"Háblame, oh Musa, y cuéntame del hábil varón que en su largo extravío, tras haber arrasado la

sagrada ciudadela de Ilión, conoció las ciudades y el ingenio de innumerables gentes".

Homero
, Odisea, Canto I



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miércoles, 23 de julio de 2014

Prueba del nuevo Samyang 10 mm F/2.8 para fotografía nocturna (y II).

Tal como contaba en la primera parte de este artículo, recientemente he adquirido una unidad del nuevo Samyang 10 mm f/2.8 ED AS NCS CS y éstas son las impresiones que he sacado de mis primeras experiencias con él.


Ante todo hay que decir que es un objetivo sólo apto para fotógrafos con gran paz interior. Es TOTALMENTE manual. No solo enfoque o diafragmado a la vieja usanza; puedes olvidarte de los datos EXIF porque no proporciona ninguno a la cámara al no disponer de chip y consecuentemente tampoco hay "chivatazo" al enfocar correctamente, ni funciona de modo normal el fotómetro (bueno esto no es del todo así para los usuarios de cámaras Nikon, porque Samyang sí equipa a sus objetivos de esa montura del correspondiente chip). Con él se actúa a ciegas, echando mano de lo que puedas saber de teoría de la fotografía.

f/4, 1/2 s., ISO 800
Su construcción mecánica es sobria, más ligero y contenido en volumen de lo que esperaba (y de lo que es habitual para estas focales). Se ve en él poco metal y mucho plástico, pero éste es de calidad y no transmite excesiva fragilidad. El anillo de enfoque es muy agradable, con la resistencia adecuada para que el enfoque sea firme pero no resulte un esfuerzo el rodarlo, y tiene un recorrido razonable. El de diafragmado es por contra algo incómodo de accionar por su estrechez y su posición muy pegada al cuerpo de la cámara. Un detalle a tener en cuenta es que las marcas de enfoque no son fiables, están "descalibradas", por decirlo así. En mi unidad he comprobado que una vez enfocado correctamente la distancia de enfoque quedaba marcada no por la linea ancha que debería indicarla sino por la línea que indica el final de la profundidad de foco a F/2.8, más o menos medio centímetro a la derecha de su posición correcta. Es un error de montaje muy común en todos los modelos de la marca y que al parecer se puede corregir sin problemas uno mismo con algo de habilidad y pulso firme (hay videotutoriales en la red que muestran el procedimiento general, por ejemplo éste). No obstante, una gran ayuda a la hora de enfocar es la gran profundidad de foco que tiene un objetivo de 10 mm como éste, porque permite una tolerancia mayor y nos permite no tener que rompernos el coco buscando el punto preciso de enfoque. Por lo demás, yo no he detectado holguras ni defectos de construcción evidentes, al menos en mi unidad.

Esta es la posición en la que enfoca a infinito. La escala no parece muy calibrada ¿no? ...

A nivel óptico tiene unas prestaciones más que interesantes. Desde máxima apertura su nitidez es sobresaliente en el centro y razonablemente homogenea en todo el campo. Una prueba muy gráfica e ilustrativa de la nitidez que es capaz de proporcionar este objetivo me la propició esta foto nocturna de las formaciones de arenisca que rodean una pequeña cala de Formentera.

f/2.8, 30s., ISO 200
En ella se aprecia la constelación de Lyra y en ella la famosa estrella múltiple Epsilon Lyrae. Esta estrella está  formada por dos parejas de estrellas dobles, separadas una doble de la otra por 208 segundos de arco. Dado que la focal del objetivo son 10 mm, las dos parejas (que se verán simplemente como dos estrellas a esta focal) se proyectarán en el sensor como separadas por tan solo 10 micrómetros. Y dado que los píxeles de la EOS 450D miden 5.2 micrómetros, las dos estrellas aparecerían separadas por algo menos de 2 píxeles.

