"Háblame, oh Musa, y cuéntame del hábil varón que en su largo extravío, tras haber arrasado la

sagrada ciudadela de Ilión, conoció las ciudades y el ingenio de innumerables gentes".

Homero
, Odisea, Canto I



Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Montoro de Mezquita: regalos de lluvia y otros pequeños tesoros


 El valle del Guadalope a su paso por Montoro de Mezquita, encajonado entre dos estrechas gargantas
 que lo cierran como a un pequeño cofre.

 Siempre que viajo a Montoro de Mezquita, un pequeño pueblo en el noroeste del Maestrazgo de Teruel, mi prioridad es la fotografía de las estrellas. No en balde sus cielos son de los de mejor calidad de toda la península por su bajo nivel de contaminación luminosa. Pero a veces los planes se tuercen y el cielo se cierra a cal y canto y te deja con el equipo compuesto sin llegar a poderlo sacar del maletero.


Pero a veces, si no te empeñas en lamentarte y dejas que tus ojos deambulen lenta y libremente, descubres que a pocos pasos una infinidad de diminutas maravillas, de pequeños tesoros, se extiende sin pompa ni boato pero llena de belleza. Y simplemente tienes que pulsar el disparador: las fotos se hacen solas. Muy malo ha de ser uno para que no salgan hermosas.



Montoro de Mezquita es como un pequeño cofre de tesoros humildes; de flores, mariposas, rocas, fósiles, aves, historia. De gente, muy buena gente, como Mari Carmen, José Luís e Isabel. Y de estrellas, pero para ése tendré que esperar a otra ocasión.


jueves, 1 de agosto de 2013

La Amistad en la Hora Azul



Existe un periodo de tiempo, posterior a la puesta del Sol, en el que todo queda envuelto en una mágica luz azul que lentamente se va volviendo más y más profunda hasta fundirse en el negro de la noche cerrada. Los fotógrafos la denominan "la Hora Azul".

No creo equivocarme si afirmo que todos tenemos alguna experiencia vital memorable ligada a esa "hora". Tal vez por ello resulte tan evocadora y fascinante.

A mi hijo David le encanta ese lugar concreto. Él lo llama "el restaurante de las hadas" y pocas cosas le gustan más que dejar volar la imaginación sobre la arena mientras el crepúsculo discurre dulcemente. Claro que, ¿a qué niño no?. Y esta vez se encontró allí con una niña de carita linda y lánguida con esas mismas inclinaciones.


No sé gran cosa del encuentro; me limité a observarlo de lejos, sin intervenir. Y a fotografiarlo, claro. Sé que era de otro país, de uno lejano. Oí una conversación de sus padres y era una lengua germánica. No soy un entendido pero me pareció escandinava tal vez. Y no creo que ella supiese castellano. Pero se entendían; los niños saben hacer éso. No necesitan hablar para comprender cuando sus mentes caminan en sintonía.


 Deambularon por la playa, contemplaron el mar y el lejano faro. Fueron piratas arribando a una isla lejana. Fueron asombrados exploradores ante Venus resplandeciente. Incluso me pareció que bailaban por un momento.


Ella, tranquila, tal vez tímida, observaba a David moverse acelerado y teatral, contando en voz alta cada cosa que alcanza su imaginación como quien radiase una lluvia de estrellas en riguroso directo. Como la noche y el día, y sin embargo tan iguales.

Llegó con la puesta de Sol y marchó cuando la noche cerraba. Se despidieron junto a los focos de vivos colores que jalonaban la pasarela de madera. Sin tristeza. Supongo que porque ellos comprenden sin dificultad lo obvio: no hubo pérdida alguna por la que sentirla, sólo gozo y experiencia.


Qué sería de nosotros si la vida no nos regalase momentos como ése. Qué sería de mí si no lo tuviese a mi lado.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

AstroAyna 2012 (II): M31, segundo intento.

