"Háblame, oh Musa, y cuéntame del hábil varón que en su largo extravío, tras haber arrasado la

sagrada ciudadela de Ilión, conoció las ciudades y el ingenio de innumerables gentes".

Homero
, Odisea, Canto I



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miércoles, 14 de agosto de 2013

Cuestión de tradición

 
Empieza a ser tradición que cada año, por estas fechas, publique una nueva versión de la región del centro de la Vía Láctea. Podría ser algo más original pero es que es demasiado fotogénica y me pilla pintiparado en mis viajes a Ithaké. Además, supongo que voy buscando la foto perfecta (al menos todo lo que yo puedo acercarme a ese concepto) y siempre pienso que podría mejorar el encuadre o aumentar el tiempo de exposición acumulado para poder extraer más y más detalles.

En la del año pasado no terminé de quedar satisfecho con el procesado. La de este año me deja más tranquilo en ese apartado. Por cierto, como el encuadre es distinto (la de este año se enfoca más sobre el centro de nuestra galaxia), podría tratar de formar un mosaico con las dos, a ver qué tal, pero eso lo dejo para más adelante.

 En el apartado técnico, decir que se trata de 16 tomas apiladas de 4 minutos de exposición cada una con un objetivo de 50 f/1.7 a F.2.8 e ISO 200. Son, pues, 64 minutos en total.

A lo mejor a alguien le llama la atención el ISO de la foto; 200, un ISO bajo para lo que suele ser costumbre en astrofoto. La razón, sin embargo, es sencilla. Es una zona del cielo llena de regiones oscuras junto a regiones muy luminosas, con innumerables estrellas de brillos muy diversos. Es una zona, en definitiva, que requiere un muy amplio rango dinámico para representarla correctamente. 

 Cuando el ISO crece, el rango dinámico de las cámaras digitales se reduce (más o menos en la misma proporción), por lo que es muy importante no excederse con la exposición para no perder información en las luces altas. Lo que lleva al crecimiento exponencial del número de tomas, con la complejidad que ello supone. Es por eso que considero que el ISO alto es más adecuado para motivos de bajo brillo superficial en los que la variable fundamental es el ruido (paradójicamente, cuanto más alto es el ISO menor es el ruido a igual tiempo de exposición y nivel luminoso), mientras que el ISO bajo es adecuado para motivos con un elevado rango dinámico.

Es un tema interesante que merece un espacio más amplio para ser desarrollado y discutido. A ver si más adelante ...

viernes, 14 de diciembre de 2012

Los árboles y el bosque



Hay que ver: cuanto más rico y variado es lo que tienes delante de tus ojos, menos partido puedes sacarle. Los árboles no dejan ver el bosque. Eso es así para los seres humanos y, desgraciadamente, también para la mayoría de sus creaciones.

Las cámaras y los programas informáticos de procesado están construidos a imagen y semejanza (dentro de lo posible) de sus pares humanos: los ojos y el cerebro. Y comparten con ellos muchos de sus defectos. Si a eso unimos que han de ser pilotados a su vez por ojos y cerebro (y, para más desgracia, los míos) ... Bueno, digamos que se hace lo que se puede.

Y poder, lo que se dice poder, yo no doy más de mí en la tarea de domar esta foto. Seis largos meses desde que la tomé son suficientes para constatar que uno se ha topado con sus propios límites y no es capaz de avanzar más. Y no es que no esté contento con ella; es que no estoy satisfecho porque sé que tiene mucho más por entregar. Ahí al fondo, perdido entre nebulosas y estrellas.

Niveles, curvas, brillo, contraste, saturación, ruido. Subes, bajas, deslizas, serpenteas, haces malabares matemáticos con la información. Tratas de ver el bosque alzarse como ese todo armónico de los árboles. Y aun así el ramaje se obstina. Ver el bosque me exige más.

Pero tendría que podar por aquí, cavar por allá y, al final, el bosque sería un parque. O peor, un prado. Ni árboles ni bosque. No me llega la sabiduría para más. Y, sinceramente, prefiero  esperar a ver si algún día aprendo a ser rastreador antes que convertirme en jardinero.

Cuestión de honestidad: no me gusta pintar nebulosas.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

AstroAyna 2012 (II): M31, segundo intento.

 
No terminó de acompañarnos la meteorología en la reunión de AstroAyna de este año de la que ya les hablé en la primera parte. Eso limitó  los experimentos que tenía previsto hacer y varió algo la elección de objetivos. En un principio no tenía previsto trabajar en una fotografía sobre M31, la Galaxia de Andrómeda, pero finalmente terminaría siendo co-protagonista.

Ha pasado ya algún tiempo desde que realizase mi primer intento sobre este espectacular objeto. El tiempo ha dado para mejorar el resultado, aunque bien es cierto que la técnica y el equipo empleado en esta ocasión son bastante más "ortodoxos" y eso ayuda. En fin, queda aun un largo camino para empezar a conseguir resultados decentes pero ya se puede establecer un evolución (a mejor, por suerte).