Pulsa sobre la foto para ampliarla

Pues bien, en la imagen se aprecia perfectamente (pese al deterioro de nitidez al pasarla a JPEG) la separación entre las dos componentes, lo que implica una resolución elevadísima (normalmente la resolución de un objetivo se calibra con un test denominado MTF50 y que es una carta que proyecta un patrón de líneas para buscar después cuál es el número de líneas por milímetro en el que el contraste entre las zonas blancas y las negras del patrón ha descendido al 50%. Normalmente un buen objetivo alcanza un MTF50 de 40 líneas/mm en el sensor y uno excelente las 50 ó más, o lo que es lo mismo, una separación de 20 micrómetros entre una y otra, menos, pues, de lo que arroja mi test con Epsilon Lyrae).

f/2.8, 30s., ISO 1600
f/2.8, 30s., ISO1600
Las estrellas presentan un aspecto agradable y estético en todo el campo salvo en las esquinas donde el efecto de la proyección rectangular les provoca una fuerte deformación. Buena parte de la culpa reside en lo contenido de la aberración esférica y de coma. Nuevamente hay que acudir a los extremos del campo para percibirla algo. Así mismo la aberración cromática, solo evidente en las esquinas en condiciones de contraste muy fuerte (o en estrellas muy brillantes en fotografía astronómica), se puede corregir fácilmente mediante software. Presenta una cierta distorsión de barril (inevitable en este tipo de objetivos) que según la web ePhotozine es del 4.65 %, lo que puedo corroborar, un valor algo elevado para una focal fija. Más difícil es medir el viñeteo a causa del enorme campo de visión abarcado por el objetivo (105.9º en una cámara de formato APS-C), que hace casi imposible encontrar un fondo uniformemente iluminado con el que hacer pruebas. En la misma web afirman haber medido que las esquinas quedan oscurecidas 1.63 pasos respecto al centro del campo, lo que es razonable (y corregible vía software). Finalmente, el control de reflejos internos, si bien no presenta problemas exagerados, no es su mejor baza dejando bien claro que aun le queda camino por recorrer a la marca coreana con su tecnología de nanocristales. En realidad, esta última es la única pega seria ya que no es posible corregirla o minimizarla en el revelado o el procesado como el resto, aunque en paisajismo astronómico lógicamente debería tener una incidencia muy anecdótica.

f/5.6, 1/15 s., ISO 200
f/5.6, 5s., ISO 200
f/4, 30s., ISO 200
Conclusión.
Es un buen objetivo en cuanto a su rendimiento óptico, destacando particularmente en nitidez desde los primeros diafragmas, correcto en lineas generales a nivel mecánico y de construcción, y muy contenido de precio respecto de objetivos equivalentes de otras marcas a similares niveles de desempeño. Sin embargo no podemos olvidar que carece de diafragmado o enfoque automáticos e incluso de chip de diálogo (excepto en el modelo con montura Nikon), por lo que su uso y condiciones no son directamente comparables con los de la competencia. La clave está en si necesitamos lo que esos elementos nos proporcionan o podemos prescindir de ellos y gozar del mucho dinero ahorrado. Por eso antes de adquirir uno deberíamos tener muy claro si es adecuado para el uso que le vamos a dar (paisaje y nocturnas fabuloso; viajes puede que bien pero siempre que no se requiera inmediatez; el resto, a duras penas).

martes, 14 de agosto de 2012

Premio de consolación ...



Campaña de las Perseidas 2012. Primer síntoma de mala suerte: nublado la noche del 11/12 de agosto (pre-máximo) y me toca trabajar la del 12/13 (post-máximo). Tendré que hacer las fotos desde dentro de aeropuerto si la contaminación luminosa me deja. Segundo: me olvido el alargador de enchufes extralargo en casa. Tiene solución con un apaño a base de empalmar tres mas cortos. Tercero: aparece nubosidad media y alta sobre las 4:00 h. Cuarto: descubro que se me ha acabado la tarjeta de memoria (bah!, total, hay nubes ... ).

El resultado es obvio; no pillé ni una perseida. 

Pero entonces el Cosmos se apiadó de mí y me dejó la preciosa estampa de una alineación perfecta de Venus (abajo), la Luna menguante (centro) y Júpiter (arriba, algo mas desplazado), bajo la atenta mirada de un Orión joven aún. Y todo volvió a tener sentido.

jueves, 19 de enero de 2012

Una fotografía muy complicada (pero tremendamente interesante)


Tengo que empezar esta entrada pidiendo disculpas por mi "desaparición" de las últimas semanas. No me llena de satisfacción precisamente dejar que se me acumulen los comentarios sin responder, ni dejar de visitar y comentar los blogs amigos que sigo, ni tener el mio parado y huérfano de nuevas entradas. Pero es que el año ha empezado bravo y entre unas cosas y otras apenas me he podido poner frente al ordenador y mucho menos hacerlo para algo que no fuese trabajo.