 
No terminó de acompañarnos la meteorología en la reunión de AstroAyna de este año de la que ya les hablé en la primera parte. Eso limitó  los experimentos que tenía previsto hacer y varió algo la elección de objetivos. En un principio no tenía previsto trabajar en una fotografía sobre M31, la Galaxia de Andrómeda, pero finalmente terminaría siendo co-protagonista.

Ha pasado ya algún tiempo desde que realizase mi primer intento sobre este espectacular objeto. El tiempo ha dado para mejorar el resultado, aunque bien es cierto que la técnica y el equipo empleado en esta ocasión son bastante más "ortodoxos" y eso ayuda. En fin, queda aun un largo camino para empezar a conseguir resultados decentes pero ya se puede establecer un evolución (a mejor, por suerte).

Datos: 6 tomas apiladas de 2 minutos cada una a ISO 800. Objetivo 80-200 F4.0
 @ 200 mm de focal y f5.6. Recortada para centrar la galaxia y reducida a 1024 px.

Les vuelvo a poner la versión v1.0, de octubre del 2011, a efectos de comparación.

Datos: 60 tomas apiladas de 5 segundos cada una a ISO 800. Objetivo 50 F1.7 
@ f2. Montura sin seguimiento. Recorte de 1024 px a resolución nativa.

Para futuras versiones creo que dejaré a un lado los ISO altos (ya ven, para la EOS 450D, ISO 800 es ISO alto ... ) porque, para tiempos de exposición de ese orden y teniendo en cuenta el alto brillo del objeto, el rango dinámico del que disfruta es demasiado limitado y se pierden detalles del núcleo de la galaxia. Y seguiré aumentando el tiempo de exposición acumulado; 6x2 minutos hacen unos escasos 12 minutos acumulados, algo demasiado miserable para esperar resultados de calidad (a partir de 1 hora ya, si eso, empezamos a hablar ... ).

Teniendo en cuenta que en las próximas semanas M31 va a ir ganando altura en el cielo nocturno, empezando con ello su temporada de observación, creo que pronto podremos lanzar la v3.0. A ver si se animan también ustedes.

martes, 21 de agosto de 2012

AstroAyna 2012 (I)


¿Comparaciones odiosas? Veamos; en primer plano mi equipo, sobre la alfombra 
verde el de Moisés Gil. El algodón no engaña ...

Bueno, ya está. He recibido mi bautismo astrofotográfico, he pasado la ceremonia de iniciación en el clan.

El pasado fin de semana hice una visita relampago a un clásico de las reuniones astronómicas de nuestro país: AstroAyna, que se celebra cada año durante la luna nueva de Agosto en las inmediaciones del pueblo albaceteño de Ayna, al suroeste de la provincia.

Digamos que me hubiese gustado sacarle más partido a la noche o ahorrarme algún que otro chiste acerca de la "potencia" de mi equipo (aunque algún gesto de admiración truncó la sorna general al ver el logotipo de Leica impreso sobre el teleobjetivo). Pero incluso los inconvenientes son importantes para crecer.

 Foto del grupo que nos reunimos la noche del 17/18 de Agosto. Todo tíos; ¿es 
que el amor a la astronomía no alumbra también a las mujeres? ... Una lástima.
Por cierto, ¿dónde está Wally? Crédito foto: Moisés Gil

Estar rodeado de expertos tiene sus ventajas. Pronto surgieron respuestas para quebraderos que me atormentaban desde hace meses respecto de los ajustes técnicos y mecánicos de mi montura. Incluso propuestas de soluciones. Hubo tiempo para ver el elevado grado de profesionalidad y conocimientos de muchos de ellos, la exquisita y escrupulosa precisión con la que trataban cada aspecto del proceso de realización de las fotografías, su rigor técnico. O el amor hacia sus "aparatitos", patente en el inmaculado aspecto de todos ellos.

Yo, de mayor, quiero ser Paulino ... o quien herede su equipo.