Datos: 6 tomas apiladas de 2 minutos cada una a ISO 800. Objetivo 80-200 F4.0
 @ 200 mm de focal y f5.6. Recortada para centrar la galaxia y reducida a 1024 px.

Les vuelvo a poner la versión v1.0, de octubre del 2011, a efectos de comparación.

Datos: 60 tomas apiladas de 5 segundos cada una a ISO 800. Objetivo 50 F1.7 
@ f2. Montura sin seguimiento. Recorte de 1024 px a resolución nativa.

Para futuras versiones creo que dejaré a un lado los ISO altos (ya ven, para la EOS 450D, ISO 800 es ISO alto ... ) porque, para tiempos de exposición de ese orden y teniendo en cuenta el alto brillo del objeto, el rango dinámico del que disfruta es demasiado limitado y se pierden detalles del núcleo de la galaxia. Y seguiré aumentando el tiempo de exposición acumulado; 6x2 minutos hacen unos escasos 12 minutos acumulados, algo demasiado miserable para esperar resultados de calidad (a partir de 1 hora ya, si eso, empezamos a hablar ... ).

Teniendo en cuenta que en las próximas semanas M31 va a ir ganando altura en el cielo nocturno, empezando con ello su temporada de observación, creo que pronto podremos lanzar la v3.0. A ver si se animan también ustedes.

martes, 21 de agosto de 2012

AstroAyna 2012 (I)


¿Comparaciones odiosas? Veamos; en primer plano mi equipo, sobre la alfombra 
verde el de Moisés Gil. El algodón no engaña ...

Bueno, ya está. He recibido mi bautismo astrofotográfico, he pasado la ceremonia de iniciación en el clan.

El pasado fin de semana hice una visita relampago a un clásico de las reuniones astronómicas de nuestro país: AstroAyna, que se celebra cada año durante la luna nueva de Agosto en las inmediaciones del pueblo albaceteño de Ayna, al suroeste de la provincia.

Digamos que me hubiese gustado sacarle más partido a la noche o ahorrarme algún que otro chiste acerca de la "potencia" de mi equipo (aunque algún gesto de admiración truncó la sorna general al ver el logotipo de Leica impreso sobre el teleobjetivo). Pero incluso los inconvenientes son importantes para crecer.

 Foto del grupo que nos reunimos la noche del 17/18 de Agosto. Todo tíos; ¿es 
que el amor a la astronomía no alumbra también a las mujeres? ... Una lástima.
Por cierto, ¿dónde está Wally? Crédito foto: Moisés Gil

Estar rodeado de expertos tiene sus ventajas. Pronto surgieron respuestas para quebraderos que me atormentaban desde hace meses respecto de los ajustes técnicos y mecánicos de mi montura. Incluso propuestas de soluciones. Hubo tiempo para ver el elevado grado de profesionalidad y conocimientos de muchos de ellos, la exquisita y escrupulosa precisión con la que trataban cada aspecto del proceso de realización de las fotografías, su rigor técnico. O el amor hacia sus "aparatitos", patente en el inmaculado aspecto de todos ellos.

Yo, de mayor, quiero ser Paulino ... o quien herede su equipo.

Una vez desplegada toda la tropa y la correspondiente "artillería", aquello tenía un aspecto impresionante. Y variopinto, dado que no solo había astrofotógrafos sino también aficionados (¿?) a la observación visual pura. Como para no serlo, claro; vean la foto panorámica. Sí, ese enorme cacharro negro del extremo de la izquierda que rivaliza sin problemas con el coche a su lado, es un telescopio. Medio metro de apertura tiene el bicho. Y no se pueden imaginar (NADIE puede) lo que es capaz de mostrar por su ocular. Me costará olvidarlo ...

Panorámica del evento. Foto: Moisés Gil.

Luego, la noche fue mas corta de lo deseado por culpa de las inevitables nubes altas que se congregan al amor de cada reunión astronómica. Debe ser que les caemos simpáticos ... Y no faltaron mis ya clásicas batallas contra el equipo (de las que, al final, resultó ser completamente inocente ... ), que limitaron aún más el tiempo útil disponible. Aún así (aunque también por pura perseverancia) nos acostamos tarde, a eso de las cuatro y pico, no mucho antes de que apareciesen las primeras luces del alba. Y al día siguiente aún hubo tiempo para una clase magistral de procesamiento de imágenes astronómicas impartida por Toni Mancera, antes de partir para Albacete a un nuevo turno de trabajo con el que rematar el agotador fin de semana

Foto: Moisés Gil.

En definitiva, fue breve pero intenso. Un punto de partida hacia un mundo complejo y apasionante. En próximas entradas, las tomas que logré reunir esa noche.


martes, 3 de abril de 2012

La pequeña estrella del Cisne



Hace ya bastantes años, mas de once, publiqué mi último artículo en una revista. Se trataba de un artículo sobre astrofísica en la principal (hoy ya única) revista de astronomía amateur española, Tribuna de Astronomía (hoy rebautizada como AstronomíA). Corría el mes de noviembre del año 2000 (*). Algún día les tengo que contar esa breve y peculiar etapa de mi vida en la que me dediqué ocasionalmente a la literatura científica, pero ahora no viene al caso.

