"Háblame, oh Musa, y cuéntame del hábil varón que en su largo extravío, tras haber arrasado la

sagrada ciudadela de Ilión, conoció las ciudades y el ingenio de innumerables gentes".

Homero
, Odisea, Canto I



lunes, 16 de julio de 2012

Trazas de estrellas: primer intento



Hace mucho que tenía ganas de probar la técnica "Star Trails", o trazas de estrellas en idioma indígena, pero por pura pereza nunca lo había hecho hasta ahora. No es que sea una técnica muy difícil pero requiere larguísimos tiempos de exposición o, alternativamente, un gran número de tomas menores. Y siempre encontraba un objetivo mas interesante en el que ocupar ese tiempo.

Este verano, durante mi estancia en Ithaké, decidí firmemente poner fin a este impass. Busqué un buen hito en el que enmarcar la foto, me trabajé el encuadre adecuado y planifiqué los aspectos "técnicos". Pero como soy medroso cuando de tareas pacientes se trata, antes preferí hacer un ensayo general. Y, como suele ocurrir, todo lo planificado se fue al traste y el ensayo terminó siendo "LA" foto. Eso me pasa por lo que me pasa ...

En fin, al tema; la toma es el resultado de la compilación de diez fotografías de 4 minutos cada una a ISO 200 y F:4. En total equivalen a una sola toma de 40 minutos, una menudencia respecto de las al menos 2 horas que tenía planificado para "la de verdad".

Tampoco el motivo está muy a la altura pero me sirve para ilustrar sobre contaminación luminosa; está realizada desde el extremo oriental de la isla, mirando hacia el Norte (obviamente), y el gran foco luminoso del extremo izquierdo es la zona del Aeropuerto de Ibiza, situado a 26.5 km (se ven también las trazas de al menos tres aviones en trayectoria de aproximación al mismo). La luminosidad tras los árboles es la propia ciudad de Ibiza, a 28 km.  Luego vienen Roca Llisa (a 28.5 km), Santa Eulalia del Río (34 km.), Es Canar (36 km.) y el faro de Tagomago (40.5 km). Y eso que los de la isla son de los mejores cielos que quedan en España ...

viernes, 13 de julio de 2012

Puesta de Sol en Ithaké


Ya volví de la Isla.

Ha sido una de las incursiones en lo mágico mas potentes de toda mi vida y ahora tengo una sensación extraña en el alma. No sabría describirla, de modo que no lo intentaré.

Me limiteré a dejarles aquí la foto; es bastante mas elocuente que yo.



Me ha dado por pensar que sería como una metáfora de mi despedida de la Isla. Pero resulta que no, que no es eso lo que me surge al corazón cuando la contemplo. No hay melancolía. Hay ... ¿qué se yo?. Lean esta entrada de Jordi Busqué; van por ahí los tiros.

martes, 26 de junio de 2012

Excursión al Maestrazgo turolense



A veces me parece absurdo, con la que está cayendo y lo que se avecina, hacer o tratar de fotografía o de lugares, o de pequeños placeres. Y a veces hay tantas cosas por las que gritar, tantas ganas de hacerlo, que no te sale la voz del pecho.

Pero es que también a veces es precisamente eso que dejamos por intrascendente lo que de veras tiene sentido y no ese teatro dadaísta que nos presentan cada día los medios de comunicación. El camino está mas cerca de lo primero que de lo otro.


Hay un lugar en esa Teruel olvidada de Dios en el que las piedras son mas sabias que los hombres. Un lugar en el que la vida, tenaz, se empeña en perpetuarse en ciclos inmutables sobre quien sea y pese a quien le pese. Un lugar cuyo mayor motivo de noticia es ser cuna de tormentas desde que se tiene memoria.


Una isla tierra adentro que poco a poco se va sepultando en el polvo y la ruina mientras retorna a la tierra y al cielo.


Allí encuentras valores perdidos por nuestra sociedad; que nada es lo bastante viejo para ser inútil, que siempre es posible volver a edificar lo destruido, que la tenacidad y la paciencia son herramientas mas poderosas a largo plazo que la prisa y el engreimiento.




