barrios con más sabor e historia de la ciudad de Valencia. Escenario del esfuerzo de tantos pescadores y marineros, del drama de los soldados heridos y enfermos repatriados de las guerras de Cuba o de Marruecos, del arte de Sorolla, de mi infancia ...
La Malvarrosa, El Cabanyal, es el alma de esta ciudad.
Los especuladores quieren llevarse por delante un buen bocado de ese alma, prolongando una gran avenida para que desemboque en el paseo marítimo, atravesando el barrio por su centro. No son solo las casas que derriben (entre ellas algunos edificios de interés histórico, como un antiguo hospital para repatriados de la guerra de Cuba que tuve la oportunidad de visitar junto a unos compañeros hace muchos años mientras investigábamos la historia de la Cruz Roja en Valencia), es también el espíritu del barrio el que está en peligro. Cuando esté concluida la prolongación será una fachada marítima más, como tantas otras de tantas otras ciudades, comercial, turística, aséptica.

De niño aun pude ver las últimas barcas de pesca varadas en la arena, las ultimas redes puestas a secar, los últimos recolectores de tellinas rastrillando los someros fondos de arena. Algún día les contaré de ellos, porque hay mucho que contar. Recuerdo el camino entre las huertas para llegar, los almuerzos bajo la sombrilla, las aguas turbias pero limpias, los paseos por la orilla casi hasta la playa de Alboraya, varios kilómetros al norte. De aquello no queda nada.

Se han ido los últimos pescadores y hace mucho que las arenas no esconden ningún tesoro vivo, ni tellinas ni almejas ni cangrejos ... ni nada. La huerta languidece, el cemento prolifera. Las aguas siguen turbias pero ya no parecen limpias y la antaño dorada arena es ahora un escaqueado de toallas multicolores apretadamente montadas unas sobre otras. Pero Valencia tiene puerto deportivo, tiene Copa América, tiene circuito urbano de Formula 1. Y a solo unos centenares de metros de donde yo jugaba con las conchas; no cabe duda de que la ciudad ha progresado en los últimos treinta años ...

Aun quedan momentos en los que la playa recupera algo de su antiguo carácter. En el invierno la gente pierde interés por la playa y ésta puede recuperar brevemente y en parte su reino. Cuando la prolongación culmine quizás ni entonces la dejarán en paz. Cuando acaben con el Cabanyal y termine de morir la Malvarrosa, ¿tal vez haya llegado el momento de izar velas y partir?
La Malvarrosa, El Cabanyal, es el alma de esta ciudad.
Los especuladores quieren llevarse por delante un buen bocado de ese alma, prolongando una gran avenida para que desemboque en el paseo marítimo, atravesando el barrio por su centro. No son solo las casas que derriben (entre ellas algunos edificios de interés histórico, como un antiguo hospital para repatriados de la guerra de Cuba que tuve la oportunidad de visitar junto a unos compañeros hace muchos años mientras investigábamos la historia de la Cruz Roja en Valencia), es también el espíritu del barrio el que está en peligro. Cuando esté concluida la prolongación será una fachada marítima más, como tantas otras de tantas otras ciudades, comercial, turística, aséptica.
De niño aun pude ver las últimas barcas de pesca varadas en la arena, las ultimas redes puestas a secar, los últimos recolectores de tellinas rastrillando los someros fondos de arena. Algún día les contaré de ellos, porque hay mucho que contar. Recuerdo el camino entre las huertas para llegar, los almuerzos bajo la sombrilla, las aguas turbias pero limpias, los paseos por la orilla casi hasta la playa de Alboraya, varios kilómetros al norte. De aquello no queda nada.
Se han ido los últimos pescadores y hace mucho que las arenas no esconden ningún tesoro vivo, ni tellinas ni almejas ni cangrejos ... ni nada. La huerta languidece, el cemento prolifera. Las aguas siguen turbias pero ya no parecen limpias y la antaño dorada arena es ahora un escaqueado de toallas multicolores apretadamente montadas unas sobre otras. Pero Valencia tiene puerto deportivo, tiene Copa América, tiene circuito urbano de Formula 1. Y a solo unos centenares de metros de donde yo jugaba con las conchas; no cabe duda de que la ciudad ha progresado en los últimos treinta años ...
Aun quedan momentos en los que la playa recupera algo de su antiguo carácter. En el invierno la gente pierde interés por la playa y ésta puede recuperar brevemente y en parte su reino. Cuando la prolongación culmine quizás ni entonces la dejarán en paz. Cuando acaben con el Cabanyal y termine de morir la Malvarrosa, ¿tal vez haya llegado el momento de izar velas y partir?
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