El tema es que el artículo en sí no era mas que la versión mas o menos resumida de un trabajo de investigación (básicamente bibliográfico) realizado para la asignatura de astrofísica durante mi licenciatura en Ciencias Físicas. Y versaba sobre los diferentes aspectos y cualidades de un estrella concreta, 61 Cygni.

Es curioso cómo se le puede tomar cariño a una estrella hasta el punto de tomarte como algo personal lo que pueda tener que ver con ella. Y no es la ñoñería ésa de bautizar estrellas previo pago del correspondiente precio a una empresa de muy dudosa reputación; en mi caso fue (es) como si aquella fuera de mi efectiva propiedad, o mejor aun, como una cierta forma de enamoramiento.


A simple vista no es mas que una humilde estrella apenas perceptible entre miríadas de otras en la constelación del Cisne. Para mas inri, en una zona directamente atravesada por la Vía Láctea, que acapara buena parte del protagonismo de la región. Por ahí cerca también está Deneb, uno de los tres vértices del conocido como "triángulo del verano" junto a Vega y Altair, y algo mas lejos Albireo, posiblemente la estrella doble mas hermosa del cielo septentrional.

También es una región excepcionalmente abundante en nebulosas de emisión, como NGC 7000, la Nebulosa de Norteamérica, o IC 5067, la Nebulosa del Pelícano, por poner solo dos ejemplos.
 

Pero el caso es que su aspecto es engañoso. En realidad es una estrella muy especial y con una gran importancia en la historia de la Astronomía. Fue la primera estrella de la que se conoció su distancia (aparte del Sol, claro) y una de las estrellas que mas rápidamente se mueven entre las demás (en desplazamiento aparente, en lo cual influye que es una vecina cercana de nuestro sistema); fue una de las primeras estrellas dobles conocidas y un serio candidato a poseer planetas a su alrededor, aunque hasta la fecha nunca se ha confirmado. Y también ha sido fuente de inspiración para la ciencia-ficción.

Echando la vista atrás, mi relación con 61 Cygni es como uno de esos amores de juventud, intensos e imposibles, que no se olvidan jamás. Cada detalle que descubría en ella me llenaba de gozo y asombro; poco a poco los datos fueron trazando una imagen tan nítida y vibrante de aquel sistema estelar que no me costaba nada viajar con la mente hasta allí y fantasear con los mundos extraños que las orbitarían.

Representa también el periodo mas intensamente intelectual que he vivido, un tiempo en el que soñé con ser astrofísico y hasta tracé mi área de interés (formación y evolución de estrellas de pequeña masa). No pudo ser, pero aun quedan rescoldos que lucen a la primera oportunidad.


Vista con telescopio, 61 Cygni es en realidad una pareja de estrellas, una anaranjada y la otra rojiza. No son un par muy apretado, lo que unido a su cercanía hace que en realidad sea bastante sencillo verlas separadas; con un buen objetivo de 100 mm de focal bastaría para desdoblarla en sus dos componentes (resolverla, en la jerga astronómica) aunque apenas a tres píxeles de centro a centro. Con el objetivo con el que está hecha esta foto (un 50 mm) no se llega a distinguir, de modo que tendría que probar con el 200 mm mas duplicador para lograr algo decente (12 píxeles de centro a centro, suficiente para que queden separadas).

Dudo que con esa foto ganase una APOD o conmoviese algún corazón. Pero aun así sería una foto importante para mi: el retrato de un amor platónico.
 

(*) El artículo en cuestión está disponible para quien tuviese curiosidad. No tienen mas que pedirlo.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Esplendor Conjuntivo



  Miren que soy de los que aprecian un buen estar a solas uno con el mundo, pero hay que reconocer que a veces dos es mejor que uno. Y cuanto mas juntitos mejor. Llámenlo amor, pasión, amistad, cooperación, solidaridad, compañía, ... O esplendor, como en este caso.


La especie humana empeñada en no mirar nunca para arriba (ni para adelante mucho mas allá de sus propias narices) y aun así el mundo nos regala estas joyas de luz pura y cegadora. Somos ricos y no nos damos cuenta ...





P.D.: He intentado explorar tres enfoque diferentes para retratar la efeméride; éxito dispar. Otros han sabido hacerlo mucho mas certeramente que yo: si no lo han hecho ya, no dejen de pasar a ver las visiones de Jordi Busqué (genial toma desde Panamá), Paco Elvira (y ésta), Jan Puerta (desde Chile), o Frikosal (y ésta, ambas de los días previos al evento).

domingo, 26 de febrero de 2012

El cazador y sus violentas pasiones


 Según la mitología griega, Orión era un cazador gigante. Hay numerosas versiones de su historia pero todas tienen un denominador común: es una triste historia de amor. De amor mezclado con celos y con obsesión. En unos casos sus amores eran con la diosa Artemis, en otros con Mérope, una de las Pléyades, y en otros con las Siete Hermanas en su conjunto. Incluso se cuenta que llegó a violar a Mérope, que acosó a sus hermanas y que murió a manos de Artemisa por maquinación de Apolo, celoso de la pasión de su hermana por el gigante. También anda por ahí un escorpión colosal con el que no se llevaba nada bien ...