Una vez desplegada toda la tropa y la correspondiente "artillería", aquello tenía un aspecto impresionante. Y variopinto, dado que no solo había astrofotógrafos sino también aficionados (¿?) a la observación visual pura. Como para no serlo, claro; vean la foto panorámica. Sí, ese enorme cacharro negro del extremo de la izquierda que rivaliza sin problemas con el coche a su lado, es un telescopio. Medio metro de apertura tiene el bicho. Y no se pueden imaginar (NADIE puede) lo que es capaz de mostrar por su ocular. Me costará olvidarlo ...

Panorámica del evento. Foto: Moisés Gil.

Luego, la noche fue mas corta de lo deseado por culpa de las inevitables nubes altas que se congregan al amor de cada reunión astronómica. Debe ser que les caemos simpáticos ... Y no faltaron mis ya clásicas batallas contra el equipo (de las que, al final, resultó ser completamente inocente ... ), que limitaron aún más el tiempo útil disponible. Aún así (aunque también por pura perseverancia) nos acostamos tarde, a eso de las cuatro y pico, no mucho antes de que apareciesen las primeras luces del alba. Y al día siguiente aún hubo tiempo para una clase magistral de procesamiento de imágenes astronómicas impartida por Toni Mancera, antes de partir para Albacete a un nuevo turno de trabajo con el que rematar el agotador fin de semana

Foto: Moisés Gil.

En definitiva, fue breve pero intenso. Un punto de partida hacia un mundo complejo y apasionante. En próximas entradas, las tomas que logré reunir esa noche.


viernes, 13 de julio de 2012

Puesta de Sol en Ithaké


Ya volví de la Isla.

Ha sido una de las incursiones en lo mágico mas potentes de toda mi vida y ahora tengo una sensación extraña en el alma. No sabría describirla, de modo que no lo intentaré.

Me limiteré a dejarles aquí la foto; es bastante mas elocuente que yo.



Me ha dado por pensar que sería como una metáfora de mi despedida de la Isla. Pero resulta que no, que no es eso lo que me surge al corazón cuando la contemplo. No hay melancolía. Hay ... ¿qué se yo?. Lean esta entrada de Jordi Busqué; van por ahí los tiros.

martes, 26 de junio de 2012

Excursión al Maestrazgo turolense



A veces me parece absurdo, con la que está cayendo y lo que se avecina, hacer o tratar de fotografía o de lugares, o de pequeños placeres. Y a veces hay tantas cosas por las que gritar, tantas ganas de hacerlo, que no te sale la voz del pecho.

Pero es que también a veces es precisamente eso que dejamos por intrascendente lo que de veras tiene sentido y no ese teatro dadaísta que nos presentan cada día los medios de comunicación. El camino está mas cerca de lo primero que de lo otro.


Hay un lugar en esa Teruel olvidada de Dios en el que las piedras son mas sabias que los hombres. Un lugar en el que la vida, tenaz, se empeña en perpetuarse en ciclos inmutables sobre quien sea y pese a quien le pese. Un lugar cuyo mayor motivo de noticia es ser cuna de tormentas desde que se tiene memoria.


Una isla tierra adentro que poco a poco se va sepultando en el polvo y la ruina mientras retorna a la tierra y al cielo.


Allí encuentras valores perdidos por nuestra sociedad; que nada es lo bastante viejo para ser inútil, que siempre es posible volver a edificar lo destruido, que la tenacidad y la paciencia son herramientas mas poderosas a largo plazo que la prisa y el engreimiento.




Un día, junto a un camino, vi un tronco de madera roja y petrificada surgiendo de la arenisca fina y blanca de lo que un día fue una playa tropical en la que quedó varado allá por el Jurásico. Aquella noche vi los cielos intemporales y eternos que contemplan incluso a quien no los ve.




