"Háblame, oh Musa, y cuéntame del hábil varón que en su largo extravío, tras haber arrasado la

sagrada ciudadela de Ilión, conoció las ciudades y el ingenio de innumerables gentes".

Homero
, Odisea, Canto I



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martes, 13 de diciembre de 2011

La belleza del Mundo


Que el mundo es hermoso es algo que está fuera de duda. Y sin embargo, a menudo resulta muy difícil no quedarse sin palabras ante lo que pone frente a nuestros ojos (o lo que trata de ocultarles, a veces). Es increíble que nunca deje de sorprendernos.

Crédito de la imagen: NASA / MODIS Team.

Esta imagen de satélite corresponde a la erupción submarina de El Hierro. No es nueva, pues fue tomada el pasado 23 de Octubre, pero la he descubierto hoy repasando el servicio de monitorización de la erupción que se ofrece con la colaboración de la NASA. Lo sigo a menudo porque me unen fuertes lazos sentimentales y vivenciales con esta maravillosa isla del archipiélago de las Canarias. Y hay en mí una mezcla de preocupación y maravilla ante lo que allí está sucediendo. A menudo siento que me gustaría volver a estar allí para asistir, para ser parte integrante (por qué no decirlo) de algo tan increíble y excitante.

Trataría de describir lo que se ve en ella (que aporta una rica y variada cantidad de datos científicos) pero paso: la comparto por una simple cuestión de gozo estético. Y como una pequeña forma de homenaje a la que fue mi casa durante una pequeña parte de mi vida y que llevaré siempre en el corazón.


P.D.: A todo esto, hoy mismo Canadá anuncia que abandona el Protocolo de Kyoto. No nos merecemos tanta belleza ...

lunes, 28 de noviembre de 2011

El Pequeño Astronauta


El Pequeño Astronauta surgió de algún diminuto asteroide mas allá de Saturno, tomó altura dulcemente e inició la gran y suave curva que le llevaría hasta la Tierra. Su minúscula cápsula dejó atrás los hielos antiguos, la oscuridad eterna, la quietud sin tiempo. Casi imperceptiblemente.

Apenas un rumor sordo, una luz tenue y rojiza en su interior. Paciente, en silencio; va a casa soñoliento. La lejana luz del Sol, un reflejo blanco y azul, le despertaron. El momento había llegado. Pero el tiempo se alarga hasta hacerse infinito en la inimaginable singladura de su órbita de transferencia. Recorre la elipse casi parado.

Ve Saturno a lo lejos y la luz lo arrulla reflejada en sus anillos. Ve el correr de sus lunas como de manecillas de un gran reloj cósmico y a cada paso la inmensidad de tinieblas se quiebra poco a poco bajo su esfera como la helada costra de un estanque en invierno, dejando que la luz la venza.

Pasa junto al enorme Júpiter, saludando sus tempestades, esquivando su prole. Luego una miríada de pequeños mundos apenas distinguible. Y luego Marte.

El Sol ya empezaba a caldear cuando una tenue brisa, apenas una ráfaga sin importancia, lo separa de su trayectoria, lo deja sin comunicaciones. Un mundo que apenas lo espera ya no lo escucha. Su señal se hace débil, el silencio lo va envolviendo todo.

Pasa junto a la Luna apenas creciente y sigue luego hacia la gran esfera azul. Se aproxima a la cuna, la ve hacerse grande a cada momento, tan cerca y tan lejos por el capricho de apenas un grado. Su curva se retuerce como si quisiera ceñir aquel mundo, como si quisiera alcanzar la línea misma de su horizonte con la grácil pirueta de una bailarina. Pero no es cierto; la volteará y saldrá despedido. No conocerá el rumor del mar al romper las olas sobre la playa.

Tiene el mundo apenas a un suspiro, inmenso, ocupando la mitad del orbe junto a él. Ve los mares y las tierras, las nubes, las montañas. Ve bosques y desiertos, contempla ciudades prendidas de luz en la noche, extensas y delicadas borrascas sobre los océanos, las sombras alargadas de las cordilleras sobre la planicie a sus pies. Siente la vida borboteante, palpitante. En su perigeo pasa sobre el Mediterráneo y ve un barco surcándolo y una isla al fondo, hacia la que se dirige, y en ella torres de piedra sobre los acantilados, y sobre ellas pájaros majestuosos. Luego la curva recupera altura, el mundo gira y, lentamente, se aleja. En silencio.

Se adentra en el reino del Sol. Su inmensa curva no se detendrá, seguirá imperturbable. Lo acercará primero a la luz y luego lo volverá a sumergir en las tinieblas. Contemplará el suceder de las eras, sabrá del discurrir de los eones.

En silencio, el Pequeño Astronauta se durmió, acurrucado bajo la menguante luz rojiza. No despertará; las estrellas besaron su dulce frente.


martes, 12 de abril de 2011

"Ya no puedo escuchar la Tierra. Me adentro en la oscuridad ... " (*)



Cartel conmemorativo, obra de Yui Black en rigurosa exclusiva
para este humilde blog, que refleja a la perfección el riesgo
y la osadía de lo que ocurrió aquella mañana de primavera.