 Pasiones candentes y destructoras. Lo que no va mal a una constelación tan radical, tan visceral, en belleza y secretos. Les cuento, de norte a sur.


 En la parte superior izquierda de la constelación se encuentra la brillante estrella Betelgeuse, una supergigante roja que en algún momento (en CUARQUIER momento) de los próximos mil a diezmil años estallará como supernova y se convertirá durante algunas semanas o meses en el fenómeno celeste mas memorable de todos los tiempos (o casi, todo va en gustos). Mas abajo (al sur) hay un grupo de tres magníficas estrellas azules casi perfectamente alineadas que se conocen como el Cinturón de Orión y cuyos evocadores nombres son Alnitak, Alnilam y Mintaka. Junto a la primera de ellas se encuentran las nebulosidades de NGC 2024, conocida como La Flama, IC 434 y B33, la famosa nebulosa Cabeza de Caballo.

 Mas abajo se haya otro grupo de estrellas alineadas, mas débiles, conocidas como la Espada de Orión, en donde se aloja la impresionante y archiconocida M42 o Nebulosa de Orión (a la que ya visité anteriormente), junto a M43 o Nebulosa de De Mairan. Constituyen uno de los criaderos de estrellas mas cercanos a la tierra y se encuentra en plena ebullición. Finalmente, en el extremo inferior derecho, la estrella Rigel que reina con elegancia y fría belleza, mientras oculta la verdad de su naturaleza triple.
 

 Todas estas eminencias cósmicas son visibles en mi fotografía y les pongo un mapa estelar extraído del Sky Atlas 2000.0 para que se ubiquen. Y lo mejor de todo es que también son visibles otros dos elementos mas sutiles, aunque hay que fijarse bien para verlos.

 A la derecha de Rigel, hay una nebulosa, IC 2118, conocida como Cabeza de Bruja por su siniestra silueta (si ven la imagen a toda resolución la podrán intuir con su pálida luz grisácea); la maldad tras el frío brillo del acero.

 Y a la izquierda, como un gran arco que envolviese la parte inferior de la constelación, el Bucle de Barnard, un enorme arco rojizo producto de la titánica explosión de una gran estrella hace dos millones de años y que hoy brilla aun producto de la ionización que sufre su materia por la intensa luz ultravioleta de las poderosas estrellas del Cinturón, hermanas supervivientes de aquel leviatán estelar. El ardiente recordatorio de la pasión destructora.

 De estas cosas nada sabían los griegos. Y sin embargo, qué hermoso paralelismo.

Y no me negarán ustedes que la foto me salió chula ¿no? ...

miércoles, 22 de febrero de 2012

El Rojo y el Azul


 En la última entrada del año pasado les prometí que una vez entrado el nuevo les mostraría el resultado de mis primeras experiencias en astrofotografía "en serio" (vamos; con orden, criterio y metodología). Y lo cierto es que hubiese preferido empezar por otra y reservarme ésta para el final, pero no he podido resistirme.


 Pero antes de nada les voy a introducir un poco.

 En los cielos de otoño e invierno, precediendo como un copero al gigante Orión, luce en todo su esplendor la pequeña joya celeste de las Pléyades. A ojo desnudo es un pequeño grupo de seis o siete estrellas (según la agudeza visual del observador) apiñadas en una superficie aparente que equivaldría mas o menos al doble de la de la Luna. Las Pléyades (o M45 en los catálogos astronómicos) técnicamente son lo que se conoce como "cúmulo abierto", una agrupación de estrellas físicamente ligadas y con origen común. En general se trata de estrellas muy jóvenes, a las que todavía no les ha dado tiempo a alejarse mucho de la matriz de gas y polvo de la que nacieron. Por eso suelen estar dominados por brillantes estrellas azules, cuyas cortas pero espléndidas vidas no les dejan llegar muy lejos como astros solitarios e independientes.
 A mí personalmente me parecen uno de los elementos mas espectaculares y hermosos del firmamento septentrional y siempre les he tenido un especial cariño.


Algo al Este de las Pléyades se encuentra una nebulosa de emisión, la NGC 1499, también conocida como la Nebulosa de California por recordar su forma la del estado del oeste de los EEUU. Es una región HII (lo que en la jerga significa que es una nebulosa que brilla por la emisión del hidrógeno ionizado), por lo que presenta un hermoso color rojo profundo o escarlata, y forma parte de un complejo mucho mas amplio de nubes moleculares, de las que no es mas que una sección expuesta a la intensa radiación ultravioleta de una gran estrella cercana, Menkib, de la constelación de Perseo (y que en la foto es la estrella azul brillante que está entre la nebulosa y las Pléyades, a 2/5 de la distancia entre ambas). Es como un hermoso velo rojo ondeando a la izquierda de las Siete Hermanas (nombre popular con el que en algunos lugares se conoce también a M45).