Ahí estaban todas aquellas cosas mucho antes de que nosotros llegásemos y permanecerán allí, impertérritas, hasta mucho después de que nos marchemos. De lo que se trata es de cuánto queremos permanecer junto a ellas.

martes, 30 de agosto de 2011

La Isla del Meridiano (II)





Allá lejos, bien lejos porque es el pedazo de tierra mas extremo al que se puede ir sin abandonar el país, está esa roca negra y roja que alguien hace mucho bautizara El Hierro. Bien podrían ser los restos flotantes de un gran meteorito que yaciese sobre el fondo del Atlántico; no sería así mas extraño ni alucinante. Su tierra, sus gentes ... Tal vez no se acuerden pero ya les conté en otra ocasión que a esa roca llamé durante año y medio mi hogar y a ella seguiré espiritualmente atado de por vida.





Cuando uno llega por vez primera se lleva inevitablemente una gran sorpresa. Tras despegar de la populosa y diversa isla de Tenerife y sobrevolar La Gomera, el avión enfila directo a la isla extrema y no es posible vislumbrarla para el pasaje hasta muy poco antes de que el aparato gire para iniciar la maniobra de aterrizaje. Y lo que ves entonces te deja atónito; una enorme roca empinada y negra envuelta en niebla en la que no se adivina lugar alguno en el que guarecer un puerto o tender un huerto. Y tampoco puedes imaginarte que exista algún lugar en el que instalar una pista en la que aterrizar. Pero como con lo demás, eso depende del humor con el que te lo tomes.

Definir al herreño y a "lo herreño" me sigue siendo imposible a día de hoy. Gentes tranquilas, pausadas hasta pasmar, afables, amables, acogedoras, reyes del "dejar hacer", amantes del comer y del beber, de los placeres mundanos y de vivir el momento. Y al mismo tiempo los mas astutos y taimados negociantes, feroces de lo suyo y tozudos como el basalto. Todo ello junto y nada de eso sino algo completamente diferente. Así que aquí lo dejo; no intentaré resumir en dos lineas lo que ni una vida entera bastaría para comprender. Volveré a lo del humor.



Porque realmente todo lo que importa es el humor con el que te lo tomes. Éso sí que me caló; pase lo que pase las cosas son exactamente como las encajes. Puedes pasar de puntillas, no ver mas que lo de fuera, tomarte la vida a la tremenda o que te duelan los pies de tanto tener que caminar. O puedes dejar que fluya, empaparte de lo que te encuentras, aprender a cada rato y, sobre todo, tomártelo con muuuucha calma. Los hechos serán los mismos; la vida no.

Les diré un par de cosas sobre el "yo" de cuando fui herreño: amé el silencio, los acantilados y el cielo estrellado (cuando me dejó). Odié el viento pesado del este, el espray salitroso y, por sobre todas las cosas, la calima de muerte. Amé el mar, los golfos, los eriales de la costa sur, la laurisilva y un par de calles y de plazas de Valverde. Odié la obsesión carnívora de sus gentes, los inmensos corredores dedicados a dulces y chucherías en los supermercados, el mar de nubes cuando tenía que estar bajo él. Amé el queso freso y las almendras crudas, los higos cuando los pillé, la ceniza volcánica y los cernícalos, y el mar de nubes cuando pude estar sobre él. Odié los derrumbamientos a pocos cientos de metros de mi casa, la soledad y la distancia cuando mi mujer y mi hijo recién nacido dormían a dosmil quilómetros, los conductores sin corazón. Y amé el Faro de Orchilla, el borde sobre el abismo del Golfo, la niebla, llegar al trabajo, al aeropuerto, poco antes del alba y parar el coche y apagar las luces en medio de la nada, pasear, respirar ...



La vida es eso, lo que vemos, lo que sentimos, lo que aprendemos por el camino. Lo bueno y lo malo. Pero solo si nos enseña algo de nosotros mismos.

