"Háblame, oh Musa, y cuéntame del hábil varón que en su largo extravío, tras haber arrasado la

sagrada ciudadela de Ilión, conoció las ciudades y el ingenio de innumerables gentes".

Homero
, Odisea, Canto I



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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Montoro de Mezquita: regalos de lluvia y otros pequeños tesoros


 El valle del Guadalope a su paso por Montoro de Mezquita, encajonado entre dos estrechas gargantas
 que lo cierran como a un pequeño cofre.

 Siempre que viajo a Montoro de Mezquita, un pequeño pueblo en el noroeste del Maestrazgo de Teruel, mi prioridad es la fotografía de las estrellas. No en balde sus cielos son de los de mejor calidad de toda la península por su bajo nivel de contaminación luminosa. Pero a veces los planes se tuercen y el cielo se cierra a cal y canto y te deja con el equipo compuesto sin llegar a poderlo sacar del maletero.


Pero a veces, si no te empeñas en lamentarte y dejas que tus ojos deambulen lenta y libremente, descubres que a pocos pasos una infinidad de diminutas maravillas, de pequeños tesoros, se extiende sin pompa ni boato pero llena de belleza. Y simplemente tienes que pulsar el disparador: las fotos se hacen solas. Muy malo ha de ser uno para que no salgan hermosas.



Montoro de Mezquita es como un pequeño cofre de tesoros humildes; de flores, mariposas, rocas, fósiles, aves, historia. De gente, muy buena gente, como Mari Carmen, José Luís e Isabel. Y de estrellas, pero para ése tendré que esperar a otra ocasión.


martes, 26 de junio de 2012

Excursión al Maestrazgo turolense



A veces me parece absurdo, con la que está cayendo y lo que se avecina, hacer o tratar de fotografía o de lugares, o de pequeños placeres. Y a veces hay tantas cosas por las que gritar, tantas ganas de hacerlo, que no te sale la voz del pecho.

Pero es que también a veces es precisamente eso que dejamos por intrascendente lo que de veras tiene sentido y no ese teatro dadaísta que nos presentan cada día los medios de comunicación. El camino está mas cerca de lo primero que de lo otro.


Hay un lugar en esa Teruel olvidada de Dios en el que las piedras son mas sabias que los hombres. Un lugar en el que la vida, tenaz, se empeña en perpetuarse en ciclos inmutables sobre quien sea y pese a quien le pese. Un lugar cuyo mayor motivo de noticia es ser cuna de tormentas desde que se tiene memoria.


Una isla tierra adentro que poco a poco se va sepultando en el polvo y la ruina mientras retorna a la tierra y al cielo.


Allí encuentras valores perdidos por nuestra sociedad; que nada es lo bastante viejo para ser inútil, que siempre es posible volver a edificar lo destruido, que la tenacidad y la paciencia son herramientas mas poderosas a largo plazo que la prisa y el engreimiento.




Un día, junto a un camino, vi un tronco de madera roja y petrificada surgiendo de la arenisca fina y blanca de lo que un día fue una playa tropical en la que quedó varado allá por el Jurásico. Aquella noche vi los cielos intemporales y eternos que contemplan incluso a quien no los ve.




Ahí estaban todas aquellas cosas mucho antes de que nosotros llegásemos y permanecerán allí, impertérritas, hasta mucho después de que nos marchemos. De lo que se trata es de cuánto queremos permanecer junto a ellas.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Antes de que las libélulas vuelen al exilio.




Anoche soñé que mi padre estaba vivo,
pescabamos juntos en el río.

Como aquella vez, a mediados de verano,
que de niños nos bañamos en el río.
Él, que fue testigo, generacion tras generación,
no verá a mis hijos.

En el rio, las libélulas volaron al exilio.
En el río, de su cauce ha quedado solo un hilo.
Y ese hilo grita: asesinos.

Anoche soñé que nadando río abajo
yo llegaba hasta el mar.
Y te vi al pasar sonriendo en una orilla.
Te llamaba pero no me oías.

Él, que fue testigo, generación tras generación,
se fué contigo.

En el río, las libélulas volaron al exilio.
En el río, de su cauce ha quedado solo un hilo.
Y ese hilo grita: asesinos.

Cuando el sol se hunde y cede el cielo al crepúsculo,
el atardecer cede el río a las luciernagas.
Miles de brillantes ojos lo observaban todo.
Y ahora estás tan solo ... ¿Dónde han ido?
Te han dejado abandonado y malherido.

No quiero mirar; 
me averguenzo de lo que han hecho contigo.

En el río, las libélulas volaron al exilio.
Hoy el río grita: asesinos. 