Juntas en una misma toma, M45 y NGC 1499 constituyen un precioso contraste de color y un objetivo sorprendentemente sencillo para la iniciación en astrofotografía con seguimiento. La mía, sin ir mas lejos está hecha con una focal de 50 mm a f:2,8 (si alguien está interesado en los datos técnicos completos no tiene mas que pedírmelo). Y es un primer intento ...

Saludos a todos y espero que la salud me deje actualizar el blog algo mas a menudo, porque llevo una racha ...


P.D.: He hecho un pequeño cambio de look al blog (por puro aburrimiento, no se crean), ya lo habrán notado, pero no termino de hacerme con las sutilezas del diseño en blogger y alguna chapucilla sin resolver mancilla el resultado. Espero que sepan perdonarlo ;)

jueves, 10 de noviembre de 2011

M42, la Nebulosa de Orión, revisitada


En estos días he realizado una revisión de algunos de mis trabajos pasados en astrofotografía. En realidad es una tarea siempre pendiente porque con el tiempo se van aprendiendo cosas nuevas sobre procesado y conviene hacer versiones nuevas de fotos antiguas para sacarles bien todo el jugo.


Es el caso de ésta, posiblemente mi mejor foto del tema hasta hoy y que ya les presenté en versión previa en febrero pasado. Quizás la vean cambiada y es natural, porque aparte del procesado mejorado la he recortado y reencuadrado para su presentación "en sociedad".


La Nebulosa de Orión tal vez sea el objeto astronómico mas fotografiado (después de la Luna, el Sol y los planetas), de modo que no aspiro a aportar nada al caso. No obstante ello tiene una ventaja asociada; puesto que es bien conocida es mas fácil de apreciar el resultado para un público mas amplio. Y a mí particularmente me sigue sorprendiendo esta foto.

Si hace diez años (¡¡tan solo diez!!) me hubiesen dicho que algún día haría una foto como ésta seguramente habría llorado de emoción y desde luego habría pensado en un equipo costoso y de alta calidad. Pero desde luego no en una réflex popular mas un objetivo fotográfico (por mas que sea un Leica ... ). Realmente se hace sorprendente el avance tecnológico que se ha producido en el campo de la fotografía digital en estos últimos años.

Si bien el procesado es todavía muy básico (me queda muuuucho por aprender y viendo como se las gastan algunos excelentes astrofotógrafos de por aquí mismo, sin ir mas lejos, me da en la nariz que siempre será así ), el grado de detalle que se puede obtener de la nebulosa es asombroso y sobre todo teniendo en cuenta que la focal era tan solo de 200 mm (al recortar, el resultado aparenta el que se obtendría con un 450 mm). Y aunque mas arriba lo he ninguneado, lo cierto es que buena parte del mérito (mas bien todo) es del objetivo, un Leica Vario-Elmar R 80-200 mm f/4, cuyo nombre no puedo pronunciar sin genuflexionarme repetidas veces.

Es una toma única, sin apilado ni flats ni biass, de solo 4 minutos a ISO 200 y desde un lugar con cielo "urbano" profusamente contaminado de luz, por lo que las opciones de mejora son casi interminables. Sin ir mas lejos, tengo en mente realizar en los próximos meses una excursión a Ayna, en el sur de Albacete, uno de los lugares con cielos mas oscuros de la península, y realizar una nueva versión, esta vez con 16 tomas de 4 minutos mas sus correspondientes darks, flats y biass, y tal vez algunas de 1 minuto y 2 minutos para aumentar el rango dinámico. Me parece que a poco que yo esté a la altura, el resultado puede ser una gozada.

martes, 25 de octubre de 2011

Como fotografiar la galaxia de Andrómeda sin telescopio ni seguimiento


Les voy a mostrar dos fotografías como comparación. La primera es una fotografía hecha por mí el 5 de octubre pasado. La segunda una fotografía pública realizada con telescopio profesional, sobre montura con seguimiento y varias horas de integración. Está claro cuál gana pero lo increíble es que la mía es tan solo un recorte de otra (que se muestra mas abajo) que fue tomada ¡¡con una Canon EOS 450D con objetivo de 50 mm a f/2 y 5 minutos de exposición a ISO 800 sobre un simple trípode fotográfico!!.


Crédito de la segunda fotografía: Computer Wallpapers (FreeComputerWallpapers.Net). La escala de las dos imágenes no 
es exactamente la misma. Habría que reducir la segunda un 25% aproximadamente para que la comparativa fuese perfecta.

¿Cómo? Pues de una manera increíblemente sencilla: apilando un gran número de fotografías fijas mediante un programa informático (el DeepSkyStacker en este caso).

