A la espera de que seamos capaces de dejarles a nuestros hijos un mundo en el que aun se pueda soñar, el mío sueña con astronautas y cohetes que surcan el espacio sideral y trata de imaginar lo que son y lo que significan conceptos extraños y ajenos a la experiencia cotidiana como "planeta", "estrella" o "espacio".
Incluso la frontera entre su imaginación y el mundo real es difusa aun para él y eso le permite disfrutar sin sombra de la experiencia de flotar ingrávido y participar en maravillosas aventuras, de un modo que yo, como cualquier adulto, ya soy incapaz de disfrutar. Me asombro al darme cuenta de que él no goza del juego; goza de la vida, porque para él todo es real y le llena de satisfacción. Jugar y vivir son una misma cosa. Y, además, eso duplica el tiempo y el entorno en el que puede aprender cosas. Los niños aprenden cosas imaginando.
Por eso me parece detestable la obsesión por no dejar resquicio alguno de tiempo a los niños para jugar libremente, la obsesión por ocupar cada segundo de sus preciosas vidas en "hacer algo", en que ejerciten tal o cual habilidad, en "estimularlos precozmente" (atrozmente, digo yo).
Su medio entorno es infinitamente mas rico y estimulante que cualquier ejercicio o actividad que podamos proponerles, por muchos psicólogos y pedagogos que formen el equipo que lo desarrolló. Y si algo pudiera faltarle, para eso está su imaginación que lo complemente.
Además, perdemos de vista que su mente no es plana, que no ejercitan la psicomotricidad fina (pongamos por caso) en un momento, luego la inteligencia emocional y mas tarde las habilidades verbales. En realidad su mente no es lineal sino interactiva, sus habilidades se desarrollan por asociaciones y cuanto más rico y elástico es su medio mas y mas profundamente se articula su "árbol" de conocimientos. Siempre desarrollan sus habilidades en colectivo, en paralelo o incluso en oblicuo (transversalmente).
Tengo la sensación de que él aprende mucho mas en el parque o durante nuestros juegos con algo de plastelina y mucha imaginación, que en cualquier aula de guardería del mundo. Simplemente porque no tiene límites.
Él es el Navegante Azul.