"Háblame, oh Musa, y cuéntame del hábil varón que en su largo extravío, tras haber arrasado la

sagrada ciudadela de Ilión, conoció las ciudades y el ingenio de innumerables gentes".

Homero
, Odisea, Canto I



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miércoles, 24 de agosto de 2011

El trigal después de la tormenta


Los días ardientes de agosto todo lo aplastan bajo el calor sofocante. Todo es ocre y marrón y el cielo parece deslustrado por un velo blanquecino incluso aunque esté despejado. Pero aun queda el recuerdo de la primavera .

El día amaneció tormentoso y plomizo. Pero entonces, en mitad de la nada gris, el cielo se rasga, surge un Sol aun muy bajo y todo estalla de colores rabiosos. El trigal es una alucinación, un viaje pancromático y metafísico ...





Hoy estoy un poco hippie ...


miércoles, 30 de marzo de 2011

Estoy muy ocupado ...



Hace casi un mes de mi última entrada. Pero es que no he podido dedicarle mas tiempo. Estoy embarcado en profundos proyectos; uno que ya contaré si consigo sacarlo adelante (y que me consume grandes cantidades de tiempo entre libros y ordenadores); otro que es recuperar el mundo y encontrar sus rincones sagrados; y el tercero, el mayor, ser padre de David.

De un tiempo a esta parte estoy empezando, en cierto modo, a dejar languidecer este blog. No es una decisión consciente, deliberada, sino un cúmulo de situaciones y convergencias que se están dando en torno a mí.


Diversas conmociones y vivencias, un mundo entre la crisis y la catarsis, la cercanía de una de esas bisagras de la vida, ... Es uno de esos momentos en los que surgen los grandes cambios y que sean grandes revoluciones o grandes desastres es apenas cuestión de pequeños detalles. Yo he decidido afrontarlo como la gestación de algo importante. Y por eso trato de concentrarme en lo realmente importante; sentir la magia eterna del mundo y mostrársela a David, el mayor regalo que nunca he recibido.

De un tiempo a esta parte cada vez ocupa una parcela mas grande de mis días y aun mas desearía que fuese, porque a veces me entran ganas de lanzarme a la aventura, montarnos en el coche he irnos a recorrer y disfrutar el mundo. Y eso, que muchos calificarían de ocio, es una ocupación: la ocupación mas importante del mundo.


P.D.: Ya sé que no estoy muy inspirado en el texto pero es que, ustedes me perdonarán, tengo la cabeza en otras partes ...

miércoles, 9 de febrero de 2011

A través del Universo



Las palabras fluyen como lluvia dentro de una taza de papel, se deslizan al pasar, se desvanecen a través del universo.
Charcos de tristeza, olas de felicidad, pasan por mi mente dominándome y acariciándome.
Imágenes de luz vacilante que bailan frente a mí como un millón de ojos, me llaman y me llaman a través del universo.
Pensamientos serpenteantes como un viento inquieto dentro de un buzón, se tambalean ciegamente mientras recorren su camino a través del universo.

Sonidos de risas,
sombras de la tierra,
vienen a mi mente incitándome e invitándome. Infinito e inmortal amor que brilla a mi alrededor como un millón de soles que me llaman y me llaman a través del universo

John Lennon, "Across the Universe", No One's Gonna Change Our World (1969)


Por muy importantes que nos parezcan nuestras luchas, nuestras aspiraciones o nuestros desvelos, no son nada frente a la inmensidad del Cosmos. Todos los sufrimientos y las alegrías, incluso las mas extremas que podamos encontrar a lo largo y ancho de nuestro mundo, son apenas la imperceptible rugosidad que no acierta a desmentir la absoluta tersura de la superficie de esa inmensa pompa de jabón que es el universo, con su orden, su belleza y su sentido absolutos.

Mas allá de todas mis preocupaciones, el planeta gira suavemente y sin pausa y las estrellas viven existencias colosales y espléndidas. Incluso la vida misma, esa minúscula y exótica química que chisporrotea en algunos rincones de la inmensidad, es fundamentalmente ajena a nuestra presencia; somos solo un accidente, un requiebro para la selección natural. Aunque podamos devastar el planeta y extinguir miles o millones de especies, la vida en la Tierra nos terminará sorteando, porque es demasiado extensa, demasiado tenaz, para tan simples criaturas.