La idea es la siguiente; con un trípode fotográfico, al no seguir el movimiento celeste, en cuanto la exposición se alarga mas de unos pocos segundos (típicamente media docena de ellos) las estrellas dejan de parecer puntos y se transforman en pequeñas trazas. Además, los objetos extensos, como la galaxia de Andrómeda se "emborronan" y pierden definición; salen movidos. Eso significa que nunca podríamos realizar en esas condiciones tomas que fueran mas allá de ese límite, con lo que nunca podríamos aspirar a captar la galaxia (tal vez sí poniendo un ISO enorme, como el que actualmente equipan muchas cámaras digitales, pero a condición de tolerar terribles dosis de ruido que la harían prácticamente inobservable y/o desprovista de detalles). Sin embargo, dividiendo el tiempo de exposición total en pequeños intervalos menores que el límite del que hemos hablado y uniendo luego las fotos, podríamos construir una que si lo lograse, con la única condición de que cada toma quedase alineada con las demás, es decir, que la moviésemos para compensar el movimiento celeste. Hay diversos programas informáticos que realizan esta tarea de manera automática: DeepSkyStacker, IRIS, RegiStax, MaximDL, ... y muchos de ellos son gratuitos.

 Campo completo de la toma recortada de mas arriba

El primer paso consiste en calcular el tiempo de exposición de cada toma individual. Esto se obtiene calculando cuánto tiempo tarda una estrella en recorrer el ancho de un pixel sobre la superficie del sensor mediante la fórmula: 

 (40 x L) / (3 x F x coseno [declinación])

, donde F es la focal del objetivo en milímetros y L el tamaño de cada pixel en micrones. Para un objetivo de 50 mm sobre una cámara con pixels de 5,2 micrones, ello se traduce en que el tiempo que tarda una estrella (con la declinación de Andrómeda, que es de 41º) en recorrer un pixel es aproximadamente 2 segundos. Ese sería el tiempo de exposición límite teóricamente pero en la práctica, dado que las estrellas suelen ocupar círculos de al menos tres pixels de diámetro, el tiempo de exposición puede aumentarse hasta los 6 segundos sin problemas (disminuyendo con ello el total de fotografías a realizar).

 La misma toma pero mostrando las líneas de la constelación y sus estrellas 
principales, para que puedan hacerse una idea de la amplitud del campo.

En mi caso escogí un tiempo de exposición de 5 segundos, lo que suponía hacer un total de 60 tomas para reunir los 5 minutos de tiempo integrado. Las tomas fueron realizadas con la función de reducción de ruido en exposiciones largas, formato RAW y modo fiel (no le aplica ningún preproceso). Tras el apilado con DSS (parámetros aplicados: modo estándar, alineamiento automático, apilado Recortado Kappa-Sigma con kappa = 2.00 y 5 iteraciones), hice un procesado básico de la toma con PixInsight LE (únicamente corrección de brillo y contraste mediante histograma. Estoy seguro de que con un procesado experto se habría podido obtener mucho mejor detalle).

El resultado es muy mejorable. Por ejemplo diafragmando a f/4 para eliminar las trazas de coma que se hacen visibles en el recorte (aunque ello elevaría a 240 el número de tomas necesario para compensar la pérdida de luminosidad), procesándola con mas rigor o implementando técnicas de reducción de ruido (a base de darks y biass. Si alguno no sabe lo que son ... mejor otro día me pongo a ello). Y por supuesto también podría hacer la fotografía con una mayor focal y con una montura dotada de seguimiento automático. Pero así tendría menos gracia ¿no?

Visto lo visto, si alguna vez tuvo interés por fotografiar el espacio profundo, ya no hay excusa para seguir demorándolo. Por equipo no será.


jueves, 21 de julio de 2011

Hierofanía




Le tomo prestado el término a Josep Fábrega de un comentario suyo en el blog de Frikosal; es verdad, en ocasiones es inevitable que se te encoja el corazón ante lo que no puede definirse mas que como una manifestación de lo inasequible, de lo infinito, de la eternidad. Que sea Dios responsable o no de ésto, francamente, me tiene sin cuidado. Pero desde luego todo mi ser se estremece y se conmueve ante semejante espectáculo. Bien es cierto que yo vengo a ser un ateo bastante espiritual.

¡Y qué poco hace falta para disfrutarlo! Mi humilde cámara, un objetivo (también humilde) a 17 mm y F/2.8 y otro (este sí, sagrado por derecho propio) a 50 mm y F/5.6, cuatro minutos a ISO 400 una y ocho a ISO 200 la otra, y, claro está, una montura ecuatorial con seguimiento (de segunda mano, pero "excelsa macchina"). Quizás ahí resida parte de mi asombro metafísico, en que apenas un velo nos separa de la trascendencia.

Por cierto, la segunda (Antares, para mas señas) está hecha desde el aeropuerto de Albacete, en condiciones de alta contaminación luminosa (y esta vez no le he substraído informáticamente el fondo luminoso). Creo que nunca voy a parar de asombrarme con estas cosas ...


P.D.: Estoy desolado por el destrozo de las fotos que hace blogger al comprimirlas para almacenarlas en sus servidores. Les juro que los originales son muuuucho mejores que lo que ven aquí ...

viernes, 25 de febrero de 2011

La "Macchina" ya está aquí ...