Pero como no hay mal que por bien no venga (no tengo tiempo porque estamos, mi pareja y yo, en plena eclosión de ilusionantes proyectos), ni que cien años dure (de vez en cuando algún hueco sale, como éste, sin ir mas lejos), aquí estoy de nuevo aunque por tiempo limitado para enseñarles una foto con ánimo exclusivamente pedagógico.


La cosa es que parecerá una tontería pero es una foto algo complicada de hacer. Se trata de hacer con una cámara lo que el ojo humano realiza sin esfuerzo, a saber, captar a un tiempo el disco de la Luna y su corona luminosa. Pero antes de decir mas sobre la dificultad del caso les contaré el porqué es interesante lograr ese objetivo.

No sé si alguna vez se habrán planteado ustedes por qué la Luna (y el Sol) tienen una corona luminosa a su alrededor, qué la produce, ni si siempre tiene el mismo aspecto. Bueno, la respuesta es que la corona lunar (y solar) es producto de la difracción producida por la presencia de partículas en suspensión en la atmósfera (aerosoles) y muy en particular por la de pequeñas gotitas de agua.

Cuando la Luna se ve a través de un velo de nubes de tipo cirro o de nubes estratiformes, medias o bajas, finas y traslúcidas, lógicamente atraviesa una región atmosférica rica en gotitas en suspensión, que es lo que al fin y al cabo es una nube (hay quien piensa que el vapor de agua es visible pero no es así; lo vemos cuando se condensa en pequeñas, casi microscópicas gotitas de agua, tan ligeras que la simple agitación del aire por su turbulencia natural las mantiene en alto y les impide caer a tierra). Ésa es la situación en la que estamos acostumbrados a ver las coronas, con sus arcos coloreados y su espectacular despliegue. Hace tiempo ya les mostré un halo solar, un fenómeno relacionado, captado por mí desde Albacete en esas condiciones. Aquí tienen otro ejemplo, éste de corona solar, en el que se ven bien los arcos coloreados:


Pero no es tan habitual que prestemos atención al hecho de que incluso en un día completamente despejado es posible percibir la corona lunar, aunque en una versión mucho menos llamativa (muy raramente son visibles los arcos coloreados). Ello es así porque incluso aunque no haya nubes, el aire está lleno de pequeñísimas gotitas de agua condensadas alrededor de algunos tipos de partículas de polvo, cristalitos de sal marina, polen o cenizas provenientes de incendios forestales o combustión de motores, incluso aunque la humedad relativa sea mas o menos baja. Ése es el caso de la foto.

Y ocurre que las características concretas de cada corona nos dicen muchísimas cosas sobre esas pequeñísimas partículas pese a que no las podamos ver. Por ejemplo nos puede decir su tamaño promedio. Y eso porque el tamaño de la corona (su diámetro) guarda relación con el de las gotitas que la producen. Para ello basta con aplicar la sencillísima fórmula que dice que ese tamaño, en micrómetros, es igual al resultado de dividir el número 120 por la relación entre el diámetro de la corona (sin sus arcos coloreados) y el diámetro de la Luna. En el caso de mi foto ello indica que el tamaño de las gotitas presentes en ese momento en el aire era de 27 micrómetros (0.027 mm), dado que 120 / 4.5 = 27. Pero es que además nos dice que la dispersión de los tamaños (mas o menos la diferencia entre el tamaño mayor o el menor y el promedio) en el aire es al menos del 20%.

Es decir; podemos hacer ciencia simplemente con tomar una foto. Si les interesa profundizar algo mas en el tema les recomiendo esta interesantísma web sobre óptica atmosférica.

¿Y en qué consiste la dificultad de la foto? Bien, les contaré que para realizarla tuve que hacer dos tomas y luego empalmarlas, una de 1/2500 de segundo y la otra de 1.6 segundos, lo que significa 4000 veces mas exposición que la primera, por lo que hay ¡¡12 pasos de diafragma entre una y otra!!. No hay cámara en el mundo, ni amateur ni profesional, ni siquiera científica, capaz de realizar en condiciones una toma con un rango dinámico tan enorme; o sale bien la Luna o sale bien su corona, pero no ambas a una.

