"Háblame, oh Musa, y cuéntame del hábil varón que en su largo extravío, tras haber arrasado la

sagrada ciudadela de Ilión, conoció las ciudades y el ingenio de innumerables gentes".

Homero
, Odisea, Canto I



miércoles, 7 de abril de 2010

De la naturaleza dual de las cosas

Dicen los creyentes en la astrología que el alma de los nacidos bajo el signo de Géminis presenta dos caras. Pero hasta donde yo sé ¿es que hay siquiera una sola cosa en este mundo que no las tenga?. Nada es lo que parece o al menos nada es tan simple como para caber en una sola palabra.

Sencillamente, sin aspavientos, la trepadora me muestra sus púas y garfios, de los que se vale cuando de sujetarse se trata. Y al mismo tiempo despliega la grácil sutileza de sus zarzillos con los que se sujeta para seguir subiendo por su huésped. Esas dos facetas son complementarias y suplementarias la una de la otra; cada una hace cosas que la otra no podría y las dos juntas hacen mejor cada una de esas cosas de lo que lo harían de estar solas.



Tendemos a pensar que la competición es una vía para que la mejor de las alternativas termine triunfando y que la existencia de diferencias es un indicativo de que la naturaleza muestra preferencia por esa manera de actuar (“me diferencio luego compito “, parodiando a Sócrates). Pero en cuanto observamos la naturaleza con detenimiento rápidamente percibimos que en numerosas ocasiones explota la complementariedad y la colaboración: dos ondas en fase forman una nueva (resonancia constructiva) que es mayor que la suma de ellas; la existencia de dos sexos aumenta la capacidad de las especies de explorar nuevos caminos evolutivos que con uno solo hubiese acontecido únicamente tras un número mucho mayor de generaciones; la vida en comunidad incrementó las posibilidades de supervivencia de nuestro árbol genealógico (los homínidos), permitiendo y estimulando el desarrollo de la inteligencia. Hay tantos ejemplos …

Pero vivimos sumidos en la idolatría de la competitividad. Creemos que todo progreso procede de la competencia hasta el punto de conceder al ganador el derecho a imponer su voluntad. Olvidamos que hemos llegado hasta aquí todos juntos.

Que yo le pueda seguir enseñando a mi hijo las sutiles complejidades de las trepadoras depende de que aprendamos la importancia y las ventajas de la colaboración. Para que quién decida si ese rincón lo ocupa la trepadora o un ladrillo no sea quien tenga la fuerza para imponerlo.

3 comentarios:

  1. Que mala gente que no comenta nada! Le voy a tener que decir a David que le escriba algo a su papá!!! jejeje

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  2. Efectivamente Josep. No conocía la planta y la había denominado trepadora sin más, refiriéndome no a la especie sino a la cualidad.

    No soy un gran conocedor del mundo de la botánica por lo que agradezco mucho tu apunte. Para otra vez no las confundo. Prometido.

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