Y, extrañamente, ese pensamiento me da paz. Pensar que por muy angustiado que me halle la dimensión real de mis pasiones es insignificante en el orden del Cosmos, es un pensamiento liberador. Me acerca a la visión de que todo es mera apariencia, ficción o diversión, que aparta nuestra vista del sentido de lo absoluto. Como si todo engranase suavemente en una gran rueda que le diese sentido; crear y perpetuar el orden, la información. Un sentido inscrito en las leyes de la física. Es mi propia versión del Nirvana, aunque con un componente de racionalismo y vitalismo que me temo que no comparten los budistas.

La bahía bajo las estrellas estaba ahí mucho antes de que llegasen los hombres y seguirá allí mucho después de que se vayan definitivamente. Y el océano celeste, y la Luna. Y su inmensa belleza, indiferente a mis torpes intentos de aprehenderla, a que mi cámara no pudiese captarla con una sola instantánea real, a que tuviese que disparar dos veces, con dos días de margen y luego fusionarlas, a mis malabarismos con el rango dinámico, a mi torturada conciencia por no hacer una buena fotografía sino un ejercicio de ilusionismo digital.

Porque pese a todo, pese a que esta fotografía no es real, la escena sí lo es. Mis ojos la contemplaron, estaba allí, frente a mí. Y me olvidé de todo lo demás.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Como lágrimas en la lluvia ...


Hace mucho, cuando los hombres éramos mas sabios y mas pacientes, aprendimos a capturar una mota de la magia de las flores. Las cultivamos en huertos cuidados, las cosechamos con delicadeza, las maceramos, las cocimos, las destilamos una y otra vez, y al fin, clara y nítida, mágica y asombrosa, la esencia de las flores nos era dada en minúsculas gotas. Su perfume, su alma.

Valorar nuestras vidas es un ejercicio de la mayor dificultad. Para lo bueno y para lo malo somos nuestro peor testigo, el más condescendiente y el mas cruel. Siempre tratamos de ver nuestro reflejo en los demás para poder intuir nuestra propia dimensión, porque a fuerza de vivir dentro de nuestra piel, de vernos cada día en cada momento, perdemos la noción de nuestras virtudes y de nuestros defectos. Al final somos buenos o somos malos según los sentimientos y las opiniones que despertamos en los demás.

Por eso mismo, medimos nuestras vidas en el impacto que deja en el mundo. La fama, el recuerdo, lo creado, lo construido, lo destruido, lo conquistado, lo descubierto, lo inventado, un nombre en la historia, una estatua en una plaza, una tumba que sobreviva a las eras. ¿Nuestra vida se mide con las veces que las generaciones venideras pronunciarán nuestro nombre o contemplarán nuestra obra?.

La vida está llena de grandes momentos y de minúsculos momentos. ¿Cómo medirla?¿Cómo ser honesto y objetivo con uno mismo, cuando de lo que se trata es de juzgar si después de todo nuestra existencia tuvo un sentido?

Es asombroso; tomas la vista atrás. Cosechas lo vivido, lo visto, lo perdido, lo amado, lo detestado. Mezclas todo bien prieto y lo machacas. Luego lo prensas, lo trituras y lo dejas fermentar. Después cueces, tamizas, escurres y, finalmente, lo destilas, hasta que todo lo intrascendente se separe y se pierda por el desagüe. Hasta que solo queden los momentos únicos, las sensaciones puras. El éxtasis, las revelaciones, el dolor prístino, el amor primero.

Lo que queda es la parte de la vida por la que merece ser vivida. Y cuanto mayor sea su número, mas sentido y mas valor tuvo esa vida. Aunque todos y cada uno de esos momentos terminen desapareciendo con la mente que los albergó.

Insisto; es asombroso. La cantidad de momentos únicos que vivimos sin ser conscientes de ellos, valorando nuestras vidas según el éxito o el fracaso de nuestras pequeñas e intrascendentes guerras mientras obviamos o menospreciamos lo verdaderamente esencial.

En los momentos mágicos parece que el tiempo se detuviese. Y realmente lo hace, o al menos corre mas lento, porque eso que nos está ocurriendo es la vida. El resto del tiempo es solo decorado.


P.D.: Para Jordi, por inspirarme la comedura de coco, y para Carlos, que piensa que estoy muy rayado pero que se fue a la Patagonia y paró el coche en medio de la noche y de la nada, y miró las estrellas y se asombró ...

jueves, 12 de agosto de 2010

El erizo, el astrónomo, los caracoles y las espirales.

Ya lo referí en otra ocasión; la concha de un caracol es un asunto de lo mas delicado ...

El erizo me hizo notar que aunque bajo el Sol hacía mucho calor la brisa era fresca y agradable. Eso es importante si eres un astrónomo escribiendo fórmulas en un papel. Así que me invitó a compartir la sombra de una higuera. Luego continuó con su disertación.