Un día, junto a un camino, vi un tronco de madera roja y petrificada surgiendo de la arenisca fina y blanca de lo que un día fue una playa tropical en la que quedó varado allá por el Jurásico. Aquella noche vi los cielos intemporales y eternos que contemplan incluso a quien no los ve.




Ahí estaban todas aquellas cosas mucho antes de que nosotros llegásemos y permanecerán allí, impertérritas, hasta mucho después de que nos marchemos. De lo que se trata es de cuánto queremos permanecer junto a ellas.

martes, 3 de abril de 2012

La pequeña estrella del Cisne



Hace ya bastantes años, mas de once, publiqué mi último artículo en una revista. Se trataba de un artículo sobre astrofísica en la principal (hoy ya única) revista de astronomía amateur española, Tribuna de Astronomía (hoy rebautizada como AstronomíA). Corría el mes de noviembre del año 2000 (*). Algún día les tengo que contar esa breve y peculiar etapa de mi vida en la que me dediqué ocasionalmente a la literatura científica, pero ahora no viene al caso.

El tema es que el artículo en sí no era mas que la versión mas o menos resumida de un trabajo de investigación (básicamente bibliográfico) realizado para la asignatura de astrofísica durante mi licenciatura en Ciencias Físicas. Y versaba sobre los diferentes aspectos y cualidades de un estrella concreta, 61 Cygni.

Es curioso cómo se le puede tomar cariño a una estrella hasta el punto de tomarte como algo personal lo que pueda tener que ver con ella. Y no es la ñoñería ésa de bautizar estrellas previo pago del correspondiente precio a una empresa de muy dudosa reputación; en mi caso fue (es) como si aquella fuera de mi efectiva propiedad, o mejor aun, como una cierta forma de enamoramiento.


A simple vista no es mas que una humilde estrella apenas perceptible entre miríadas de otras en la constelación del Cisne. Para mas inri, en una zona directamente atravesada por la Vía Láctea, que acapara buena parte del protagonismo de la región. Por ahí cerca también está Deneb, uno de los tres vértices del conocido como "triángulo del verano" junto a Vega y Altair, y algo mas lejos Albireo, posiblemente la estrella doble mas hermosa del cielo septentrional.

También es una región excepcionalmente abundante en nebulosas de emisión, como NGC 7000, la Nebulosa de Norteamérica, o IC 5067, la Nebulosa del Pelícano, por poner solo dos ejemplos.
 

Pero el caso es que su aspecto es engañoso. En realidad es una estrella muy especial y con una gran importancia en la historia de la Astronomía. Fue la primera estrella de la que se conoció su distancia (aparte del Sol, claro) y una de las estrellas que mas rápidamente se mueven entre las demás (en desplazamiento aparente, en lo cual influye que es una vecina cercana de nuestro sistema); fue una de las primeras estrellas dobles conocidas y un serio candidato a poseer planetas a su alrededor, aunque hasta la fecha nunca se ha confirmado. Y también ha sido fuente de inspiración para la ciencia-ficción.

Echando la vista atrás, mi relación con 61 Cygni es como uno de esos amores de juventud, intensos e imposibles, que no se olvidan jamás. Cada detalle que descubría en ella me llenaba de gozo y asombro; poco a poco los datos fueron trazando una imagen tan nítida y vibrante de aquel sistema estelar que no me costaba nada viajar con la mente hasta allí y fantasear con los mundos extraños que las orbitarían.

Representa también el periodo mas intensamente intelectual que he vivido, un tiempo en el que soñé con ser astrofísico y hasta tracé mi área de interés (formación y evolución de estrellas de pequeña masa). No pudo ser, pero aun quedan rescoldos que lucen a la primera oportunidad.