Hoy, ahora mismo, acabo de probar por primera vez mi nueva montura ecuatorial motorizada y he realizado mis primeras fotos astronómicas con seguimiento. ¿Qué puedo decir?. El impacto es brutal. Es como descubrir de pronto que el mundo está en tus manos.

Éste es el resultado. Insisto en que he tomado estas fotos hace apenas dos horas. Tan solo me ha dado tiempo a descargarlas de la cámara y darles un ligero procesado para poder publicarlas. Y, como comprenderán, no son las mejores que he sacado; son simplemente, las PRIMERAS. Y eso me asombra, porque si ya han salido así, ¿qué pasará cuando aprenda a lidiar con pericia con las sutilezas de la montura y de las ópticas?¿Qué pasará cuando tire las fotos desde un lugar oscuro y con un cielo de calidad en lugar de hacerlo desde la azotea de un edificio del aeropuerto en el que trabajo, con sus potentes focos y la contaminación de la cercana Albacete?

Estoy temblando de emoción ...

Las Pléyades (M45), con las tenues nebulosidades azules que envuelven a sus estrellas principales.

La nebulosa de Orión (M42); ¿hace falta añadir algo?

La estrella Sirio, la mas brillante de cuantas se pueden observar
en la bóveda celeste, joven, delicada y hermosa.


Todas están tiradas con un 200 mm a F/5.6, ISO 200 y 4 minutos de exposición. Y ni tiempo me ha dado de ponerles el logo.

martes, 4 de enero de 2011

Eclipse parcial de Sol del 4/1/2011 desde Albacete


Pese a lo que pudiese parecer, sigo al pie del cañón; aunque con cuentagotas, retorno poco a poco a mis fotos y mis rayadas varias y hoy, día señalado por la poco frecuente ocurrencia de un eclipse de Sol, es un buen día para retomar la batalla (de batallas les hablo otro día ... ).

El eclipse de hoy hay que valorarlo en su justa medida. No siendo total (gran vedette de los fenómenos astronómicos para el gran público) sino parcial, parecería poca cosa, pero lo cierto es que no lo es. Los eclipses de Sol, sean del tipo que sean, son fenómenos poco abundantes, ocurren un par de veces al año pero en lugares dispersos del planeta, por lo que entre uno y otro en un lugar concreto pueden pasar años enteros. Si a eso sumamos la posibilidad de que cuando llegue no nos sea posible verlo por causas meteorológicas u otras de humana procedencia, creo que será claro entender que no conviene subestimarlos ni despacharlos con un "bueno, ya llegará otro ... ".

Lo cierto es que yo he tenido suerte. Hoy me encontraba en turno de trabajo en Albacete, uno de los relativamente pocos lugares de España en los que la nubosidad asociada al frente que nos está entrando por el noroeste, ha dejado ver el evento. No obstante, una hora antes de la salida del Sol una franja de estratocúmulos pasó sobre los cielos manchegos y a punto estuvo de acabar en tragedia. Pero la diosa fortuna esta vez quiso ser benigna y las nubes apenas acertaron a "eclipsar el eclipse" durante los primeros instantes del amanecer. Y, después de todo, aportaron un marco estético en el que envolverlo.

Durante los eclipses de Sol son habituales los peculiares efectos ópticos sobre las
sombras o los contornos como es el caso de estas hermosas ondulaciones irisadas.

Estratocúmulos ondulados y cirros enmarcaron el acontecimiento.

No disponiendo de filtro adecuado (mal hecho ... ), la presencia de una incipiente niebla, junto a la baja altura sobre el horizonte (con lo que la profundidad óptica de la atmósfera es muy grande y reduce considerablemente la luminosidad solar) y la configuración extrema utilizada (focal de 200 mm a F:22 mas duplicador 2x, con lo que obtuve 400 mm a F:44, y 1/4000 s a ISO 100) permitieron hacer unas fotos que de otro modo hubieran sido imposibles. Ustedes juzgarán el resultado.

El Sol eclipsado va surgiendo de la capa nubosa ...


... mientras junto a tierra la niebla se espesa.

viernes, 12 de noviembre de 2010

De la niñez, Saturno y sus anillos.


Tuve la suerte de nacer justo en el comienzo de la época dorada de la exploración del sistema solar. Aquel mismo año, 1972, vio el final del programa lunar, cuando casi exactamente a la medianoche del 14 de diciembre despegaba de la superficie de nuestro satélite la última tripulación que lo ha visitado hasta el día de hoy. Y con ella se apagaban los últimos rescoldos de la carrera espacial, ese modo de entender la exploración del espacio como una mera disputa de supremacía geoestratégica.