"Toma un número -dijo el erizo-, súmale uno y divídelo por sí mismo. Si el resultado es el mismo número que tomaste, entonces te hayas en presencia del Número Sagrado".
"¿Y por qué es sagrado?" -pregunté incauto-.
"¿Me tomas por estúpido? Pregúntale a los caracoles. Yo estoy demasiado ocupado con mis teoremas" -y dio por concluida la conversación.


Me fui de allí sentado en una silla de anea azul, deambulando ociosamente tras unas abubillas que me miraban con creciente indignación. Son criaturas muy estiradas y pomposas las abubillas.

Cambié de tercio (y de silla) para no seguir incomodándoles pero el mediodía andaba en pleno apogeo y no llegué muy lejos. De la higuera pasé a una sabina a la que unas alegres lagartijas me habían invitado. Y no puedo negar que fuera una visita interesante y productiva; ¿sabían ustedes que las lagartijas trepan a los árboles y saltan de rama en rama como las ardillas? Pero me estoy desviando del tema ...

Entonces, si tomamos un número "a" y lo multiplicamos por el número "sagrado" del erizo, y luego al número así obtenido, "b", le sumamos el primero, el resultado de esa suma (o sea, "a+b") guardará la misma proporción respecto a "b" que "b" guardaba respecto a "a". Fantástico ... pero, ¿por qué?. Tal vez por eso dice el erizo que es sagrado ...


Debí de poner una cara tan estúpida al tener esa revelación que un coro de conejos se partió de risa a mi costa. Pensé, indignado al notarlo, que no tenían razón alguna para el cachondeo esa panda de lagomorfos que no sabían hacer la "o" con un canuto y perdían sistemáticamente al ajedrez con el autillo todas las puñeteras noches. Comprensiva, una lagartija me sacó la lengua y me dio unas palmadas en la espalda. "Ya lo entenderás, ya", dijo.

La lagartija me dio la dirección del lirón careto, un tipo de lo más profesional (¡pese a ser matemático!) y mucho más simpático que el erizo. Sus únicos defectos eran sus costumbres noctámbulas y sus modales en la mesa. Pero a esas alturas no estaba para exquisiteces. Para mi sorpresa aquél redundó en lo dicho por el erizo, que preguntase a los caracoles, y se brindó a acompañarme. Porque no es tarea fácil.


"Nada impide -dijo el lirón mientras caminábamos- que tanto "a" como "b" puedan ser segmentos o incluso figuras geométricas de dimensión definida, sea su radio, su perímetro, su área, su volumen, ..."
"¿Se puede, pues, generalizar a n-dimensiones, por ejemplo a hipervolúmenes de 4 o más dimensiones?" -pregunté.
"Claro, por supuesto" -respondió.
"¿Incluso a un espacio de Minkovsky, al "espacio-tiempo" relativista, tomando también el tiempo como dimensión en la que se produce la progresión?" -insistí.
"Bueno, si te place ... Pero ¿no preferirías sobre una cinta de Möbius? El resultado es de colores ...".

Entonces llegamos a los caracoles, que estaban enterrados en tierra y ellos me contaron que si cogía el extremo de su caparazón con la mano y me dejaba deslizar hacia dentro cada media curva el radio se reduciría en la justa proporción del número "sagrado", de tal modo que al completar los 360 grado, en lugar de volver al punto inicial me encontraría mas cerca del centro en la misma proporción en la que los radio se habían reducido, y nuevamente en la siguiente curva sucedería los mismo, y lo mismo en la siguiente y así, ... "¿hasta el infinito?", le espeté. "No, por supuesto. Mucho antes habrás llegado al Cosmos que se oculta en su interior" -contestó el caracol. "Entonces, ¿cada concha que hay en la tierra de este huerto es un Universo?", dije asombrado. "No. Pero son los caminos que conducen hasta ellos. No obstante ten cuidado. Las conchas de las almejas no te valen; ésas guardan secretos mas profundos y complejos". Pero a esas alturas ya no le escuchaba; solo pensaba en cuántos ilimitados universos cabrían en aquel pequeño huerto.


P.D.: A ver quién sabe de que narices estoy hablando ...

miércoles, 30 de junio de 2010

Esperando las vacaciones

Hace calor, mucho calor. Desde que amaneció, sobre las 06:44 UTC, la temperatura ha subido trece grados. Viento suave del sursudoeste. Silencio espectante y un aire pesado y turbio.
Hace ya mucho que salió el Sol. Lo vi avanzar desde muy lejos tras los astros y esta vez no le precedió la bruma. Mal asunto; el mercurio se dispara nada mas verlo. El frescor dura un suspiro, vacila y huye después con prisa.