Éso para que valoremos un poco mas el regalo que nos hizo la naturaleza y lo mucho que le queda al ingenio humano para lograr emularla.



miércoles, 28 de diciembre de 2011

Formas de acabar un año


Por ejemplo irse al campo, en algún punto en medio de la nada de un páramo castellano, con un frío del carajo a poner a prueba tu entereza y coraje permaneciendo quieto y a la intemperie durante mas de cuatro horas.

Por ejemplo empapándose de la exquisita y delicada belleza de una conjunción entre Venus y una delgada Luna cenicienta.



Por ejemplo esperando que amanezca una galaxia entera, la Vía Lactea, desde detrás de unos árboles. Y que te importe una leche el amenazador aspecto de un granero abandonado un poquito a la derecha de esos árboles, ni los ruidos imprecisos de animales rondando a tu alrededor. Porque solo bajas a tierra para lamentar lo escasos que se te hacen los 17 mm de angular que te da tu objetivo y para acordarte de los afortunados que gozan de un 10 u 11 mm, o incluso de los excéntricos que practican con un Ojo de Pez.


Por ejemplo jugando al escondite con las nubes, a ver si el próximo hueco te deja esos vitales cinco minutos de exposición para pillar Orión en todo su esplendor. Y cuando te hartas de jugar con ellas, aun te inventas una travesura, un pequeño guiño a un amigo, para matar el rato mientras recoges el equipo y descubres que no sientes los dedos de los pies de tan helados que los tienes ...


Hasta aquí el paisaje astronómico; las tomas de astrofotografía, potentes, curradas, tremendas (o eso creo) se las enseño ya el año que viene.

Feliz año a tod@s.


P.D.: La última foto es un homenaje a Xavi Piera, un gran tipo y un amigo, que hizo una foto muy original en la que me he inspirado. La pena es que me cambié de coche: yo antes tenía un Ford Orión ...

martes, 20 de septiembre de 2011

Caserío Benalí (II): Bajo la Luna y las estrellas



No es mi tierra, Valencia, lugar que pueda presumir de cielos nocturnos libres de contaminación luminosa. Sin embargo, existen en ella lugares que, si bien no escapan de ese mal, al menos lo compensan con una indudable fotogenia. De éste en concreto ya les introduje hace algún tiempo.

Pasé allí un fin de semana a principios de año y el buen tiempo me dio la posibilidad de hacer fotografía nocturna. No obstante, era una noche de luna y la contaminación luminosa de Valencia resultaba sumamente impertinente (¡pese a estar a 50 km!). Pero dicen que el carácter se forja en las adversidades y lo cierto es que, en lugar de lamentarme, decidí sacar provecho a ambas cosas e incluso me atreví a un experimento. 


La Luna, Júpiter y el Árbol de la Vida

La primera foto es el resultado de aplicar una técnica de reducción de contaminación luminosa que desarrollé y expliqué hace algún tiempo (pero que todavía no había puesto a prueba con una toma "de verdad"). Y lo cierto es que estoy contento, pese a que sigo sin resolver la cuestión de como "salvar" la luminosidad de la Vía Láctea (machacada junto al resto, por desgracia).

Las dos últimas, en cambio, tratan de aprovechar la contaminación luminosa para crear un efecto estético (el extraño cromatismo que introducen en la atmósfera). Es decir: si no puedes con tu enemigo, únete a él.

Al fondo Valencia, orgullo de sus gobernantes, escarnio de las almas sensibles.

Ontinyent y ¡Yecla!, compitiendo por ser protagonistas del cielo bajo la atónita mirada de Orión y el círculo de piedra.

  

lunes, 5 de septiembre de 2011

Dyehuty




 Dyehuty representado como babuino con el disco lunar (Fuente: Wikipedia)

Cuenta la leyenda que cuando los egipcios se lamentaron del ocaso del sol en el horizonte occidental, el dios del Sol, Ra, encargó al dios Dyehuty (Thot) la creación de una luz que les alumbrase durante su ausencia. De este modo se originó la luna. Ello convirtió a Dyehuty en el "Señor del tiempo y calculador de los años", el que "separa los tiempos y los meses y los días".

 

También se le atribuía la invención de la escritura jeroglífica. Era, pues, el dios de la Sabiduría. También el del juicio recto, dado que pesaba las almas, pensamientos, palabras y actos de los hombres. Es irónico que hoy, en cambio, a quien pierde el juicio le denominemos "lunático".

