Hace ya mucho que salió el Sol. Lo vi avanzar desde muy lejos tras los astros y esta vez no le precedió la bruma. Mal asunto; el mercurio se dispara nada mas verlo. El frescor dura un suspiro, vacila y huye después con prisa.

La mañana es tiempo de rutina, de calibrar instrumentos, de configurar aplicaciones, de informar, de predecir. Cuando estoy aquí dentro vivo en un mundo paralelo en el que las horas se refieren a un lugar lejano y semimítico llamado Greenwich, en el que los mediodías son a las 12:00 y no existe el horario de verano. Procuro olvidarlo y dejar que el ritmo me lo marquen el Sol o las estrellas, cada cual en su imperio.

Hacia las 11:00 UTC empiezan a atisbarse en la lejanía, hacia el sudeste, sobre la sierra, los pompones en desarrollo de unos grandes cúmulos. La acción conjunta del viento remontando la sierra y las altas temperaturas fuerzan las corrientes ascendentes que los crean y los arrastran. Si por allí queda alguno, los buitres estarán planeando montados sobre ellas.
Una hora más tarde los cúmulos se han convertido en un coloso: el cumulonimbo. Blanco como la nieve, nítido y opulento. Crece al ritmo que lo hace el sofocante calor. Y cuando se sienta invencible descargará con rabia su mar de granizo y su océano de lluvia.
Su cima llega alto, a mas de diezmil metros sobre la estepa circundante, y allí empieza a deshacerse en jirones que las altas y violentas corrientes desperdigan a sotavento. El tiempo pasa perezoso, el coloso se deshace. Por aquí no ha llovido ni lo hará.
La tarde transita y se marchita, aburrida de solemnidad. Queda certificar lo impepinable: el Sol se pone a las 19:37 UTC, ni un minuto antes ni un minuto después. Deja tras de sí un velo de nubes altas, de cirros, aviso de que mañana, de nuevo, jugará a modelar colosos de nieve.

Vuelven las estrellas, Venus sobre el horizonte, Marte a media altura, Saturno discreto algo mas atrás ( y también, en estos días, un cometa). Mas tarde se alzará Júpiter. Y yo estaré allí para observarlos, hora a hora, un ciclo completo.
El planeta Tierra ha concluido un nuevo giro sobre su eje.