La mañana es tiempo de rutina, de calibrar instrumentos, de configurar aplicaciones, de informar, de predecir. Cuando estoy aquí dentro vivo en un mundo paralelo en el que las horas se refieren a un lugar lejano y semimítico llamado Greenwich, en el que los mediodías son a las 12:00 y no existe el horario de verano. Procuro olvidarlo y dejar que el ritmo me lo marquen el Sol o las estrellas, cada cual en su imperio.


Hacia las 11:00 UTC empiezan a atisbarse en la lejanía, hacia el sudeste, sobre la sierra, los pompones en desarrollo de unos grandes cúmulos. La acción conjunta del viento remontando la sierra y las altas temperaturas fuerzan las corrientes ascendentes que los crean y los arrastran. Si por allí queda alguno, los buitres estarán planeando montados sobre ellas.
Una hora más tarde los cúmulos se han convertido en un coloso: el cumulonimbo. Blanco como la nieve, nítido y opulento. Crece al ritmo que lo hace el sofocante calor. Y cuando se sienta invencible descargará con rabia su mar de granizo y su océano de lluvia.


Su cima llega alto, a mas de diezmil metros sobre la estepa circundante, y allí empieza a deshacerse en jirones que las altas y violentas corrientes desperdigan a sotavento. El tiempo pasa perezoso, el coloso se deshace. Por aquí no ha llovido ni lo hará.
La tarde transita y se marchita, aburrida de solemnidad. Queda certificar lo impepinable: el Sol se pone a las 19:37 UTC, ni un minuto antes ni un minuto después. Deja tras de sí un velo de nubes altas, de cirros, aviso de que mañana, de nuevo, jugará a modelar colosos de nieve.


Vuelven las estrellas, Venus sobre el horizonte, Marte a media altura, Saturno discreto algo mas atrás ( y también, en estos días, un cometa). Mas tarde se alzará Júpiter. Y yo estaré allí para observarlos, hora a hora, un ciclo completo.

El planeta Tierra ha concluido un nuevo giro sobre su eje.

jueves, 29 de abril de 2010

Pequeños enigmas

Hace unos pocos días mi hijo hizo un descubrimiento asombroso; a su tierna edad vio por vez primera las extrañas danzas brownianas de las partículas de polvo junto a la ventana. Quiso atraparlas en vano y se le veía fascinado por aquellas diminutas y luminosas criaturas. Para él sólo es el principio de una larga sucesión de pequeños enigmas que de tanto en tanto salpicarán su existencia.


Tengo la absurda sensación de que hay un Creador con gran sentido del humor (y de la estética) que ha sembrado el universo de estos pequeños enigmas para hacernos un guiño. Cada uno es una pieza de un gigantesco puzzle, uno en plan "eternity", que al componerlo (si alguien alguna vez lo consiguiese) expondría como premio el secreto del universo. Dios no jugará a los dados pero se pirra por los sudokus.


El caso es que de cuando en cuando logro capturar uno de esos pequeños fragmentos de mensaje en una fotografía. O para ser más exacto (y más sincero), al ver una foto tomada al azar descubro uno de ellos astutamente agazapado en ella. Yo los distingo por el magnetismo; la ves y te das cuenta que te producen un ligero desasosiego, un vértigo, que hay algo extraño pero indefinible en ellas. Algo que tiene que ver con la manera en la que se componen los fragmentos más pequeños. Como si sintieses la necesidad de aproximarte más y más, de ver con detenimiento ese minúsculo detalle.

Y casí siempre en el interior de cada uno de los pequeños enigmas se oculta un rayo de luz extraviado. Pero puede que sólo yo pueda verlo. Quizás esas fotos en el fondo no tengan nada de especial.


No estoy ni remotamente cerca de resolver el puzzle. Tal vez me falten piezas. Tal vez usted, lector (¿blogonauta?), tenga en su poder alguna. Una imagen, una frase, una sensación, qué se yo. Y tal vez fuese tan generoso como para compartirla conmigo. Al que lo haga prometo contarle el secreto del universo cuando lo descubra (y mi agenda de conferencias me lo permita).


P.D.: Al enterarse de mi oferta mi hijo me regaló un pequeño caracol que a reglón seguido pretendió que ingiriese. ¿Debería haberlo hecho?¿Me habría acercado ello a la mente de Dios?. En cualquier caso él se ha situado el primero de la lista para la Revelación.