Aquel 12 de abril de 1961, camino de la rampa de lanzamiento, Yuri Gagarin era consciente de que posiblemente estaba a punto de emprender el último viaje de su vida y que la muerte tal vez le aguardase a menos de cinco horas. De hecho estimaba en alrededor de un 50% sus posibilidades de sobrevivir a aquel vuelo. No en balde, el cúmulo de potenciales fallos letales era enorme.

Hacía menos de cuatro años que se habían lanzado el primer satélite artificial (4 de octubre de 1957) y el primer ser vivo a la órbita terrestre (la querida perrita Laika, en el Sputnik 2, el 3 de noviembre de 1957); demasiado poco tiempo como para que la tecnología implicada estuviese lo suficientemente probada, pero la política manda ...

Y no es para menos. Si pensamos en ello un poquito nos daremos cuenta de que el viaje al espacio es poco menos que un triple salto mortal sobre el filo de un cuchillo. Desde el lanzamiento, que consiste aproximadamente en dejar que uno de los mayores artefactos explosivos (al menos potencialmente) jamas construido entre en ignición bajo tus posaderas, hasta el descenso, una caída mas o menos controlada desde mas de 300 km de altura, pasando por sobrevivir al entorno hostil de la órbita terrestre, en un vacío casi total, con cambios extremos de temperatura y bañado en radiaciones de origen diverso. Incontables factores implicados, demasiados resquicios para las averías, los defectos, los fallos, la mala fortuna o los errores.

Hoy nos parece trivial, poco menos que excursiones de rutina, pero la exploración del espacio es uno de los ejercicios mas arriesgados a los que se ha enfrentado el ser humano. Y en consecuencia uno de los mayores exponentes de la capacidad de nuestra especie para afrontar retos imposibles y superarlos.

Yuri A. Gagarin, el ser humano; alcohólico, mujeriego, soñador, padre, ...
Imperfecto y heroico. Frágil en suma. (Fuente: Wikipedia)

Hace ya 50 años del vuelo de Gagarin y sigue siendo fundamentalmente así, como lo demuestran los tristes accidentes del Challenger (28 de enero de 1986) y del Columbia (1 de febrero de 2003). Aunque nos cueste aceptarlo, el máximo exponente de nuestra capacidad tecnológica demuestra que estamos lejos de ser dioses, que no somos inmunes al azar y al desastre, que a fin de cuentas somos frágiles. Y que por ello deberíamos de amar mas la vida y el mundo, ese planeta del que el propio Yuri Alexeievich dijo, mientras lo circundaba en el vacío, "Pobladores del mundo, salvaguardemos esta belleza, no la destruyamos".

* * *

Hace unos meses encargue a Yui Black un cartel para conmemorar desde el blog el aniversario del vuelo del Vostok I. No puedo por menos que hacer notar el gran trabajo de un gran diseñador, que ha sabido plasmar con intensidad dramática la fragilidad de la que hablo en el post.

Desmarcándose de la iconografía mas habitual (aunque siguiendo un delicioso estilo retro inspirado en el cartelismo soviético), que se centra en la figura hierática plasmada en las fotografías oficiales que el régimen soviético ofreció del primer cosmonauta, en las que no se reflejan ni el riesgo, ni la humana duda (ni por tanto la verdadera heroicidad del evento), él ha recogido la esencia real de aquel logro. Aunque en realidad Gagarin nunca salió de la cápsula, ésta forma de retratarlo refleja mas fielmente el reto, la soledad, la escasa distancia que lo separaba de la muerte, el débil cordón que lo mantenía a salvo a través de la tecnología de su nave.


Les recomiendo encarecidamente que se pasen por su blog para poder descubrir las fases creativas que siguió para alcanzar el diseño final (y que le he rogado que plasmase en una entrada al efecto). Les aseguro que no quedarán decepcionados.


(*): Frase pronunciada por Yuri Gagarin al alcanzar la órbita de la Tierra. Se puede consultar la transcripción de las conversaciones entre Gagarin y el Centro de Control aquí (Yuriesfera.net)

sábado, 19 de junio de 2010

La Voz Dulce se ha ido



Los grandes hombres, los de verdad, abundan menos que las perlas negras. Y ayer nos abandonó uno de ellos.

José Saramago era uno de esos pocos que tienen un sueño, una idea del mundo y de los hombres, y que la mantienen con todas sus consecuencias. Y a diferencia de la vulgaridad dominante, su visión de los seres humanos no era cínica.

Él creía en la capacidad de todos los ciudadanos, por simples y sencillos que fuesen, de hacer cosas extraordinarias y cambiar el mundo. Creía que el amor, la ternura y la compasión son fuerzas capaces de doblegar al egoísmo y la injusticia. Ninguno de sus personajes fue un guerrero pero todos eran luchadores. Como él, que nunca dejo de alzar su voz para representar a los que la tenían negada, para alertar contra las injusticias, para luchar por las víctimas inocentes. Aunque ello le reportase enemigos, algunos de ellos poderosos.

Él fue un maestro. Junto con un pequeño puñado de hombres, con sus obras, con sus actos, me enseñó el valor y la importancia de los ideales y del compromiso con ellos. Le debo, le debemos, mucho. Demasiado para no dedicarle estas palabras. Demasiado para no seguir luchando, no seguir creyendo, no seguir alzando la voz y recoger el testigo.