* * *

A sus casi tres años, mi hijo es un enamorado de la luna y de la cultura egipcia. Esta entrada es para darle el gustazo y para recordarme a mí mismo que tengo que hacerle mas fotos al disco de Dyehuty.

domingo, 6 de marzo de 2011

La noche del Meteorólogo


A cierta hora de la madrugada el cuerpo, harto de esperar dormirse, termina por olvidarse del sueño. Se entra entonces en un estado paradójico en el que no acertamos a encajar la hora en la que nos encontramos con el estado de alerta de nuestro cerebro. Es la peor hora para los insomnes, cuando ahuyentado el sueño la lucha por dormir pierde toda esperanza, ese tiempo atroz en el que el tiempo parece no avanzar y la noche se hace eterna. Pero es muy distinto para quienes velamos por obligación.

Para el Meteorólogo en un aeropuerto, es un extraño momento. Alerta el cerebro, silencioso y suspendido el mundo entero a tu alrededor, en medio de la hora bruja, es un tiempo de inspiración y creatividad si sabes dejarte llevar. Es un tiempo para revelaciones en el que todo parece fluir con una facilidad asombrosa. No sé muy bien cómo explicarlo: es un momento en el que cualquier cosa que intentes te sale sin esfuerzo.

No, no es la Luna llena. Es Sirio desenfocada ...

A veces me pasa, y aunque sea una animalada pasar 24 horas seguidas sin hechar ni una mala cabezada (que son mas en mi caso, casi 40, por el horario al que se produce el relevo de turno y por el largo viaje que he de hacer desde mi casa hasta el aeropuerto), es casi irresistible la tentación de ver el entero circular de los astros y del mundo por ese habitualmente oculto devenir que se da entre ocaso y alba. Es un momento en el que pruebo cualquier cosa que se me ocurra porque me siento dueño absoluto de mi tiempo, algo que fuera de esas ocasiones es siempre, para todos, relativo. Pero entonces no pasa nada; la diferencia entre un cuarto de hora y tres horas es apenas un matiz insignificante. Te puedes tomar tu tiempo, incluso disfrutarlo, regodearte en la parsimonia, detenerte a contemplar, probar las veces que haga falta.


A las seis recojo todo, porque el mundo vuelve a ponerse en marcha y mi reinado absoluto toca a su fin. Y entonces un último e inesperado regalo; la conjunción de la Luna, en delgado menguante, y Venus espléndido (o espléndida, ya que antes fue diosa que planeta), unidas en el alba.


A todo esto, el amigo Unsui fue mas rápido y ya dejó constancia del evento esa misma mañana ...

sábado, 7 de agosto de 2010

Los amores imposibles

Dice la canción que los únicos amores perfectos, los únicos que no mueren ni se olvidan, son los amores imposibles. Y así era el amor del faro.

Cada noche, al prender su luz y comenzar su jornada, atisba el horizonte y busca a su amada. Y tan a menudo se siente desolado por verla ya lejos al oeste y comprender que no supo de su paso por estar dormido. Pero otras no la ve y entonces se sienta pacientemente a esperar su aparición sobre las aguas a Levante.

Deja pasar las horas enfrascado en su dura e interminable labor, señalando su alta roca hasta mas allá del horizonte, sosteniendo con su esfuerzo la frágil vida de pescadores y marineros. Mientras hila su luz se enardece, se siente poderoso y en su mente se hace paso la firme decisión de no dejar pasar mas ocasiones, de proclamarle su amor, de deslumbrarla con sus más radiantes y azules rayos. Ve claro el camino, evidentes las razones y se vuelve casi impaciente de que llegue el momento que tantas otras veces esquivó por miedo.


Y entonces, ya pasada la medianoche, la ve aparecer sobre las aguas, dulce y sinuosa, hermosa, fascinante. Se siente confuso, balbucea, duda, vacila, se arrastra, se oculta, se miente, se convence, se da la vuelta y aprieta los dientes. Pasa un minuto, dos, diez, veinte, ella se alza, vuela sobre su cabeza, y cuanto mas alta mas absurda parece la idea de llamar su atención, de incordiarla con sus paupérrimas razones, de hacerle el feo de que pose sus ojos sobre él. La deja pasar sintiendo exhalar un cachito del alma que marcha hacia ella pero cae poco mas allá y se pierde para siempre.

