
Algo se está rompiendo en el gran paradigma mundial. Las grietas en el impenetrable muro de "lo que todo el mundo sabe" empiezan a ser cada vez mas visibles. Y aunque la inmensa maquinaria mediática trate de ocultarla o relativizarla, la verdad es terca, muy terca.
El 22 de junio de 1633, un tribunal de la Inquisición reunido en la iglesia de Santa María sopra Minerva de Roma obligaba a Galileo Galilei a abjurar públicamente de la teoría heliocéntrica bajo la velada amenaza de torturarlo y condenarlo a la hoguera si no lo hacía. De nada habían valido décadas de estudio e innumerables pruebas que demostraban la veracidad de la teoría. Ni siquiera la palmaria demostración que hizo Galileo al hacer que los cardenales contemplaran con sus propios ojos la realidad de las lunas de Júpiter o de las fases de Venus a través de un telescopio.
Se cuenta, aunque solo es una leyenda virtualmente inverificable, que Galileo, tras leer en voz alta la sentencia del tribunal en la que se veía obligado a reconocer como una verdad incontrovertible que la Tierra era el centro inmóvil del universo, pronunció entre dientes la famosa frase: "eppur si muove" ("y sin embargo se mueve"), porque dijera lo que dijera ese tribunal, o el Papa, o las Sagradas Escrituras, o el mas sesudo de los filósofos, la verdad es la que es y la Tierra se mueve.
Hoy, mas de 350 años después, sigue habiendo tribunales que afirman verdades incuestionables, que dictan dogma de fe sobre el mundo y los hombres, sobre la historia y lo que es posible e imposible en ella. Sigue habiendo condenas draconianas a los que osan cuestionar sus enunciados, sigue habiendo quien se niega a ver incluso lo que sus ojos le están mostrando. Pero hoy, como entonces, la verdad sigue siendo una y no da su brazo a torcer pase lo que pase.
Aunque aquí asistamos impertérritos y narcotizados al carnaval del absurdo y del sinsentido de esta crisis, aunque pensemos que nada se puede hacer y que toda alternativa es peor, algo empieza a moverse en las entrañas del mundo.
Hace unos días ha caído el corrupto régimen egipcio y poco antes el tunecino. Ahora la ola se extiende por el mundo musulmán y mas allá, ante la sorpresa y la confusión de occidente que no sabe muy bien como posicionarse ante semejante movimiento porque intuye que podría germinar también dentro de sus fronteras.
Y mientras, en la mas absoluta e intencionada de las oscuridades informativas, un país llamado Islandia, el primero y mas gravemente golpeado por la crisis, ha iniciado un experimento sociológico. Para los que no creen, para los que tienen miedo a lo que podría ser, entérense:
El pueblo islandés, la genuina voz de la soberanía popular de ese país, pronunciándose en las calles, obligó a dimitir a su gobierno y se desmarcó de prácticamente todos los partidos políticos. Decidió no salvar de la quiebra a NINGÚN banco ni entidad financiera, causantes principales del desastre, siguiendo la máxima capitalista de que si no se reparten los beneficios tampoco se reparten las pérdidas. Decidió que su fiscalía persiguiese y procesase a la totalidad de los directivos de esas entidades, muchos de ellos huidos del país. Decidió reformar su constitución para crear un sistema político basado en la democracia directa, con representantes elegidos entre los ciudadanos comunes. Y todo esto, que es imposible según nos cuentan aquí, sin recibir ni un euro de ayuda del exterior, ni de la UE, ni del FMI, ni del Banco Mundial, ni de nadie, puesto que han incurrido en la mas execrable de las herejías económicas y sociales. Y pese a tener que comprarlo prácticamente todo a otros países ya que su único recurso propio es la pesca. Pues bien, ¡Islandia crece!; ha revertido su déficit público y ahora presenta superávit, sus indicadores evolucionan positivamente y su recuperación gana por goleada a países comparables como Irlanda o Grecia pese a que éstos fueron golpeados menos duramente y han recibido enormes ayudas económicas de la UE y del FMI.
Pero eso, como todo el mundo sabe, es imposible. Solo hay un camino y salirse de él es estrellarse, ... ¿o no? Porque a lo mejor el mundo ahí fuera no es exactamente como nos lo han contado. A lo mejor hay otros caminos. A lo mejor resulta que no somos el centro del universo.
Leo los periódicos, veo la televisión, escucho a sesudos analistas. Y concluyo que el sistema es demasiado poderoso, que no se puede hacer nada para cambiar, que toda alternativa es peor, que la sociedad ha perdido la capacidad de actuar solidariamente, ... Y sin embargo ...