"En el río", del álbum Pájaros en la cabeza, Amaral (EMI, 2005)


Aun podemos evitar que todas vuelen al exilio si todos gritamos; asesinos. De lo contrario ¿con qué palabras se lo explicaremos a nuestros hijos?


lunes, 6 de junio de 2011

Oceanika


Retorno breve, casi fugazmente, de mi retiro espiritual para compartir con ustedes esta especie de experimento. En gran medida son fotos muy introspectivas ... de acuario, eso sí; no piensen que me he lanzado a la fotografía submarina (ya quisiera yo).

Traten de sintonizar mentalmente. ¿Sienten como ondula el universo?

Otro día, mas.





P.D.: Verán que también he creado una nueva "firma". No estoy seguro de si quedarme con ese diseño o seguir buscando. ¿Ustedes qué opinan?

sábado, 11 de septiembre de 2010

Sargantanas



No es que yo sea precisamente un especialista en fotografía de la naturaleza. Y si para colmo escoges como modelo a una lagartija y te esperas a mediodía para retratarla pues, bueno, terminas haciendo mucho el ridículo. Pero aparte de lo absurdo que puedo resultar tomando decisiones, soy muy cabezota.

A esta belleza turquesa/esmeralda la conocí en Ithaké. Ella y sus congéneres son sus mas legítimos moradores o al menos los mas antiguos. Su nombre científico es Podarcis pityusensis formenterae, un nombre farragoso que no hace honor a tan grácil criatura. Son ágiles, rápidas, acrobáticas, curiosas, simpáticas y provocativas.


A veces, cuando salía al borde del camino a contemplar el bosquecillo de pinos bajo el Sol de mediodía, miraba arriba y abajo por si llegaba algún italiano en motocicleta. Y entonces veía en el muro de piedra una multitud de ojillos atentos, todos ellos clavados en mí. Esa misma naturaleza curiosa y osada les valió tener que apresurarse no pocas veces para no ser atrapadas por mi pequeño y fascinado hijo, con el que a menudo bajaba por el camino en su búsqueda.


Un día al fin me decidí y puse manos a la obra en el empeño de cazarlas con mi cámara. Corrí, escalé, repté y al fin alguna conseguí fotografiar. Descubrí que las sargantanas cuando se ven acosadas son capaces de correr y saltar como los gatos y que a veces chillan. Fue una agotadora experiencia bajo el Sol de julio. Pero valió la pena. Y no porque las fotos sean gran cosa, sino porque son las primeras. Eso sí, la próxima vez mejor bien de mañanita ...

jueves, 12 de agosto de 2010

El erizo, el astrónomo, los caracoles y las espirales.

Ya lo referí en otra ocasión; la concha de un caracol es un asunto de lo mas delicado ...

El erizo me hizo notar que aunque bajo el Sol hacía mucho calor la brisa era fresca y agradable. Eso es importante si eres un astrónomo escribiendo fórmulas en un papel. Así que me invitó a compartir la sombra de una higuera. Luego continuó con su disertación.

"Toma un número -dijo el erizo-, súmale uno y divídelo por sí mismo. Si el resultado es el mismo número que tomaste, entonces te hayas en presencia del Número Sagrado".
"¿Y por qué es sagrado?" -pregunté incauto-.
"¿Me tomas por estúpido? Pregúntale a los caracoles. Yo estoy demasiado ocupado con mis teoremas" -y dio por concluida la conversación.


Me fui de allí sentado en una silla de anea azul, deambulando ociosamente tras unas abubillas que me miraban con creciente indignación. Son criaturas muy estiradas y pomposas las abubillas.

Cambié de tercio (y de silla) para no seguir incomodándoles pero el mediodía andaba en pleno apogeo y no llegué muy lejos. De la higuera pasé a una sabina a la que unas alegres lagartijas me habían invitado. Y no puedo negar que fuera una visita interesante y productiva; ¿sabían ustedes que las lagartijas trepan a los árboles y saltan de rama en rama como las ardillas? Pero me estoy desviando del tema ...

Entonces, si tomamos un número "a" y lo multiplicamos por el número "sagrado" del erizo, y luego al número así obtenido, "b", le sumamos el primero, el resultado de esa suma (o sea, "a+b") guardará la misma proporción respecto a "b" que "b" guardaba respecto a "a". Fantástico ... pero, ¿por qué?. Tal vez por eso dice el erizo que es sagrado ...


Debí de poner una cara tan estúpida al tener esa revelación que un coro de conejos se partió de risa a mi costa. Pensé, indignado al notarlo, que no tenían razón alguna para el cachondeo esa panda de lagomorfos que no sabían hacer la "o" con un canuto y perdían sistemáticamente al ajedrez con el autillo todas las puñeteras noches. Comprensiva, una lagartija me sacó la lengua y me dio unas palmadas en la espalda. "Ya lo entenderás, ya", dijo.

La lagartija me dio la dirección del lirón careto, un tipo de lo más profesional (¡pese a ser matemático!) y mucho más simpático que el erizo. Sus únicos defectos eran sus costumbres noctámbulas y sus modales en la mesa. Pero a esas alturas no estaba para exquisiteces. Para mi sorpresa aquél redundó en lo dicho por el erizo, que preguntase a los caracoles, y se brindó a acompañarme. Porque no es tarea fácil.