Vista con telescopio, 61 Cygni es en realidad una pareja de estrellas, una anaranjada y la otra rojiza. No son un par muy apretado, lo que unido a su cercanía hace que en realidad sea bastante sencillo verlas separadas; con un buen objetivo de 100 mm de focal bastaría para desdoblarla en sus dos componentes (resolverla, en la jerga astronómica) aunque apenas a tres píxeles de centro a centro. Con el objetivo con el que está hecha esta foto (un 50 mm) no se llega a distinguir, de modo que tendría que probar con el 200 mm mas duplicador para lograr algo decente (12 píxeles de centro a centro, suficiente para que queden separadas).

Dudo que con esa foto ganase una APOD o conmoviese algún corazón. Pero aun así sería una foto importante para mi: el retrato de un amor platónico.
 

(*) El artículo en cuestión está disponible para quien tuviese curiosidad. No tienen mas que pedirlo.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Esplendor Conjuntivo



  Miren que soy de los que aprecian un buen estar a solas uno con el mundo, pero hay que reconocer que a veces dos es mejor que uno. Y cuanto mas juntitos mejor. Llámenlo amor, pasión, amistad, cooperación, solidaridad, compañía, ... O esplendor, como en este caso.


La especie humana empeñada en no mirar nunca para arriba (ni para adelante mucho mas allá de sus propias narices) y aun así el mundo nos regala estas joyas de luz pura y cegadora. Somos ricos y no nos damos cuenta ...





P.D.: He intentado explorar tres enfoque diferentes para retratar la efeméride; éxito dispar. Otros han sabido hacerlo mucho mas certeramente que yo: si no lo han hecho ya, no dejen de pasar a ver las visiones de Jordi Busqué (genial toma desde Panamá), Paco Elvira (y ésta), Jan Puerta (desde Chile), o Frikosal (y ésta, ambas de los días previos al evento).

domingo, 26 de febrero de 2012

El cazador y sus violentas pasiones


 Según la mitología griega, Orión era un cazador gigante. Hay numerosas versiones de su historia pero todas tienen un denominador común: es una triste historia de amor. De amor mezclado con celos y con obsesión. En unos casos sus amores eran con la diosa Artemis, en otros con Mérope, una de las Pléyades, y en otros con las Siete Hermanas en su conjunto. Incluso se cuenta que llegó a violar a Mérope, que acosó a sus hermanas y que murió a manos de Artemisa por maquinación de Apolo, celoso de la pasión de su hermana por el gigante. También anda por ahí un escorpión colosal con el que no se llevaba nada bien ...

 Pasiones candentes y destructoras. Lo que no va mal a una constelación tan radical, tan visceral, en belleza y secretos. Les cuento, de norte a sur.


 En la parte superior izquierda de la constelación se encuentra la brillante estrella Betelgeuse, una supergigante roja que en algún momento (en CUARQUIER momento) de los próximos mil a diezmil años estallará como supernova y se convertirá durante algunas semanas o meses en el fenómeno celeste mas memorable de todos los tiempos (o casi, todo va en gustos). Mas abajo (al sur) hay un grupo de tres magníficas estrellas azules casi perfectamente alineadas que se conocen como el Cinturón de Orión y cuyos evocadores nombres son Alnitak, Alnilam y Mintaka. Junto a la primera de ellas se encuentran las nebulosidades de NGC 2024, conocida como La Flama, IC 434 y B33, la famosa nebulosa Cabeza de Caballo.

 Mas abajo se haya otro grupo de estrellas alineadas, mas débiles, conocidas como la Espada de Orión, en donde se aloja la impresionante y archiconocida M42 o Nebulosa de Orión (a la que ya visité anteriormente), junto a M43 o Nebulosa de De Mairan. Constituyen uno de los criaderos de estrellas mas cercanos a la tierra y se encuentra en plena ebullición. Finalmente, en el extremo inferior derecho, la estrella Rigel que reina con elegancia y fría belleza, mientras oculta la verdad de su naturaleza triple.
 

 Todas estas eminencias cósmicas son visibles en mi fotografía y les pongo un mapa estelar extraído del Sky Atlas 2000.0 para que se ubiquen. Y lo mejor de todo es que también son visibles otros dos elementos mas sutiles, aunque hay que fijarse bien para verlos.