Callaron la propaganda y la política y empezó a hablar la ciencia; el 3 de marzo de 1972 la NASA lanzaba la Pioneer 10, el primer objeto lanzado por el hombre que lograría alcanzar Júpiter y luego superar la frontera del sistema solar. El 6 de abril de 1973 lanzaban la Pioneer 11, también a Júpiter y mas tarde a Saturno. El 21 y 25 de julio y el 5 y 9 de agosto de ese año los soviéticos lo hacían con la Mars 4, 5, 6 y 7 con destino Marte, y el 3 de noviembre los americanos con el Mariner 10 a Venus y Mercurio. El 8 y 14 de junio de 1975 despegaban las Venera 9 y 10 (soviéticas) rumbo a Venus, y el 20 de agosto y 9 de septiembre las Viking 1 y 2 (americanas) a Marte.

En mis primeros cuatro años de vida se lanzaron 11 sondas espaciales, se visitaron por primera vez tres planetas (Mercurio, Júpiter y Saturno) y se aterrizó en dos mas (Venus y Marte). Supongo que todo aquel torrente de efemérides increíbles y excitantes y las maravillosas fotografías que las acompañaron lograron impactarme de tal modo la imaginación que mi mente y mi corazón quedaron atrapados para siempre por la fascinación de la astronomía. Demasiado pequeño para saber el significado de aquellas cosas, los nombres de los planetas se convirtieron en sinónimo de asombro y maravilla.


Antes de aprender a leer ya rebuscaba entre las ilustraciones de los libros de mis padres tratando de encontrar fotografías o dibujos de Marte, la Luna, Júpiter ... Pero sobre todas las cosas, Saturno. Con sus anillos orbitándole, era la quintaesencia misma de lo extraordinario y su sola visión trasportaba mi imaginación a través del espacio infinito. Mas tarde, cuando aprendí a desentrañar el secreto de la palabra escrita, los textos al pie de aquellas ilustraciones me descubrieron que además era un mundo inconcebiblemente grande (aunque también descubrí con frustración que no era el mayor de todos) y que estaba acompañado de mas de una decena de satélites, entre ellos uno llamado Titán; ¡qué increíble sería ver aquel cielo lleno de lunas!.

Y en esas, tal día como hoy de hace exactamente 30 años, otra sonda espacial, la Voyager 1 llegó hasta él. En realidad yo no me enteraría hasta el día siguiente, el 13 de noviembre cuando mi madre me anunció que en el telediario habían contado que una nave espacial había pasado junto al planeta y había transmitido increíbles fotografías de sus anillos en las que se veía que cada uno de ellos estaba en realidad formado por miriadas de otros mucho mas pequeños apiñados unos junto a otros. Asombrada, me describió una foto en la que los anillos parecían la superficie de un disco de vinilo "con mas colores que el arco iris".

Carl Edward Sagan (1934-1996) autor de Cosmos, en un fotograma de la serie.

En los días siguientes asistí hipnotizado al desfilar de imágenes y datos, y algo indefinible empezó a agitarse en mi interior. Algo que trataba de tomar forma, de lograr expresión y salir a la luz. Y al fin lo hizo unos pocos meses mas tarde, en agosto de 1981 cuando, por pura casualidad, vi el primer capítulo de la serie documental Cosmos, la genial obra de Carl E. Sagan. Entonces, toda la fascinación y el asombro que durante aquellos 9 años había desarrollado por las astronomía cobraron sentido al descubrir que la ciencia era un modo de vida, que descubrir el mundo era una forma de estética, que existía una armonía sublime entre lo inmenso, el Universo, y lo humilde y cotidiano, la vida misma, nuestra vida como individuos.

A partir de ese momento supe lo que quería hacer con mi vida y dónde estaría el refugio seguro para mi alma; para siempre, entre las estrellas. Hay que ver lo que pueden hacer los anillos de un planeta ...

Por increíble que pueda parecer, es posible fotografiar los anillos de Saturno e incluso su mayor satélite, Titán, con un simple teleobjetivo (y mucha paciencia), en este caso un 350 mm a f:5, con 1/40 s y 2 s de exposición respectivamente. Titán es el pequeño trazo abajo a la izquierda junto a Saturno. Se puede apreciar que está en el mismo plano que los anillos del planeta.

P.D.: 30 años, ¡madre mía, como pasa el tiempo!

martes, 13 de abril de 2010

Conjunción Venus-Mercurio

Andan Mercurio y Venus muy cercanos en el cielo en estos días. He de confesar que no estaba yo muy enterado del evento hasta que ví publicada la foto del maestro Frikosal. A la suya, excelente como siempre por cierto, se añadieron pronto las aportaciones de Jordí Busqué, Félix y Josep Mª Abadia.


Picado por la envidia (sana, espero) me dispuse a hacer mi propia aportación a la cuestión y tuve la suerte de disponer de tiempo y climatología favorable precisamente el día 8 de abril, que era cuando Mercurio alcanzaba su máxima elongación (o sea, la mayor separación respecto al Sol), por lo que era posible hacer la foto en las mejores condiciones de oscuridad del cielo.


Ambas están hechas con un objetivo 80-200 f/4, la primera a 80 mm y f/5,6 y la segunda a 200 mm y nuevamente f/5,6. En los dos casos la exposición es de 1 segundo y la sensibilidad ISO 200.