"Háblame, oh Musa, y cuéntame del hábil varón que en su largo extravío, tras haber arrasado la

sagrada ciudadela de Ilión, conoció las ciudades y el ingenio de innumerables gentes".

Homero
, Odisea, Canto I



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lunes, 2 de enero de 2012

Formas de empezar un año


Ya les conté hace solo unos días unas cuantas formas de acabar un año. Hoy les contaré un par sobre cómo empezarlo.

La primera es bien potente: creando.

Mucha gente, poco antes de las campanadas de fin de año, hace solemne acto de compromiso y se encomienda a sí mismo la "ineludible" obligación de cumplir una serie de loables propósitos. Algunos, sin embargo, deciden saltarse la ceremonia y comienzan el año realizando directamente alguno de ellos. Mi pareja, por ejemplo, llevaba desde hace tiempo con la idea de desarrollar un proyecto que le rondaba la cabeza; crear una pequeña tienda on-line de productos de maternidad consciente y lo que se conoce como "crianza con apego", un concepto sobre la maternidad/paternidad que ambos compartimos y disfrutamos. ¿Y para qué esperar mas? Primero de enero y tienda inaugurada. Se ríe de la crisis pero es que el futuro es de los que se arriesgan.

"Hasta la Luna y vuelta" la ha llamado. Bonito, ¿no?

 Diseño del logo: Khaos Studio

Es un proyecto especialmente ilusionante porque ha tratado de ser muy coherente con su (nuestra) forma de pensar y ver el mundo, de modo que le ha dado prioridad, en la medida de lo posible, a la producción ecológica y al pequeño productor artesano y local, la fabricación propia y la cooperación con otros. Lo que convierte su proyecto también en el proyecto de muchos. Si se dan un paseo por ella seguro que les gustará. Es aun chiquita pero poco a poco irá creciendo.

La otra forma que les propongo es mucho mas humilde; experimentando. Por ejemplo los pros y los contras de algunas técnicas fotográficas. O de formas expresivas. Es mi caso y el de esta foto.


No es mas que una primera aproximación a una técnica, el HDR o "Alto Rango Dinámico", que a mí personalmente siempre me ha dado cierto repelús (en parte por los lamentables excesos que he contemplado muchas veces) pero que ofrece muchas posibilidades expresivas si se sabe usar con moderación y templanza de ánimo. Y si se tiene un buen motivo para ello y no simple gusto por el alarde tecnológico.

Por lo demás, me parece que esta foto es como una metáfora del proyecto de mi pareja: un comienzo lleno de incógnitas pero también de promesas. La belleza de elevarse hacia los sueños.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Formas de acabar un año


Por ejemplo irse al campo, en algún punto en medio de la nada de un páramo castellano, con un frío del carajo a poner a prueba tu entereza y coraje permaneciendo quieto y a la intemperie durante mas de cuatro horas.

Por ejemplo empapándose de la exquisita y delicada belleza de una conjunción entre Venus y una delgada Luna cenicienta.



Por ejemplo esperando que amanezca una galaxia entera, la Vía Lactea, desde detrás de unos árboles. Y que te importe una leche el amenazador aspecto de un granero abandonado un poquito a la derecha de esos árboles, ni los ruidos imprecisos de animales rondando a tu alrededor. Porque solo bajas a tierra para lamentar lo escasos que se te hacen los 17 mm de angular que te da tu objetivo y para acordarte de los afortunados que gozan de un 10 u 11 mm, o incluso de los excéntricos que practican con un Ojo de Pez.


Por ejemplo jugando al escondite con las nubes, a ver si el próximo hueco te deja esos vitales cinco minutos de exposición para pillar Orión en todo su esplendor. Y cuando te hartas de jugar con ellas, aun te inventas una travesura, un pequeño guiño a un amigo, para matar el rato mientras recoges el equipo y descubres que no sientes los dedos de los pies de tan helados que los tienes ...


Hasta aquí el paisaje astronómico; las tomas de astrofotografía, potentes, curradas, tremendas (o eso creo) se las enseño ya el año que viene.

Feliz año a tod@s.


P.D.: La última foto es un homenaje a Xavi Piera, un gran tipo y un amigo, que hizo una foto muy original en la que me he inspirado. La pena es que me cambié de coche: yo antes tenía un Ford Orión ...

viernes, 28 de octubre de 2011

¡Que venga ya el frío!


No sé si le pasará a todo el mundo pero yo soy de los que necesita una temporadita de frío para carburar bien. Y claro, este lento declinar del verano me está matando. Necesito que empiece el frío, el de verdad, tener que abrigarme, sentir algún escalofrío de vez en cuando. Puñetero cambio climático ...


