"Háblame, oh Musa, y cuéntame del hábil varón que en su largo extravío, tras haber arrasado la

sagrada ciudadela de Ilión, conoció las ciudades y el ingenio de innumerables gentes".

Homero
, Odisea, Canto I



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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Montoro de Mezquita: regalos de lluvia y otros pequeños tesoros


 El valle del Guadalope a su paso por Montoro de Mezquita, encajonado entre dos estrechas gargantas
 que lo cierran como a un pequeño cofre.

 Siempre que viajo a Montoro de Mezquita, un pequeño pueblo en el noroeste del Maestrazgo de Teruel, mi prioridad es la fotografía de las estrellas. No en balde sus cielos son de los de mejor calidad de toda la península por su bajo nivel de contaminación luminosa. Pero a veces los planes se tuercen y el cielo se cierra a cal y canto y te deja con el equipo compuesto sin llegar a poderlo sacar del maletero.


Pero a veces, si no te empeñas en lamentarte y dejas que tus ojos deambulen lenta y libremente, descubres que a pocos pasos una infinidad de diminutas maravillas, de pequeños tesoros, se extiende sin pompa ni boato pero llena de belleza. Y simplemente tienes que pulsar el disparador: las fotos se hacen solas. Muy malo ha de ser uno para que no salgan hermosas.



Montoro de Mezquita es como un pequeño cofre de tesoros humildes; de flores, mariposas, rocas, fósiles, aves, historia. De gente, muy buena gente, como Mari Carmen, José Luís e Isabel. Y de estrellas, pero para ése tendré que esperar a otra ocasión.


miércoles, 2 de noviembre de 2011

Soles en explosión


"He visto a las estrellas nacer y las he visto morir. He visto soles en explosión"




Cuando una estrella de masa pequeña o moderada se acerca al final de su vida como estrella de la Secuencia Principal, se inflama y empieza a desprender sus capas exteriores. Esta etapa, conocida como de "Gigante Roja", la hace crecer hasta ocupar un volumen miles de veces superior al que tenía durante su vida normal, enrareciendo y enfriando sus capas externas (motivo por el cual se vuelve roja). Hasta tal punto que su propio viento estelar termina por arrancarlas a jirones y proyectarlas al espacio interestelar.

Desde lejos, esas capas arrancadas, excitadas por la radiación de la anciana estrella y por el impacto con el medio interestelar, se nos muestras como caparazones multicolores mas o menos esféricos a los que denominamos "Nebulosa Planetaria". Millones de años mas tarde esos restos serán semilla de nuevos mundos. 


El Cosmos parece tener la extraña propiedad de repetirse a cada escala. Lo muy grande y lo muy pequeño, lo eterno y lo efímero, no son mas que facetas de un mismo orden.


miércoles, 24 de agosto de 2011

El trigal después de la tormenta


Los días ardientes de agosto todo lo aplastan bajo el calor sofocante. Todo es ocre y marrón y el cielo parece deslustrado por un velo blanquecino incluso aunque esté despejado. Pero aun queda el recuerdo de la primavera .

El día amaneció tormentoso y plomizo. Pero entonces, en mitad de la nada gris, el cielo se rasga, surge un Sol aun muy bajo y todo estalla de colores rabiosos. El trigal es una alucinación, un viaje pancromático y metafísico ...





Hoy estoy un poco hippie ...


jueves, 21 de octubre de 2010

Flowers



Como no solo de astros se alimenta el alma humana, hoy toca hacer una entrada como ésta. Hoy no hablaré de paisajes, no les contaré extraños relatos ni abrumaré con aspectos técnicos ni reflexiones. Hoy simplemente les mostraré flores. Flores humildes de plantas humildes encontradas en lugares humildes.


Habré de hacerles notar, sin embargo, que a mi modo de ver la belleza simple y sin pretensiones de estas pequeñas flores es belleza auténtica. Me refiero que a diferencia de la belleza pomposa de las flores famosas, la belleza humilde de éstas es mucho mas auténtica y universal. Solo que no tendemos a reparar en ella.


Pero todo esto es simple divagar porque en el fondo lo único que pretendía, por esta vez, era mostrarles estas fotos. Simplemente porque me apetece.

Al final va a resultar que soy un sentimental.

miércoles, 7 de abril de 2010

De la naturaleza dual de las cosas

Dicen los creyentes en la astrología que el alma de los nacidos bajo el signo de Géminis presenta dos caras. Pero hasta donde yo sé ¿es que hay siquiera una sola cosa en este mundo que no las tenga?. Nada es lo que parece o al menos nada es tan simple como para caber en una sola palabra.

Sencillamente, sin aspavientos, la trepadora me muestra sus púas y garfios, de los que se vale cuando de sujetarse se trata. Y al mismo tiempo despliega la grácil sutileza de sus zarzillos con los que se sujeta para seguir subiendo por su huésped. Esas dos facetas son complementarias y suplementarias la una de la otra; cada una hace cosas que la otra no podría y las dos juntas hacen mejor cada una de esas cosas de lo que lo harían de estar solas.



Tendemos a pensar que la competición es una vía para que la mejor de las alternativas termine triunfando y que la existencia de diferencias es un indicativo de que la naturaleza muestra preferencia por esa manera de actuar (“me diferencio luego compito “, parodiando a Sócrates). Pero en cuanto observamos la naturaleza con detenimiento rápidamente percibimos que en numerosas ocasiones explota la complementariedad y la colaboración: dos ondas en fase forman una nueva (resonancia constructiva) que es mayor que la suma de ellas; la existencia de dos sexos aumenta la capacidad de las especies de explorar nuevos caminos evolutivos que con uno solo hubiese acontecido únicamente tras un número mucho mayor de generaciones; la vida en comunidad incrementó las posibilidades de supervivencia de nuestro árbol genealógico (los homínidos), permitiendo y estimulando el desarrollo de la inteligencia. Hay tantos ejemplos …

Pero vivimos sumidos en la idolatría de la competitividad. Creemos que todo progreso procede de la competencia hasta el punto de conceder al ganador el derecho a imponer su voluntad. Olvidamos que hemos llegado hasta aquí todos juntos.

Que yo le pueda seguir enseñando a mi hijo las sutiles complejidades de las trepadoras depende de que aprendamos la importancia y las ventajas de la colaboración. Para que quién decida si ese rincón lo ocupa la trepadora o un ladrillo no sea quien tenga la fuerza para imponerlo.