"Nada impide -dijo el lirón mientras caminábamos- que tanto "a" como "b" puedan ser segmentos o incluso figuras geométricas de dimensión definida, sea su radio, su perímetro, su área, su volumen, ..."
"¿Se puede, pues, generalizar a n-dimensiones, por ejemplo a hipervolúmenes de 4 o más dimensiones?" -pregunté.
"Claro, por supuesto" -respondió.
"¿Incluso a un espacio de Minkovsky, al "espacio-tiempo" relativista, tomando también el tiempo como dimensión en la que se produce la progresión?" -insistí.
"Bueno, si te place ... Pero ¿no preferirías sobre una cinta de Möbius? El resultado es de colores ...".

Entonces llegamos a los caracoles, que estaban enterrados en tierra y ellos me contaron que si cogía el extremo de su caparazón con la mano y me dejaba deslizar hacia dentro cada media curva el radio se reduciría en la justa proporción del número "sagrado", de tal modo que al completar los 360 grado, en lugar de volver al punto inicial me encontraría mas cerca del centro en la misma proporción en la que los radio se habían reducido, y nuevamente en la siguiente curva sucedería los mismo, y lo mismo en la siguiente y así, ... "¿hasta el infinito?", le espeté. "No, por supuesto. Mucho antes habrás llegado al Cosmos que se oculta en su interior" -contestó el caracol. "Entonces, ¿cada concha que hay en la tierra de este huerto es un Universo?", dije asombrado. "No. Pero son los caminos que conducen hasta ellos. No obstante ten cuidado. Las conchas de las almejas no te valen; ésas guardan secretos mas profundos y complejos". Pero a esas alturas ya no le escuchaba; solo pensaba en cuántos ilimitados universos cabrían en aquel pequeño huerto.


P.D.: A ver quién sabe de que narices estoy hablando ...

lunes, 12 de julio de 2010

Una vez tuve un gato que se llamaba Pón ...

Una vez, en una isla apartada, compartí vida y casa con un gato. Fue una decisión de mutuo acuerdo, un contrato de colaboración o lo que podríamos denominar "una relación sin ataduras". Pero aun así me dejó huella. "Pón" es su nombre.


Pón fue el único superviviente de una familia numerosa. Él y sus ocho hermanos quedaron huérfanos o fueron abandonados con apenas unas semanas de vida, y cuando Penélope y yo los encontramos ya llevaban algunos días solos. Varios de ellos estaban muy enfermos y todos ellos desnutridos. Pero incluso así desconfiaban de nosotros cuando les ofrecimos un platito con leche y migas de pan. Y de todos, los que mas desconfiaban eran dos preciosos cachorros, una gatita y un gatito, uno negro y blanco y el otro blanco y anaranjado.

Con el paso de los días uno a uno fueron desapareciendo hasta que solo quedaron dos; aquellos que desde el principio se mostraron mas desconfiados, ariscos y atentos. Con mucha paciencia fuimos mejorando su estado de salud y haciéndonos con su confianza hasta que terminaron por hacer de nuestro jardín su base de operaciones. Ese día Penélope decidió bautizarlos: Pín y Pón.

Dormían entre las plantas, junto al tronco de un arbolito, bien arrebujados entre las hojas caídas, y durante el día jugaban y exploraban por los alrededores. Eran muy independientes y la primera vez que entraron en casa fue durante el huracán que azotó la isla en febrero de 2008. Entonces, poco después, un coche atropelló a Pín y nuestro gato se quedó definitivamente solo.


Durante mas de un año Pón nos acompañó. Estuvo junto a nosotros mientras nuestro hijo crecía en el vientre de Penélope y fue el primero en intuir su palpitar. Fue quién cuidó de ellos cuando yo me ausentaba, y luego, cuando ella marchó de la isla para pasar los meses finales de su embarazo junto a su familia, fue mi compañero, el que me esperaba a la puerta cuando volvía de trabajar, el que aguardaba junto a la ventana en la madrugada a que yo me despertara, el que dormitaba plácidamente junto a mí en el sillón mientras caía la noche sobre la isla.

En todo ese tiempo creció, aprendió a cazar y a sobrevivir por sí mismo, a hacerse respetar por los demás gatos de los contornos, pero siempre volvía un ratito al día para dejarse querer y nunca perdió su carácter manso, juguetón y afable conmigo.


Poco antes de que me fuese de la isla, casi como si intuyese la despedida, Pón trasladó su territorio y se instaló en unos chalets mas cerca del mar, no lejos de un pequeño restaurante. Días antes de mi partida lo vi por última vez y me despedí. Era al amanecer, junto a unos contenedores.

Es un gato precioso mi gato.