De hecho, una de las cosas que peor llevaba en mi etapa en El Hierro era su clima subtropical sin invierno. Y eso que por su orografía extrema bastaba con recorrer unos kilómetros en el coche para pasar de unos temperados 25ºC en la costa a unos estimulantes 15ºC en la parte alta de la isla. Allí llegué a encontrarme a tan solo 5ºC. Pero era tan solo durante excursiones. Demasiado poco para que el cuerpo se recargue, para engañarle y que crea que vivió un invierno. Al final terminaba agotándome.


Y por contraste, una de las cosas que mejor llevo de mi destino actual en Albacete es precisamente sus recios inviernos castellanos. Sus noches a -12º, -15º y hasta -20ºC (en alguna ocasión puntual, claro). Su escarcha mañanera. Su bruma helada. Esos impresionantes cristales de hielo que se forman sobre las lunas de mi coche o la capa blanca sobre el capó.

Les muestro aquí una pequeña colección de las del año pasado. Y les llamo la atención particularmente sobre la primera; yo, que vengo de una tierra de inviernos mas reposados, nunca había visto dibujarse unos cristales de hielo así sobre la luna de un coche. Tienen forma como de cristal de nieve un tanto anárquico y de tamaño enorme, de hasta tres o cuatro centímetros algunos de ellos. Y luego están las curiosas procesiones de cristales que se ven en la segunda foto y ... Digamos que en invierno no me aburro por falta de novedades.


De todas formas y si puede ser, pediría que, aparte de que vaya instalándose el frío de una santa vez, este invierno trajera nieve. Siquiera una sola buena nevada, de las que dejan todo blanco el paisaje. Mas que nada porque es precioso y porque para los que nacimos en el Mediterráneo, es lo mas parecido a no conocer el mar y verlo por primera vez.





miércoles, 24 de agosto de 2011

El trigal después de la tormenta


Los días ardientes de agosto todo lo aplastan bajo el calor sofocante. Todo es ocre y marrón y el cielo parece deslustrado por un velo blanquecino incluso aunque esté despejado. Pero aun queda el recuerdo de la primavera .

El día amaneció tormentoso y plomizo. Pero entonces, en mitad de la nada gris, el cielo se rasga, surge un Sol aun muy bajo y todo estalla de colores rabiosos. El trigal es una alucinación, un viaje pancromático y metafísico ...





Hoy estoy un poco hippie ...


martes, 4 de enero de 2011

Eclipse parcial de Sol del 4/1/2011 desde Albacete


Pese a lo que pudiese parecer, sigo al pie del cañón; aunque con cuentagotas, retorno poco a poco a mis fotos y mis rayadas varias y hoy, día señalado por la poco frecuente ocurrencia de un eclipse de Sol, es un buen día para retomar la batalla (de batallas les hablo otro día ... ).

El eclipse de hoy hay que valorarlo en su justa medida. No siendo total (gran vedette de los fenómenos astronómicos para el gran público) sino parcial, parecería poca cosa, pero lo cierto es que no lo es. Los eclipses de Sol, sean del tipo que sean, son fenómenos poco abundantes, ocurren un par de veces al año pero en lugares dispersos del planeta, por lo que entre uno y otro en un lugar concreto pueden pasar años enteros. Si a eso sumamos la posibilidad de que cuando llegue no nos sea posible verlo por causas meteorológicas u otras de humana procedencia, creo que será claro entender que no conviene subestimarlos ni despacharlos con un "bueno, ya llegará otro ... ".

Lo cierto es que yo he tenido suerte. Hoy me encontraba en turno de trabajo en Albacete, uno de los relativamente pocos lugares de España en los que la nubosidad asociada al frente que nos está entrando por el noroeste, ha dejado ver el evento. No obstante, una hora antes de la salida del Sol una franja de estratocúmulos pasó sobre los cielos manchegos y a punto estuvo de acabar en tragedia. Pero la diosa fortuna esta vez quiso ser benigna y las nubes apenas acertaron a "eclipsar el eclipse" durante los primeros instantes del amanecer. Y, después de todo, aportaron un marco estético en el que envolverlo.

Durante los eclipses de Sol son habituales los peculiares efectos ópticos sobre las
sombras o los contornos como es el caso de estas hermosas ondulaciones irisadas.

Estratocúmulos ondulados y cirros enmarcaron el acontecimiento.