El faro se da la vuelta, vuelve a su faena sangrando por dentro una vez mas y se explica, también una vez mas, que no puede, que no sirve, que no merece, que no alcanza, que es demasiado insignificante. Y piensa también que es mejor así, que si ella le correspondiese tendría que marchar y dejar la roca y su dura faena, su dura e imprescindible faena, y él no puede marchar de aquella roca que es su roca, donde nació, donde aprendió su oficio, donde están sus raíces y los que le necesitan, y no puede abandonar su faena, por mas dura e interminable que sea porque nadie mas la puede hacer y son tantas las vidas, las frágiles vidas que dependen de ello. Son tan pequeños e insignificantes los hombres sobre la mar que hasta una soga de luz les es imprescindible para simplemente seguir vivos. Esos débiles e insignificantes e inconscientes hombres que lo mantienen atado sin esperanza a la roca con sus débiles e insignificantes e inconscientes necesidades, impidiéndole marchar con su amada.


Ve entonces marchar hacia el oeste un velero y lo cree en pos de su amada. Y en un arrebato de celos y de ira lo engaña con su haz, lo pone con rumbo equivocado, lo dirige hacia las rocas y contempla como se estrella contra ellas. El cachito de alma que exhaló muere sobre las aguas con los marineros del velero. Pero su ira se enfría y su mente se calma de tormentas. Vuelve a su interminable labor y se olvida poco a poco. Tal vez la próxima vez tenga fuerzas y voluntad y coraje para decirle a la Luna que la ama y tal vez ella le corresponda.

Pero el faro se miente. Y no porque la Luna pueda o no pueda corresponderle. Se miente porque su cobardía no nace de temer que le rechace; su cobardía surge del temor de que le correspondiese. Él no quiere marchar de la roca, no quiere dejar su dura e interminable e inútil tarea. No quiere comprobar a qué saben sus besos ni saber de los recovecos de su alma. Él prefiere la tranquila estabilidad de su anodina vida en la que cada cosa tiene su sitio y hay un sitio para cada cosa. No quiere arriesgarse ni aventurarse, no quiere ver lugares desconocidos ni esforzar palabras y gestos. No quiere confrontar su amor perfecto con su amada real. Él sólo quiere una fantasía que ilumine sus jornadas y sus esfuerzos.


Un día, justo al ocaso, ella surge de las aguas con vestido de gasa rojo, más hermosa y radiante que nunca. Él brilla azul un instante junto a ella. Y bailan sin él saberlo. Porque él sigue perdido en sus excusas y se refugia en sus razones. Y pierde una vez mas la oportunidad; porque aunque en realidad ella no sabe siquiera de su existencia, le está regalando en ese preciso instante una mota de eternidad. Mientras él mira para otro lado ...


Miente la canción porque no es amor lo que no se tiene fuerzas para consumar. No puedes amar lo que no quieres conocer. Y lo demás solo es ensoñación.

miércoles, 14 de abril de 2010

Las estrellas nos susurran el camino

Hace años, cuando estaba estudiando en la universidad, solía despertarme muy temprano para ir andando hasta la facultad. Eran tres o cuatro kilómetros, lo que me exigía entre tres cuartos y una hora; tiempo ganado para pensar. Siendo apenas la madrugada me era posible contemplar, si la meteorología lo permitía, las últimas estrellas disolviéndose lentamente en el azul creciente.


Aquella compañía conformaba mi geografía alternativa. Me explicaré: Jugaba a bautizar en mi mente las calles y plazas por las que pasaba con los nombres de los astros que se destacaban prominentemente sobre ellas. Había una avenida de Venus, una calle de Sirio, una plaza de la Luna, una torre Marte.
Las calles, en caóticamente ordenada perspectiva apuntaban directamente a las estrellas y éstas mostraban así su doble juego. Eran como los guías del viajero errante en tierra extraña y al mismo tiempo, en la lejanía, semejaba que mi camino me conducía directamente a ellas.


Como la cuidadosa arquitectura de los templos antiguos, cada línea nos recuerda que al final de todos nuestros sueños está la eternidad. No es que los astros dicten nuestro destino. Es que nuestra alma nos susurra al oído que de alguna inconcebible manera formamos parte de esa inmensidad. O tal vez sea, como decía Carl Sagan, la intuición de que tarde o temprano abandonaremos el cálido regazo de la Tierra para navegar entre las estrellas… Qué sé yo. Al final, la astronomía es también una forma de espiritualidad.


Tengo postergado y sin fecha un gran viaje por lo humano y lo telúrico, fuera de toda ruta, con la Luna como guía. ¿No sería fantástico?