A veces ocurre que las cosas que se pueden torcer se tuercen por completo. Es la conocida Ley de Murphy en su versión "astronómica" (el corolario de no-se-quien): todo acontecimiento astronómico se convierte al instante en un gran atractor de nubes. Y certifico que al menos esa vez se cumplió a rajatabla.
Hacía tiempo que no había tenido el inmenso placer de asistir a un máximo de las Perseidas desde un lugar de observación decente. Y ahora que tenía equipo y conocimientos como para aprovechar el evento y tratar de fotografiarlo, la ocasión la pintaban calva. Traté de organizar una observación compartida con mis amigos, preparé equipo y técnicas, busqué la ubicación mas adecuada (dentro de lo razonable), recopilé información, organicé planings y me dispuse a sacrificar una noche de sueño. Y entonces, cuando todo estaba listo, poco a poco empezó a desmoronarse.
La incompatibilidad de agendas me dejó huérfano de mis amigos, los gremlings de la informática sin el necesario programa de procesado y el inclemente dios de la meteorología (del que soy devoto y diligente oficiante) sin nada que observar ni fotografiar. Otro año será, aunque éste era el bueno porque la Luna estaba en fase nueva y las condiciones hubieran sido las óptimas.
Me queda el consuelo de haber podido ver (y fotografiar por pura casualidad) al menos el preludio a finales de Julio desde Ithaké. Les dejo la mejor de las fotos que saqué, aunque creo que el meteoro en cuestión no es una perseida sino una kappa-cígnida. Qué le vamos a hacer ...