No disponiendo de filtro adecuado (mal hecho ... ), la presencia de una incipiente niebla, junto a la baja altura sobre el horizonte (con lo que la profundidad óptica de la atmósfera es muy grande y reduce considerablemente la luminosidad solar) y la configuración extrema utilizada (focal de 200 mm a F:22 mas duplicador 2x, con lo que obtuve 400 mm a F:44, y 1/4000 s a ISO 100) permitieron hacer unas fotos que de otro modo hubieran sido imposibles. Ustedes juzgarán el resultado.

El Sol eclipsado va surgiendo de la capa nubosa ...


... mientras junto a tierra la niebla se espesa.

martes, 9 de noviembre de 2010

El crepúsculo de medianoche


Como ya expliqué en otra entrada, el crepúsculo, en sentido astronómico, empieza con la puesta de Sol y acaba cuando éste se encuentra a 18º bajo el horizonte. Suele durar entre una hora y hora y media, dependiendo de la época del año.

A partir de ese momento se habla de noche cerrada. O se hablaba, en el pasado. O en otros parajes, lejanos y recónditos, donde la mano del hombre apenas alcanza. Porque en realidad, por aquí, el crepúsculo permanece durante toda la noche.

Un crepúsculo rojo anaranjado, de horizonte en llamas, infernal. Similar al que se puede ver mas allá del círculo polar ártico (y del antártico, claro) durante los mediodías nocturnos de invierno. Solo que es un crepúsculo que nos hemos inventado nosotros y que alimentamos sin cesar con nuestra enfermiza obsesión de recrear el día en la noche. Un crepúsculo presente incluso en los mejores cielos de la península.


Cuando era niño pasaba horas enteras de la noche sentado en el balcón de mi casa contemplando las estrellas. Acompañado de un planisferio de cartón saltaba de estrella en estrella tratando de memorizar las constelaciones y buscando el límite de lo que mi ojo podía percibir. Aprendí a encontrar la Polar de un solo vistazo, a distinguir los planetas de las estrellas, a atisbar la tenue nebulosidad de la galaxia de Andrómeda o de la Espada de Orión. Y no era sencillo porque ya entonces, hace mas de veinticinco años, los cielos de mi ciudad eran unos de los mas contaminados de luz de España.

Entonces, inesperadamente, como todos los buenos regalos de esta vida, llegó el gran apagón. Me pilló sentado en el balcón, aterido de frío y concentrado en mi tarea. Y fue como ver encenderse un gran árbol de navidad. Solo que el árbol era el cielo entero.

Hasta ese día nunca había sabido lo negra que es la noche en realidad ni la inmensa cantidad de estrellas que la abarrotan. Fue tal la explosión que perdí toda referencia y no era capaz de distinguir las constelaciones, naufragadas las estrellas guía en ese ingente torrente de luminarias. Fui feliz hasta que volvió la luz una hora y pico después. Luego bajó el telón y nunca ha vuelto a levantarse.

Desde ese día solo en muy contadas ocasiones he vuelto a ver un cielo así. Ante la indiferencia de la mayoría, los cielos cada vez son mas anaranjados y planos. Nos han secuestrado a las estrellas delante de nuestras narices. Y me pregunto si somos realmente conscientes de lo mucho que hemos perdido con ello.

Incluso Júpiter, el Rey de los Planetas, ve su esplendor menoscabado
por el rojo resplandor de nuestra locura.

jueves, 28 de octubre de 2010

Amanece sobre la estepa

Amanece sobre la estepa en la que ando exiliado de las cálidas aguas de mi mar y de mi isla. Amanece nítido pero al tiempo brumoso, y no es lo mismo. Porque aquí el aire es seco y recio, cortante. Aquí la bruma se pega al terreno, acecha en la vegetación, se escurre entre los terrones. Aquí el mar se intuye lejano (o mejor, se siente su ausencia, el vacío que deja en el alma para los que somos de su ser). Aquí no lo puedes oler.


El olfato (y el gusto, que en realidad es el mismo órgano pero extendido "al revés" para poder buscar huellas químicas en lo que penetra en nuestro interior con destino al sistema digestivo) es el sensor mas extraordinario que poseemos. Cegado por la gran importancia que le damos a la información visual y atolondrados por la cultura occidental que reniega del universo olfativo, obviamos la importancia y la significancia de los olores. Pero el caso es que somo capaces de percibir incluso unas pocas moléculas de agente oloroso en una bocanada respirada. No digamos ya los grandes especialistas del ramo, como los perros, los elefantes o los cerdos. Y además, el olor, junto con el sabor, es la sensación mas poderosamente evocadora de recuerdos que podemos percibir.