Si alguna vez van a El Hierro y se sientan sobre una colada de lava a escuchar el viento, no se sorprendan si me ven a su lado. Algo de mí sigue por allí.

viernes, 4 de febrero de 2011

Caserío Benalí (I)


Incluso en esta tierra asolada por el asfalto y el cemento existen rincones únicos llenos de microcosmos secretos y espléndidos. Uno de ellos lo descubrimos hace un par de años huyendo de los "excesos de humanidad " que acontecen cada año en nuestra irredenta ciudad con ocasión de la fiesta de las fallas; el Caserío Benalí.


El caserío es una alquería de origen musulmán cuyas primeras construcciones se remontan al siglo XIII, aunque en la zona existen restos de épocas aun mas primitivas, íbero-romanos y neolíticos. Disponía antiguamente de una torre, “La Torre de Benali”, de la que hoy se aprecian parte de sus restos adosados a las viviendas cercanas, que proceden de época más reciente. Aun conserva su cementerio y una ermita dedicada a S. Antonio Abad, así como su fuente, que era abrevadero público.


Construida de tapial y sillarejo, al cuerpo central le fueron agregados los demás edificios auxiliares, cuadras y corrales más o menos abiertos. El Caserío de Benali se encuentra a 18 Km. de Enguera, en plena sierra homónima, en la parte meridional de una extensa area que ocupa las zonas altas del interior occidental de la provincia de Valencia, una zona rural y forestal poco habitada y muy mal comunicada pese a la relativa proximidad de la capital.

Otra de sus peculiaridades es la abundancia de restos marinos fósiles, en particular
conchas y caracolas, fácilmente visibles como parte integrante de las rocas areniscas.

viernes, 27 de agosto de 2010

Recuerdos del Cantábrico


Hace ya muchos años o un suspiro, cada cual que escoja su propia medida del tiempo, llegué hasta las costas del Gran Mar. Llegué con la mochila escasa de ropa (como siempre) y los ojos hambrientos de luz y de imágenes, compartiendo los pasos con mis amigos.

Compartimos un cocido montañés que aun hoy recuerdo asombrado, una carrera cuesta abajo y sin frenos en los lagos de Enol, un largo paseo en canoa por el Sella, la vieja y raída habitación de un albergue de Ribadesella que nos pareció un palacio, las cúpulas de una gran tormenta alzándose en la mañana sobre un mar en absoluta calma, una playa mutante bajo el abrazo de la inmensa marea, los negros cangrejos junto a la batiente, el color verde, los bosques brumosos, una carretera abandonada en la noche del páramo camino de Miranda de Ebro ... Pero sobre todo el azul infinito extendiéndose frente a nosotros en una brumosa mañana sobre los acantilados de la Costa de la Muerte.

El Mar, la curiosidad, el asombro, mis amigos ... ¿qué mas añadir?



Como Roy Batty, el Nexus-6 de Blade Runner (tú, Deckard, también estabas allí y recuerdas como yo cada brizna de hierba), " ... he visto cosas que vosotros nunca creeríais ..." Mis ojos se llenaron de todas esas imágenes que aun hoy permanecen frescas en el recuerdo y conforman una parte esencial del mosaico de mi vida. Aquel mar me impactó al enseñarme el sentido de lo inconcebible. Cambió mi alma con su bramido profundo y quedo.



Son apenas un par de royos de película, uno en color y otro en blanco y negro, todo lo que yo podía comprar con mi exiguos ingresos. Cada foto de ellos lleva mi alma cargada porque no había posibilidad de un segundo intento y tenía que capturar todo aquel asombro en apenas 48 instantáneas. Son pura intuición, puro dejarse llevar, sin técnica, sin conocimientos, sin experiencia, sin medios. Todo lo demás lo hizo mi vieja querida Pentax K1000 con su objetivo estándar de 50 mm a f:2, una cámara que compré de saldo y que me ha enseñado casi todo lo que sé (que no es mucho) de fotografía.