 A la derecha de Rigel, hay una nebulosa, IC 2118, conocida como Cabeza de Bruja por su siniestra silueta (si ven la imagen a toda resolución la podrán intuir con su pálida luz grisácea); la maldad tras el frío brillo del acero.

 Y a la izquierda, como un gran arco que envolviese la parte inferior de la constelación, el Bucle de Barnard, un enorme arco rojizo producto de la titánica explosión de una gran estrella hace dos millones de años y que hoy brilla aun producto de la ionización que sufre su materia por la intensa luz ultravioleta de las poderosas estrellas del Cinturón, hermanas supervivientes de aquel leviatán estelar. El ardiente recordatorio de la pasión destructora.

 De estas cosas nada sabían los griegos. Y sin embargo, qué hermoso paralelismo.

Y no me negarán ustedes que la foto me salió chula ¿no? ...

miércoles, 22 de febrero de 2012

El Rojo y el Azul


 En la última entrada del año pasado les prometí que una vez entrado el nuevo les mostraría el resultado de mis primeras experiencias en astrofotografía "en serio" (vamos; con orden, criterio y metodología). Y lo cierto es que hubiese preferido empezar por otra y reservarme ésta para el final, pero no he podido resistirme.


 Pero antes de nada les voy a introducir un poco.

 En los cielos de otoño e invierno, precediendo como un copero al gigante Orión, luce en todo su esplendor la pequeña joya celeste de las Pléyades. A ojo desnudo es un pequeño grupo de seis o siete estrellas (según la agudeza visual del observador) apiñadas en una superficie aparente que equivaldría mas o menos al doble de la de la Luna. Las Pléyades (o M45 en los catálogos astronómicos) técnicamente son lo que se conoce como "cúmulo abierto", una agrupación de estrellas físicamente ligadas y con origen común. En general se trata de estrellas muy jóvenes, a las que todavía no les ha dado tiempo a alejarse mucho de la matriz de gas y polvo de la que nacieron. Por eso suelen estar dominados por brillantes estrellas azules, cuyas cortas pero espléndidas vidas no les dejan llegar muy lejos como astros solitarios e independientes.
 A mí personalmente me parecen uno de los elementos mas espectaculares y hermosos del firmamento septentrional y siempre les he tenido un especial cariño.


Algo al Este de las Pléyades se encuentra una nebulosa de emisión, la NGC 1499, también conocida como la Nebulosa de California por recordar su forma la del estado del oeste de los EEUU. Es una región HII (lo que en la jerga significa que es una nebulosa que brilla por la emisión del hidrógeno ionizado), por lo que presenta un hermoso color rojo profundo o escarlata, y forma parte de un complejo mucho mas amplio de nubes moleculares, de las que no es mas que una sección expuesta a la intensa radiación ultravioleta de una gran estrella cercana, Menkib, de la constelación de Perseo (y que en la foto es la estrella azul brillante que está entre la nebulosa y las Pléyades, a 2/5 de la distancia entre ambas). Es como un hermoso velo rojo ondeando a la izquierda de las Siete Hermanas (nombre popular con el que en algunos lugares se conoce también a M45).


Juntas en una misma toma, M45 y NGC 1499 constituyen un precioso contraste de color y un objetivo sorprendentemente sencillo para la iniciación en astrofotografía con seguimiento. La mía, sin ir mas lejos está hecha con una focal de 50 mm a f:2,8 (si alguien está interesado en los datos técnicos completos no tiene mas que pedírmelo). Y es un primer intento ...

Saludos a todos y espero que la salud me deje actualizar el blog algo mas a menudo, porque llevo una racha ...


P.D.: He hecho un pequeño cambio de look al blog (por puro aburrimiento, no se crean), ya lo habrán notado, pero no termino de hacerme con las sutilezas del diseño en blogger y alguna chapucilla sin resolver mancilla el resultado. Espero que sepan perdonarlo ;)