A kilómetros de distancia, tantos como para que nuestra vista aun no sea capaz de localizar el origen, nuestro olfato es capaz de detectar e informar de la presencia de cosas tan etéreas como la humedad de la lluvia, las tormentas eléctricas o el mar. Olemos la muerte (no la putrefacción del cuerpo muerto sino un rasgo particular e indefinible asociado a la muerte misma), la niebla, el calor (lo certifico; yo lo he sentido), ...

En mi particular universo el olor del mar ocupa un lugar especial. Es la atmósfera cálida en la que se envuelve cualquier espacio que yo pueda llegar a llamar mi hogar. Aunque no lo pueda ver a diario, necesito el mar cerca de mí. Necesito su olor para sentirme a salvo y en casa.

Pero aquí no está. Aquí abundan el silencio y la claridad, el cielo es mas nítido y los caminos mas rectos. Aquí el paisaje es mutante y ambiguo como la piel de un camaleón, que fuese del rojo sangre al verde chillón, pasando por el amarillo e incluso el gris, y todo sin cambiar de metro cuadrado. Aquí el frío corta y el calor achicharra. Es una tierra de severa hermosura pero a la que no me unen los lazos de la sangre. Una tierra en la que estoy de paso.


Y en esas ando aquí, lejos de casa, esperando que el capricho voluble de los dioses me permita encontrar de nuevo el camino de vuelta. Contemplando amaneceres llenos de una rabiosa belleza en esta tierra sin sombras a la que no me puedo anclar mas que lo justo porque el mar me llama, me grita a lo lejos, tendiéndome fugaces moléculas de agua y salitre que se pierden en el viento antes de haberme alcanzado. Esperando que pronto deba de izar velas y partir.

P.D.: Y es que estos dioses inclementes me tienen harto y me hacen albergar ateas tentaciones de liarme la manta a la cabeza y mandarlos a paseo ...

jueves, 22 de abril de 2010

La Niebla

Cuando el Sol se pone la tierra empieza a enfriarse rápidamente. Las rocas, la tierra, están hechas de materiales con una escasa capacidad para retener el calor; se calientan muy rápidamente al Sol directo e igualmente rápido se enfrían cuando éste desaparece.
Las nubes, opacas a la radiación térmica, cuando están presentes combaten el enfriamiento del suelo porque actúan como mantas al reflejar de nuevo hacia tierra la radiación que ésta emite hacia el cielo mientras se enfría. Su ausencia pronostica noches heladas.
El aire empieza a enfriarse por su capa más baja, la que está en inmediato contacto con el suelo, porque es un mal conductor del calor. A pocos metros sobre el suelo el aire está hasta varios grados más caliente que junto a tierra. Cuando hay viento, la turbulencia que provoca mezcla ambas capas de aire y reduce el enfriamiento de la inferior.


En las frías noches de invierno, cuando el cielo está despejado y el viento en calma, bajo la luz de hielo de las estrellas, el suelo se desangra de calor sin remedio. Entonces, si la humedad es suficiente, empiezan a formarse las nieblas.
El aire se espesa, se vuelve "sedoso" y adquiere extrañas cualidades acústicas. La profundidad óptica de algunas nieblas llega a ser tal que la visibilidad alcanza apenas unos pocos metros. Y son frías, muy frías. En conjunto, una niebla espesa es un fenómeno inquietante y cautivador.
Casi cualquier cosa que entre dentro del encuadre de la fotografía adquiere una dimensión extraña y diferente cuando se capta envuelta en niebla. Objetos que bajo la luz habitual son amables y tranquilos, bajo ella toman un aspecto estridente, siniestro, amenazador. Los árboles se vuelven fantasmas, los caminos son lineas de fuerza magnética, las ramas parecen osamentas abandonadas...
Sucede el extraño fenómeno de que la instantánea es capaz de captar un fenómeno acústico; el silencio expectante. Y uno térmico; el frío. La niebla es una de esas pocas cosas que se deja retratar: Hace más por la fotografía que el propio fotógrafo. Basta con no forzarla, con no tratar se doblegarla a nuestra voluntad, con no planificar, con no limitar lo que no entendemos.



Me detuve en el camino, y escuché. Disparé casi al azar pero podía sentir una irresistible atracción por el vacío que se escondía al fondo de las líneas que proyectaba la carretera. Si creyese en esas cosas, diría que en él se disimulaba una presencia. Pero no había miedo. Las minúsculas gotitas de rocío sobre las telas de araña velaban por mí.